A propósito del horizonte…

Como Ha de Ser el Samurai
Yamamoto Tsunemoto

Tengo la impresión de que los jóvenes Samurais de hoy en día se han fijado objetivos lamentablemente bajos. Tienen la mirada furtiva de los ladrones. La mayoría sólo busca su interés personal o hacer gala de su inteligencia. Incluso los que parecen tener el alma serena sólo muestran una fachada. Esta actitud no es conveniente. Un Samurai sólo lo es verdaderamente en la medida que no tiene otro deseo que morir rápidamente -y de volverse puro espíritu- ofreciendo su vida a su amo, en la medida donde su preocupación constante es el bienestar de su Daimyo, al que rinde cuentas continuamente, sin cesar, de la manera mediante la cual resuelve los problemas para consolidar las estructuras del dominio. De este modo, Daimyo y servidores deben estar determinados de la misma manera. Es indispensable que nadie, ni siquiera los dioses y los Budas, puedan haceros desviar de la meta fijada.

h4thx

Umbrío por la pena…
Miguel Hernández

Umbrío por la pena, casi bruno,
porque la pena tizna cuando estalla,
donde yo no me hallo no se halla
hombre más apenado que ninguno.

Sobre la pena duermo solo y uno,
pena es mi paz y pena mi batalla,
perro que ni me deja ni se calla,
siempre a su dueño fiel, pero importuno.

Cardos y penas llevo por corona,
cardos y penas siembran sus leopardos
y no me dejan bueno hueso alguno.

No podrá con la pena mi persona
rodeada de penas y cardos:
¡cuánto penar para morirse uno!

Holocausto optimista
Otto René Castillo

¡Qué terrible mi tiempo!
Y sin embargo, fue mi tiempo.
No lo impuse yo, tan sólo
me tocó hundir mis pasos
en su vientre
y caminar con el fango
hasta el alma,
llenarme la cara de lodo,
entubiarme la pupila
con el agua sucia
y marchar
hacia la orilla futura
dejando una huella
horripilante
que hederá
para todos los tiempos.
Y sin embargo, fue mi tiempo.
Pustolento. Perruno. Horrendo.
Creado por el lobo, en verdad.
Sufrido por el hombre, a verdad.
Destruido con odio y muerte
en nombre del amor y la vida.
¡Qué terrible mi tiempo!
Y sin embargo, fue mi tiempo.
Hombres del futuro, cuando
penséis en nuestro tiempo,
no penséis en los hombres,
pensad en las bestias
que fuimos mordiéndonos
a dentelladas homicidas
los pedazos de alma
que tuvimos,
pero pensad también
que en este combate
entre animales
se murieron las bestias
para todos los siglos
y nació el hombre,
lo único bueno de mi tiempo.
Y que en medio de todo,
algunos vimos,
llenos de telarañas
y de polvo genésico,
cómo el hombre
fue venciendo a la bestia.
Y cómo el futuro
se acercaba
con una estrella
en los cabellos,
cuando moría
la bestia
bajo el peso
del hombre.

desaparecidos
Mario Benedetti

están en algun sitio / concertados
desconcertados / sordos,
buscándose / buscándonos
bloqueados por los signos y las dudas
contemplando las verjas de las plazas
los timbres de las puertas / las viejas azoteas
ordenando sus sueños, sus olvidos
quizá convalecientes de su muerte privada

nadie les ha explicado con certeza
si ya se fueron o si no
si son pancartas o temblores
sobrevivientes o responsos

ven pasar árboles y pájaros
e ignoran a qué sombra pertenecen

cuando empezaron a desaparecer
hace tres cinco, siete ceremonias
a desaparecer como sin sangre
como sin rostro, y sin motivo
vieron por la ventana de su ausencia
lo que quedaba atrás / ese andamiaje
de abrazos cielo y humo

cuando empezaron a desaparecer
como el oasis en los espejismos
a desaparecer sin últimas palabras
tenían en sus manos los trocitos
de cosas que querían

están en algún sitio / nube o tumba
están en algún sitio / estoy seguro
allá en el sur del alma
es posible que hayan extraviado la brújula
y hoy, vaguen preguntando preguntando
dónde carajo queda el buen amor
porque vienen del odio

h3thx-1138-1970-09-g-810x544

El que canta… (mi ciudad está loca)
Alejandro Aura

Mi ciudad está loca,
a veces tiene calor y a veces tiene frío–
nosotros sabemos bien lo que se dice a cada hora–
a veces tiene calor y a veces tiene frío
entre la mañana y la tarde–
¿por qué no hablar del clima?
a veces es premonitorio un buenos días–
entre la tarde y la madrugada.
Y alguien que la retrata–
a mi ciudad en seco, sin augurios–
y ella que coquetea.
Mi ciudad está loca, de deveras.

Tiene tedio–
pero mi ciudad tiene mercados y avenidas,
huellas de muchos que nunca se marcaron,
trato humano aunque comercio
donde todos caemos y a veces levantamos–
tiene tedio (¿o soy yo,
que estoy juzgando parcialmente?)–
tiene parques y flores
y crímenes y criminales
donde el hombre de ciudad se mira y desahoga–
no mataré becerro nunca
porque becerro que alcanzo es muerto y despellejado–.
Tienen los mercados frutas y verduras–
tiene tedio, mi ciudad
tiene tedio
y yo con ella.

 

La Caña
D.P. (versión de Chuchumbé)

Mi padre fue cultivando la tierra a cada minuto
y la tierra le fue dando cariño calor y fruto
caña dulce caña brava
caña de azucar prendida
que yo soy como la caña que va endulzando la vida
Caña dulce caña brava
que yo soy como la caña que crece en la inmensidad

Morena tierra sembrada por la injusticia el dolor
mirando el sol acostada del pueblo trabajador
eres el surco mojada del pueblo trabajador
caña dulce caña brava
que yo soy como la caña al pie de una serranía
caña dulce caña brava
que yo soy como la caña que crece en la inmensidad.

El cortador con su mocha tumba el filo del crisol
la magia que se derrocha en la tierra del furor
caña dulce caña brava
que yo soy como la caña pues nunca me moriré
caña dulce caña brava
que yo soy como la caña que crece en la inmensidad.

Hermano si te has perdido dentro de la cañalera
lanza en el aire una espiga que te sirva de bandera
caña dulce caña brava
que yo soy como la caña que me queman y no muero
caña dulce caña brava
que yo soy como la caña que crece en la inmensidad

Epitafio
Elías Nandino

Descansa en la entraña oscura
de este lugar, lo que fue
el cuerpo en que consumé
mi terrenal aventura.
Deshecho en la sepultura
soy polvo -tierra vencida
y bajo tierra escondida-;
mas en ese polvo quieto
no está mi cuerpo completo,
su corazón, lo di en vida.

Soy tierra, tierra transida,
desnudez de polvo muerto
polvo por polvo cubierto,
desdibujo de una vida.
Difunta tierra escondida
dentro de una fosa oscura
donde espera y se depura
para subir -por raíces,
savias, flores y matices-
a reanudar su aventura.

En la soledad oscura
de los párpados cerrados
de este pozo, están guardados
los restos de mi figura.
Es todo lo que perdura
de mi carne enardecida
que, por arder sin medida,
expiró y me dio la suerte
de no morir de mi muerte
A mí me mató la vida.

h1thx_1138-2

La noche nuestra interminable
José Emilio Pacheco

Mis paginitas, ángel de mi guarda, fe
de las niñeces antiquísimas,
no pueden, no hacen peso en la balanza,
contra el horror creciente de este mundo.
Cuántos desastres ya he sobrevivido,
cuántos amigos muertos, cuánto dolor
en la noche insondable de la tortura.

Y yo qué hago y yo qué puedo hacer.
Me duele tanto el sufrimiento de otros y apenas
intento conjurarlo por un segundo con estas hojitas
que no leerán los aludidos, los muertos ni los pobres
ni tampoco /la muchacha martirizada. Cuál Dios
podría mostrarse indiferente
a esta explosión, a esta invasión del infierno.
Y dónde yace la esperanza, de dónde
va a levantarse el día que se sepulte
la noche nuestra interminable doliendo.

Hoy es siempre…

José de Jesús “Chuchú” Martínez

Hoy es siempre. Hoy estoy vivo para siempre.
En un trago de agua me bebo todas las aguas.
En una sola sonrisa soy feliz.
En unas pocas horas de esta tarde altísima
todo lo sé, todo lo soy, lo respiro todo
de una sola aspirada pero de punta a punta.

Y algún día hoy estará muerto para siempre,
en esta misma tarde ya caída
y juzgado con la misma vara,
con la misma medida y con la misma hondura
que estoy viviendo en esta tarde para siempre.

 

La guerra es parte de la vida…
Lena Noltelius

La guerra es parte de la vida.
La historia lo dice.
El presente lo comprueba.
Entonces, ¿somos lobos o borregos?
¿Yo? Yo soy la luna, cabrones.

h5thx

Desvelos ajenos.

DEFINICIONES.
Martha Viviana Estrada Chavez.

Cuando tenía como cuatro años de edad, pensaba que el amor era cuando mamá dejaba el pan más sabroso a papá, y al final él terminaba compartiéndolo.
A los siete años de vida, pensé que eso del amor tenía algo que ver con esa sensación de querer llorar en el sepelio de María José, una amiga de infancia.
Luego, a mis nueve años, pensaba que el amor era cuando mi hermano mayor sacrificaba su beca para comprarme esos zapatos que tanto quería, o cuando mi hermano mediano me llevaba a hacer ejercicio con él y jugaba fútbol conmigo sin importarle que fuera niña.
Ya para mis cortos doce años, sabía que el amor era mas complejo, que involucraba varios pensamientos, pero sobre todo muchas emociones. Sí, ese que suelo llamar el innombrable, NO fue nunca mi gran amor, sólo fue el principio de las decepciones, fue mi primer gran decepción.
Pasaban los años, conocía personas, descubría pensamientos, experimentaba emociones y hasta conocí algunas adicciones, sabía que todo lo que había experimentado años atrás alguna relación tenía con ese ente llamado amor, pero sólo me quedaba claro cuando llegaba a casa y veía en mis padres una sensación de agrado, de alivio, de confianza, por qué no, de alegría.
Más o menos como a los veinte años de mi vida, por alguna rara coincidencia llegó usted, de una forma tan extraña como catastrófica, pues entre más lo conocía, más se sacudían mis pensamientos y se alborotaba mi espíritu. No sabía que estaba pasando, pero lo necesitaba, sus palabras, su poesía, su canto, su piel, cuanto necesitaba, como ahora, su piel.
Qué pasaba, por qué su ausencia me fulminaba, y su presencia también…
Por qué me sentía como dopada cuando descargaba su tibio aliento sobre mi ausente cuerpo. iAmor! A mis veintiuno pensé que eso era amor.
A los veintitrés, ese “amor” me llevó hasta sus brazos, para conjugarme con usted en largas noches de risas, de juegos y de debates. El amor para entonces ya no era una definición, ni mucho menos, mi definición, ese amor era nuestro, era lenguaje diario, era alimento nocturno, era nuestro mayor motivo de vida…
Llegaron momentos cumbres, cuando ese ente llamado amor se nos volvió tangible y (literalmente) crecía dentro de mí, nuestro amor, semilla en la tierra, se volvió frutos, ahora tienen un nombre y llevan nuestros apellidos y hasta un número de registro tienen. Comprendí entonces qué era ese ente y se me ha negado explicarlo en palabras mundanas hasta a mis hijas, sólo se me ha permitido proliferarlo.
Pero ahora, por favor explíqueme señor mio, qué es la soledad, presiento que voy a tardar otros veintitantos años en esta maldita definición, porque aunque me encantaría su respuesta, sé que en esto de las definiciones otra vez estoy sola, pues si bien recibí su mensaje, para usted deje de existir.
P. D. No se moleste por mis modos de hacerme entender, usted sabe que soy mujer de letras, usted sabe que gusto de buenos modales y de un espíritu mortalmente elegante, no me place ser convencional y no me place ser una más.
Le amé, lo amo y lo amaré a pesar de que usted me haya eliminado de su mundo, en el mío, en el de mis hijas que son las suyas sigo existiendo.
 Inopportune por Cai Guo-QuiangInoportuno de Cai Guo-Quiang
 .

Digo que yo no soy un hombre puro
Nicolás Guillén

Yo no voy a decirte que soy un hombre puro.
Entre otras cosas
falta saber si es que lo puro existe.
O si es, pongamos, necesario.
O posible.
O si sabe bien.
¿Acaso has tú probado el agua químicamente pura,
el agua de laboratorio,
sin un grano de tierra o de estiércol,
sin el pequeño excremento de un pájaro,
el agua hecha no más de oxígeno e hidrógeno?
¡Puah!, qué porquería.

Yo no te digo pues que soy un hombre puro,
yo no te digo eso, sino todo lo contrario.
Que amo (a las mujeres, naturalmente,
pues mi amor puede decir su nombre),
y me gusta comer carne de puerco con papas,
y garbanzos y chorizos, y
huevos, pollos, carneros, pavos,
pescados y mariscos,
y bebo ron y cerveza y aguardiente y vino,
y fornico (incluso con el estómago lleno).
Soy impuro ¿qué quieres que te diga?
Completamente impuro.
Sin embargo,
creo que hay muchas cosas puras en el mundo
que no son más que pura mierda.
Por ejemplo, la pureza del virgo nonagenario.
La pureza de los novios que se masturban
en vez de acostarse juntos en una posada.
La pureza de los colegios de internado, donde
abre sus flores de semen provisional
la fauna pederasta.
La pureza de los clérigos.
La pureza de los académicos.
La pureza de los gramáticos.
La pureza de los que aseguran
que hay que ser puros, puros, puros.
La pureza de los que nunca tuvieron blenorragia.
La pureza de la mujer que nunca lamió un glande.
La pureza del que nunca succionó un clítoris.
La pureza de la que nunca parió.
La pureza del que no engendró nunca.
La pureza del que se da golpes en el pecho, y
dice santo, santo, santo,
cuando es un diablo, diablo, diablo.
En fin, la pureza
de quien no llegó a ser lo suficientemente impuro
para saber qué cosa es la pureza.

Punto, fecha y firma.
Así lo dejo escrito.

 

CANCIÓN DE LA VIDA PROFUNDA
Porfirio Barba Jacob

El hombre es una cosa vana, variable y ondeante… (Montaigne)

Hay días en que somos tan móviles, tan móviles,
como las leves briznas al viento y al azar.
Tal vez bajo otro cielo la Gloria nos sonríe.
La vida es clara, undívaga, y abierta como un mar.

Y hay días en que somos tan fértiles, tan fértiles,
como en abril el campo, que tiembla de pasión:
bajo el influjo próvido de espirituales lluvias,
el alma está brotando florestas de ilusión.

Y hay días en que somos tan sórdidos, tan sórdidos,
como la entraña obscura de oscuro pedernal:
la noche nos sorprende, con sus profusas lámparas,
en rútiles monedas tasando el Bien y el Mal.

Y hay días en que somos tan plácidos, tan plácidos…
(¡niñez en el crepúsculo! ¡Lagunas de zafir!)
que un verso, un trino, un monte, un pájaro que cruza,
y hasta las propias penas nos hacen sonreír.

Y hay días en que somos tan lúbricos, tan lúbricos,
que nos depara en vano su carne la mujer:
tras de ceñir un talle y acariciar un seno,
la redondez de un fruto nos vuelve a estremecer.

Y hay días en que somos tan lúgubres, tan lúgubres,
como en las noches lúgubres el llanto del pinar.
El alma gime entonces bajo el dolor del mundo,
y acaso ni Dios mismo nos puede consolar.

Mas hay también ¡Oh Tierra! un día… un día… un día…
en que levamos anclas para jamás volver…
Un día en que discurren vientos ineluctables
¡un día en que ya nadie nos puede retener!

Head on

“Head on” de Cai Guo-Qiang

 

DATO BIOGRÁFICO
Ángel González

Cuando estoy en Madrid,
las cucarachas de mi casa protestan porque leo por las noches.
La luz no las anima a salir de sus escondrijos,
y pierden de ese modo la oportunidad de pasearse por
mi dormitorio,
lugar hacia el que

—por oscuras razones—
se sienten irresistiblemente atraídas.
Ahora hablan de presentar un escrito de queja
al presidente de la república,
y yo me pregunto:
¿en qué país se creerán que viven?;
estas cucarachas no leen los periódicos.

Lo que a ellas les gusta es que yo me emborrache
y baile tangos hasta la madrugada,
para así practicar sin riesgo alguno
su merodeo incesante y sin sentido, a ciegas
por las anchas baldosas de mi alcoba.

A veces las complazco,
no porque tenga en cuenta sus deseos,
sino porque me siento irresistiblemente atraído,
por oscuras razones,
hacia ciertos lugares muy mal iluminados
en los que me demoro sin plan preconcebido
hasta que el sol naciente anuncia un nuevo día.

Ya de regreso en casa,
cuando me cruzo por el pasillo con sus pequeños
cuerpos que se evaden
con torpeza y con miedo
hacia las grietas sombrías donde moran,

les deseo buenas noches a destiempo
—pero de corazón, sinceramente—,
reconociendo en mí su incertidumbre,
su inoportunidad,
su fotofobia,
y otras muchas tendencias y actitudes
que-lamento decirlo-
hablan poco en favor de esos ortópteros.

 

Es absolutamente necesario…
Ana Elena Pena

Es absolutamente necesario suicidarse cada cierto tiempo.
Huir de uno mismo,
perderse,
levitar,
ayunar,
sentir el cuerpo vacío, agotado, dolorido.
Mudar la piel,
beber,
vomitar,
tocar fondo, follar con desesperación, y luego no recordar nada.

Estar ausente de todo.

Para después, aferrarse de nuevo a la vida. Reencontrarse.
Vestir colores pastel, andar a paso ligero y sonreír a los vecinos
cuando te saludan en la escalera.

-¿Qué tal estás preciosa?
-Jodidamente bien, gracias.

Project for Hiroshima - Cai Guo-Qiang

Project for Hiroshima – Cai Guo-Qiang

 

Golgotha Is a Mountain
Arna Bontemps

Golgotha is a mountain, a purple mound
Almost out of sight.
One night they hanged two thieves there,
And another man.
Some women wept heavily that night;
Their tears are flowing still. They have made a river;
Once it covered me.
Then the people went away and left Golgotha
Deserted.
Oh, I’ve seen many mountains:
Pale purple mountains melting in the evening mists and blurring on the borders of the sky.

I climbed old Shasta and chilled my hands in its summer snows.
I rested in the shadow of Popocatepetl and it whispered to me of daring prowess.
I looked upon the Pyrenees and felt the zest of warm exotic nights.
I slept at the foot of Fujiyama and dreamed of legend and of death.
And I’ve seen other mountains rising from the wistful moors like the breasts of a slender maiden.
Who knows the mystery of mountains!
Some of them are awful, others are just lonely.

Italy has its Rome and California has San Francisco,
All covered with mountains.
Some think these mountains grew
Like ant hills
Or sand dunes.
That might be so —
I wonder what started them all!
Babylon is a mountain
And so is Nineveh,
With grass growing on them;
Palaces and hanging gardens started them.
I wonder what is under the hills
In Mexico
And Japan!
There are mountains in Africa too.
Treasure is buried there:
Gold and precious stones
And moulded glory.
Lush grass is growing there
Sinking before the wind.
Black men are bowing.
Naked in that grass
Digging with their fingers.
I am one of them:
Those mountains should be ours.
It would be great
To touch the pieces of glory with our hands.
These mute unhappy hills,
Bowed down with broken backs,
Speak often one to another:
” A day is as a year, ” they cry,
” And a thousand years as one day. ”
We watched the caravan
That bore our queen to the courts of Solomon;
And when the first slave traders came
We bowed our heads.
” Oh, Brothers, it is not long!
Dust shall yet devour the stones
But we shall be here when they are gone. ”
Mountains are rising all around me.
Some are so small they are not seen;
Others are large.
All of them get big in time and people forget
What started them at first.
Oh the world is covered with mountains!
Beneath each one there is something buried:
Some pile of wreckage that started it there.
Mountains are lonely and some are awful.

One day I will crumble.
They’ll cover my heap with dirt and that will make a mountain.
I think it will be Golgotha.

 

Cai Quo-Qiang. Sunshine and Solitude

Sunshine and Solitude de Cai Guo-Qiang