A propósito del horizonte…

Como Ha de Ser el Samurai
Yamamoto Tsunemoto

Tengo la impresión de que los jóvenes Samurais de hoy en día se han fijado objetivos lamentablemente bajos. Tienen la mirada furtiva de los ladrones. La mayoría sólo busca su interés personal o hacer gala de su inteligencia. Incluso los que parecen tener el alma serena sólo muestran una fachada. Esta actitud no es conveniente. Un Samurai sólo lo es verdaderamente en la medida que no tiene otro deseo que morir rápidamente -y de volverse puro espíritu- ofreciendo su vida a su amo, en la medida donde su preocupación constante es el bienestar de su Daimyo, al que rinde cuentas continuamente, sin cesar, de la manera mediante la cual resuelve los problemas para consolidar las estructuras del dominio. De este modo, Daimyo y servidores deben estar determinados de la misma manera. Es indispensable que nadie, ni siquiera los dioses y los Budas, puedan haceros desviar de la meta fijada.

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Umbrío por la pena…
Miguel Hernández

Umbrío por la pena, casi bruno,
porque la pena tizna cuando estalla,
donde yo no me hallo no se halla
hombre más apenado que ninguno.

Sobre la pena duermo solo y uno,
pena es mi paz y pena mi batalla,
perro que ni me deja ni se calla,
siempre a su dueño fiel, pero importuno.

Cardos y penas llevo por corona,
cardos y penas siembran sus leopardos
y no me dejan bueno hueso alguno.

No podrá con la pena mi persona
rodeada de penas y cardos:
¡cuánto penar para morirse uno!

Holocausto optimista
Otto René Castillo

¡Qué terrible mi tiempo!
Y sin embargo, fue mi tiempo.
No lo impuse yo, tan sólo
me tocó hundir mis pasos
en su vientre
y caminar con el fango
hasta el alma,
llenarme la cara de lodo,
entubiarme la pupila
con el agua sucia
y marchar
hacia la orilla futura
dejando una huella
horripilante
que hederá
para todos los tiempos.
Y sin embargo, fue mi tiempo.
Pustolento. Perruno. Horrendo.
Creado por el lobo, en verdad.
Sufrido por el hombre, a verdad.
Destruido con odio y muerte
en nombre del amor y la vida.
¡Qué terrible mi tiempo!
Y sin embargo, fue mi tiempo.
Hombres del futuro, cuando
penséis en nuestro tiempo,
no penséis en los hombres,
pensad en las bestias
que fuimos mordiéndonos
a dentelladas homicidas
los pedazos de alma
que tuvimos,
pero pensad también
que en este combate
entre animales
se murieron las bestias
para todos los siglos
y nació el hombre,
lo único bueno de mi tiempo.
Y que en medio de todo,
algunos vimos,
llenos de telarañas
y de polvo genésico,
cómo el hombre
fue venciendo a la bestia.
Y cómo el futuro
se acercaba
con una estrella
en los cabellos,
cuando moría
la bestia
bajo el peso
del hombre.

desaparecidos
Mario Benedetti

están en algun sitio / concertados
desconcertados / sordos,
buscándose / buscándonos
bloqueados por los signos y las dudas
contemplando las verjas de las plazas
los timbres de las puertas / las viejas azoteas
ordenando sus sueños, sus olvidos
quizá convalecientes de su muerte privada

nadie les ha explicado con certeza
si ya se fueron o si no
si son pancartas o temblores
sobrevivientes o responsos

ven pasar árboles y pájaros
e ignoran a qué sombra pertenecen

cuando empezaron a desaparecer
hace tres cinco, siete ceremonias
a desaparecer como sin sangre
como sin rostro, y sin motivo
vieron por la ventana de su ausencia
lo que quedaba atrás / ese andamiaje
de abrazos cielo y humo

cuando empezaron a desaparecer
como el oasis en los espejismos
a desaparecer sin últimas palabras
tenían en sus manos los trocitos
de cosas que querían

están en algún sitio / nube o tumba
están en algún sitio / estoy seguro
allá en el sur del alma
es posible que hayan extraviado la brújula
y hoy, vaguen preguntando preguntando
dónde carajo queda el buen amor
porque vienen del odio

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El que canta… (mi ciudad está loca)
Alejandro Aura

Mi ciudad está loca,
a veces tiene calor y a veces tiene frío–
nosotros sabemos bien lo que se dice a cada hora–
a veces tiene calor y a veces tiene frío
entre la mañana y la tarde–
¿por qué no hablar del clima?
a veces es premonitorio un buenos días–
entre la tarde y la madrugada.
Y alguien que la retrata–
a mi ciudad en seco, sin augurios–
y ella que coquetea.
Mi ciudad está loca, de deveras.

Tiene tedio–
pero mi ciudad tiene mercados y avenidas,
huellas de muchos que nunca se marcaron,
trato humano aunque comercio
donde todos caemos y a veces levantamos–
tiene tedio (¿o soy yo,
que estoy juzgando parcialmente?)–
tiene parques y flores
y crímenes y criminales
donde el hombre de ciudad se mira y desahoga–
no mataré becerro nunca
porque becerro que alcanzo es muerto y despellejado–.
Tienen los mercados frutas y verduras–
tiene tedio, mi ciudad
tiene tedio
y yo con ella.

 

La Caña
D.P. (versión de Chuchumbé)

Mi padre fue cultivando la tierra a cada minuto
y la tierra le fue dando cariño calor y fruto
caña dulce caña brava
caña de azucar prendida
que yo soy como la caña que va endulzando la vida
Caña dulce caña brava
que yo soy como la caña que crece en la inmensidad

Morena tierra sembrada por la injusticia el dolor
mirando el sol acostada del pueblo trabajador
eres el surco mojada del pueblo trabajador
caña dulce caña brava
que yo soy como la caña al pie de una serranía
caña dulce caña brava
que yo soy como la caña que crece en la inmensidad.

El cortador con su mocha tumba el filo del crisol
la magia que se derrocha en la tierra del furor
caña dulce caña brava
que yo soy como la caña pues nunca me moriré
caña dulce caña brava
que yo soy como la caña que crece en la inmensidad.

Hermano si te has perdido dentro de la cañalera
lanza en el aire una espiga que te sirva de bandera
caña dulce caña brava
que yo soy como la caña que me queman y no muero
caña dulce caña brava
que yo soy como la caña que crece en la inmensidad

Epitafio
Elías Nandino

Descansa en la entraña oscura
de este lugar, lo que fue
el cuerpo en que consumé
mi terrenal aventura.
Deshecho en la sepultura
soy polvo -tierra vencida
y bajo tierra escondida-;
mas en ese polvo quieto
no está mi cuerpo completo,
su corazón, lo di en vida.

Soy tierra, tierra transida,
desnudez de polvo muerto
polvo por polvo cubierto,
desdibujo de una vida.
Difunta tierra escondida
dentro de una fosa oscura
donde espera y se depura
para subir -por raíces,
savias, flores y matices-
a reanudar su aventura.

En la soledad oscura
de los párpados cerrados
de este pozo, están guardados
los restos de mi figura.
Es todo lo que perdura
de mi carne enardecida
que, por arder sin medida,
expiró y me dio la suerte
de no morir de mi muerte
A mí me mató la vida.

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La noche nuestra interminable
José Emilio Pacheco

Mis paginitas, ángel de mi guarda, fe
de las niñeces antiquísimas,
no pueden, no hacen peso en la balanza,
contra el horror creciente de este mundo.
Cuántos desastres ya he sobrevivido,
cuántos amigos muertos, cuánto dolor
en la noche insondable de la tortura.

Y yo qué hago y yo qué puedo hacer.
Me duele tanto el sufrimiento de otros y apenas
intento conjurarlo por un segundo con estas hojitas
que no leerán los aludidos, los muertos ni los pobres
ni tampoco /la muchacha martirizada. Cuál Dios
podría mostrarse indiferente
a esta explosión, a esta invasión del infierno.
Y dónde yace la esperanza, de dónde
va a levantarse el día que se sepulte
la noche nuestra interminable doliendo.

Hoy es siempre…

José de Jesús “Chuchú” Martínez

Hoy es siempre. Hoy estoy vivo para siempre.
En un trago de agua me bebo todas las aguas.
En una sola sonrisa soy feliz.
En unas pocas horas de esta tarde altísima
todo lo sé, todo lo soy, lo respiro todo
de una sola aspirada pero de punta a punta.

Y algún día hoy estará muerto para siempre,
en esta misma tarde ya caída
y juzgado con la misma vara,
con la misma medida y con la misma hondura
que estoy viviendo en esta tarde para siempre.

 

La guerra es parte de la vida…
Lena Noltelius

La guerra es parte de la vida.
La historia lo dice.
El presente lo comprueba.
Entonces, ¿somos lobos o borregos?
¿Yo? Yo soy la luna, cabrones.

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Canciones para las derrotas

Milonga para una niña interpretada por Gustavo Pena “El príncipe”
Original de Alfredo Zitarrosa

Tetabiate en el exilio*
Miguel Manríquez

volverás en tu corcel
para recuperar esa piedra rodante
                   piedra de piedra
                   piedra de Alonso
                   piedra de luz y vidrio
porque caíste en el abismo
y necesitas el retorno      el barro y el agua
para que al caminar entre las ruinas
comprendas que naciste
y jamás
jamás
volverás a pisar la hierba trémula y helada
ni beberás el imantado vino
ni rayarás la madera tierna
ni sentirás el fuego primero en los hombros
los rumores milenarios no te detendrán
porque a pesar del verdor conocido y rezumante
no encontrarás pirámides o cabezas
sólo esa torreta metálica y ciega
         y aturdida por el viento
con el desierto en los párpados frágiles y cansados
pastarás en cabellos combados por la lluvia
vivirás en senos puntiagudos que te arrancarán
        los recuerdos olvidados
porque el capomo ya no existe para ti
y tu especie desapareció en el olor del ajo
ni siquiera
las campanas de musgo
te recuperarán
y ya perdido
en el zumbar de los motores
        murmullos ajenos
olvidarás las carbonizadas raíces
el sol brillante y lúcido en las pupilas
y los olores aquellos que llegan hasta el fondo
       -en la tierra depredada: el aguijón en la garganta
en la orilla del horizonte
el no regreso
el no escape de tu flor ancestral
porque el tacto inamovible
       -ese tacto-
te conduce hasta la muerte
                  hasta los arroyos dispersos
y las líneas
-líneas de alas-
son lo único que permanece
de aquella imagen entre las ruinas
con la mirada victoriosa
pero hoy
has perdido las batallas y la guerra
y regresas
con aliento húmedo    fétido y cansado
a tu cueva
a tu tótem
a la imagen frente al espejo
y te encuentras
con un jinete de cota sangrienta y destrozada
y la espada rota
sin escudo
sin insignia
        centauro desamparado
regresas a perderte
entre los desterrados
que recuerdan capomos en flor
a cada primavera
y de nuevo
salen a combatir
alucinados por el sabor de la próxima derrota.

*Tetabiate, que significa “piedra rodante” en Yaqui o Yoeme, fue el nombre que adoptó  Juan Maldonado Waswechia Beltran (n. 28 Agos 1857 – m. 9 Julio 1901). En 1887, a la muerte de José María Bonifacio Leyva Peres “Cajemé”, tomó el liderazgo de la guerra Yaqui contra el gobierno de Porfirio Díaz manteniendo una exitosa campaña guerrillera que terminó diez años después con la firma de la paz de Estación Ortíz. Se volvió a levantar en armas en 1899 y murió asesinado por su antiguo lugarteniente, Loreto Villa, en la sierra de Bacatete, Sonora.

Sin título
Miguel Manríquez

hay gente que oye hablar
de cuba libre
y creen que es una bebida
de ortega y gasset
y creen que eran muy amigos
porque siempre aparecen juntos
de literatura hispanoamericana
y creen que es españa y américa
de nicaragua y sandino
y creen que es una serie de televisión
espero que no confundan la sangre inocente
con un blody mery.

Milo Manara - El asno de oro (adaptación de La Metamorfósis de Alpuleyo)

Milo Manara – El asno de oro (adaptación de La Metamorfósis de Alpuleyo)

Sin título
Álvaro Quijano

Es mi mano la que apaga la luz
y penetrante se hunde en tu cabello
(ondulante tendencia inconclusa),
que me señala el camino hacia tu espalda,
hacia tu ascendente cuello
o hacia tu boca que me llama y me lleva.

Sin mis manos dos manos que tocan
         y van descubriendo lentamente
tu piel y el agua de tus sueños,
tus hombros que son las primeras manzanas
que yo he de morder tiernamente.
Y bajan desde tu cuello,
espiral inclinada,
        a uno y a otro lado
con el movimiento discontinuo
        del árbol y del viento,
y van
        hasta el principio de tus senos
apenas perceptibles prominencias orográficas.

Es mi mano
                que gira sus rumbos y los recomienza
y llega siempre a tu ombligo
y allí se detiene
como quien mira la distancia recorrida,
       se asoma a la vertiente
y se precipita mi mano, entonces,
por el camino despejado de tu vientre
       hasta llegar
a tu instinto de hiedra,
de flores sueltas,
y de labios como rosas.

 

Sin título
Álvaro Quijano

Desde que me separé de tí
(estabas llena de flores en el pelo
o al menos eso creí ver)
la muerte ha ocupado mis pensamientos.
Me parece que también tiene
unas flores en las manos
(pero azules y negras)
y canta en voz baja
una canción que no me atrevo a reconocer.

Desde que te fuiste
la muerte baila
Y tiene las flores en sus manos
(ya no puedo escribir sonetos
entre otras cosas,
ni dibujar)

Hace frío,
la noche es larga,
y el sol
es un aviso interrumpido
de las cosas que me rodean.

La muerte sigue danzando
aunque sea de día.
Me acerco a decirle algo,
tal vez a agradecerle su visita
y prometerle que en otra ocasión
estaré con ella

-Disculpa, por el momento
tengo otras cosas que hacer-.
Al escucharme,
atenta y respetuosa,
deja de bailar
y desaparece.
Veo, sin embargo,
que ha dejado en mis manos
las flores azules y negras
y sé que algún día vendrá por ellas.

Desde que te fuiste
la muerte quiere enamorarme.

Milo Manara - Pentiti!

Milo Manara – Pentiti!

Lección del árbol
José de Jesús Chuchú Martínez

Tú, que te nutres, árbol, de la tierra
llena de amargas sombras y de muertos
tienes el pelo verde, de esperanza,
y alzas los brazos saludando al cielo.
Yo, sin embargo, que me nutren nubes
y esperanzas y pájaros y sueño,
y que huyo de la tierra y sus gusanos,
siempre miro hacia abajo, y tengo el pelo
más negro que la noche y más amargo,
por más que es luz y cielo mi aliento.
Tú estás plantado, eres feliz así,
y así bailas y cantas con el viento
y resistes las grandes tempestades.
Inmutable, seguro, satisfecho,
eres de y en tu patria. Yo soy huésped
hasta en mi casa, hasta en mi propio cuerpo,
y ni bailo ni canto, y si camino
es porque busco qué buscar de cierto
cayéndome a menudo en las tinieblas
tal un inválido indeciso y ciego
al que le falta Dios como una pierna.
Débil apoyo aunque en extremo bello
hacen las nubes a los hombres fáciles
de caer, de morir de desconsuelo.
¡Oh, cuánto diera yo por un bastón,
por una dura fe como tu cuerpo!
A ti te riega el agua, tibia apenas,
y hasta te llueve sin amparo el hielo,
y das frutos sabrosos, y das flores.
A mí el sudor y lágrimas de fuego
me llueven en la carne y en el alma
y crezco en uñas nada más, y crezco
en versos que no sirven para nada,
y en niños epilépticos y en pelos.
Aun derribado por el hacha o rayo
tú sigues siendo útil en invierno
cuando calientas el hogar del pobre.
Yo, sin embargo, ni después de muerto
seré otra cosa que un abono para
esa hierba que crece en cementerios
y que no se la comen ni las cabras
porque posiblemente sea veneno.
Antes que eso suceda imitaré
tu único amor por este suelo nuestro
que algo debe tener de bueno y dulce
para que el mar, en olas y de lejos,
venga en lengua a lamerlo, desdentado.
salpicando saliva, como un perro
sediento, amargo, y sin creer en Dios.
También yo me harté de su alimento;
probará mi alma la comida cruda
que arranco de la tierra y doy al cuerpo;
no me alimentaré más de las nubes
ni de las esperanzas y los sueños
que tanto mal nos hacen a los hombres.
Quiero aprender a soportar mi peso
sin ningún otro apoyo que mis piernas:
olvidaré las cosas que no veo;
olvidaré el consejo de mi madre
y buscaré en la tierra mi sustento.
Así tal vez una esperanza crezca
de mis manos y de mis pensamientos
amiga de los pájaros, del hombre
y de la tierra, hasta del mismo cielo,
para recompensarme mis raíces
clavadas amorosas tierra adentro
y únicamente, como a tí, oh árbol
que hoy me has dado un camino con tu ejemplo.

 

Cuando antes de dormir…
José de Jesús Chuchú Martínez

Cuando antes de dormir depositamos
a los pies de la tarde el mutuo afecto
con que en el día nos miramos, cuando
abandonamos en el tiempo los recuerdos
seguros de las próximas venturas,
te explicaré lo que con ello hacemos:

Que aquí en la vida se ama todavía
los muertos lo saben por nosotros.
Que la gente se mira y se sonríe
los muertos lo saben por nosotros.
Que el pan, la sopa, los zapatos nuevos.
los muertos lo saben por nosotros.
Que hay sol aún y hierba y cine y aire
los muertos lo saben por nosotros.

Los muertos
todas las noches salen a encontrar
los días que mandamos de regreso
y lo que en ellos va de nuestra vida,
lo que de ella olvidamos, lo que de ella nos sobra,
que a los muertos les sirve de alimento
con que se nutren para por lo menos
presentarse con cierto decoro
en la memoria de los vivos.

Es por nosotros que recuerda el mundo
y por otros iguales a nosotros.

Ámame dulcemente, proveedora,
con generoso, alegre despilfarro,
con nuevo amor todos los días,
para ir dejando en las viajeras tardes
casi no usados besos,
casi no usado amor,
que algún día tú y yo
comeremos nuestro propio afecto.

Milo Manara - Manifesto per la mostra di Siena

Milo Manara – Manifesto per la mostra di Siena

 

La sociedad Juliette (fragmento)
Sasha Grey

¿Conoces ese verso de William Blake que dice algo así como «El mundo en un grano de arena»? Bueno, pues yo soy capaz de ver el universo en una gota del semen de Jack. Cuando pienso en el semen de Jack, pienso en cómo habrá llegado hasta allí, en lo genial que ha sido el sexo y en que no quiero que se acabe jamás. Cuando pienso en el semen de Jack, él siempre está conmigo y es como si nunca hubiéramos estado separados.

Me gusta sentir su semen. Me gusta sentir cómo me lo dispara en la boca. Me gusta cuando me lo dispara en el pelo y me lo deja todo sucio, pegajoso y enredado, como cuando atraviesas una tela de araña.

Me gusta decirle que se corra en mis tetas para poder dibujar circulitos con el semen, como un pintor mezclando los colores sobre la paleta. Él es la pintura. Yo soy la pintora y el lienzo. Me gusta pintar con su leche sobre mi cuerpo para poder notar cómo se seca, cómo se endurece y se contrae, y me pellizca la piel al hacerlo. Me gusta cómo se cuartea en escamas mientras yo pinto. Me gusta levantar en un dedo una escama de su semen reseco y mirarla como uno mira un copo de nieve, intentando vislumbrar los dibujos cristalizados que contiene.

Me gusta bajar la vista y ver cómo sale a chorro el semen por la punta de su polla. Primero sale en un largo chorro, como arcos pegajosos y líquidos que no paran de decrecer en consistencia y volumen. Luego empieza a fluir con lentitud, de forma inexorable, como la espuma de una lata de cerveza que se ha agitado demasiado antes de abrirla.

Me gusta cuando se encharca en mi vientre, y me inunda el ombligo y se derrama por mi cintura como una crema caliente que rebosa del plato. Cuando cae sobre mi cóccix con grandes y gruesas gotas, como lluvia caliente, como leche caliente, como lava caliente. Cuando dispara sobre mi coño y en mi felpudo, donde se queda colgando en finas tiras, como el algodón atrapado entre los arbustos de espino.

Me gusta cuando se corre dentro de mí y me siento llena y satisfecha y relajada, como si acabara de darme un banquete. Y luego sentir cómo se desliza fuera de mi coño y deja un rastro perlado hasta el ojete. Algunas veces chorrea, horas más tarde, cuando ya hacía tiempo se me había olvidado que estaba ahí. Cuando estoy paseando por el campus de la universidad, o sentada en clase, o en el autobús, o en la cola del súper y de pronto noto que se me mojan las bragas con la leche y recuerdo el momento en que él embistió dentro de mí, gimiendo de esa forma tan delicada, un segundo antes de soltar su descarga. Y dejo que salga, como si estuviera follándome, corriéndose dentro de mí, en ese momento y en ese lugar, en el campus, en clase, en el autobús, en el súper.

Me gusta cuando se corre en mi cara y estoy completamente a su merced, como si me humillara con su semen. Cuando cierro los ojos y siento que me salpica en la cara. Cuando no para de correrse y se corre y se corre, y noto su densidad y cómo se desliza por mi cara. Me llena los poros, me chorrea por la mejilla, por la frente, me cuelga de la barbilla. Y tengo la sensación de que mi cara no es lo bastante grande para abarcar todo su semen. Su semen interminable.

Me gusta limpiármelo de los labios y de las mejillas y juguetear con él entre el dedo índice y el pulgar como si fuera un moco, y luego volver a metérmelo en la boca, darle vueltas y mezclarlo con la saliva, para preparar un cóctel con sus fluidos y los míos, y tragármelo de un sorbo, como una ostra. Luego abro la boca, bien abierta, y saco la lengua para demostrarle que ya no queda nada. Que he sido una niña buena y me he tomado toda la medicina.

Me gusta intentar adivinar qué ha desayunado, comido o cenado o merendado por su sabor y su olor. Salado, amargo, dulce, agridulce o ahumado. Cerveza, café, espárragos, plátano, piña, chocolate. Por la textura y la consistencia. Algunas veces es cristalino, como la clara mal cocinada, otras veces denso y granuloso como la sémola, y otras, ambas cosas al mismo tiempo. Y otras veces es fluido como el jarabe para la tos, que es cuando más me gusta, porque se traga con facilidad.

Me gusta chuparle la polla después de que se haya corrido dentro de mí, cuando se la saca y tiene el pene reluciente y brillante por su corrida y la mía. Quiero paladear su sabor y el mío juntos, nuestro sudor y nuestra pasión. Quiero que se me quede ese regusto en la boca hasta que empiece a volverse rancio y se huela en mi aliento. Me encanta el olor de su semen cuando empieza a fermentar en mi cuerpo.

Y luego me gusta limpiarme su semen reseco del cuerpo en la ducha y notar cómo vuelve a la vida al contacto con el agua, casi como si resucitara de la muerte. Me gusta mirar esa agua, su semen, cómo cae por el desagüe, y pienso en el viaje en el que está a punto de embarcarse.

En los lugares en los que ha estado y en los lugares donde acabará. Desde el interior del cuerpo de Jack hasta el interior de mi cuerpo. Desde mi cuerpo hasta el mar.

Nacido de la naturaleza y de vuelta a ella. Como todas las cosas.

Como debe ser.

 

Milo Manara - El perfume del invisible (fragmento)

Milo Manara – El perfume del invisible (fragmento)

 

NO ES DE TI…
José de Jesús “Chuchú” Martínez

No es de ti que tu amor brota,
de mí viene, en ti resuena
y canta y se multiplica
y a mí otra vez se regresa.
Eco del mío, tu amor
no es más que el mío de vuelta.
Amor mío que me viene,
amor tuyo que me deja.
Contigo me estoy amando,
te usa mi amor y te emplea
para amarme desde ti.
Para besarme, te besa,
te toca para tocarme,
para beberme, te llena,
para verme y abrigarme
te ilumina y te calienta,
de ti se viste y disfraza
del tuyo que se sustenta
del mío que nos confunde
y hasta el cuerpo nos enreda.
Con mi mismo amor me amas,
con mi pasiÓn y mi fuerza,
pero contigo y tu cuerpo
y con toda tu belleza.

Cantares Mexicanos
Canto XLII

He tomado bebida de hongos,
llora mi corazón,
me aflijo en la tierra,
sólo soy menesteroso.

Sólo vengo a recordarlo,
me alegro,
¿tengo contento en la tierra?
sólo soy menesteroso.

Con espanto contemplo la muerte,
sólo soy menesteroso,
¿cómo en verdad he de obrar?
En verdad ya no estés cavilando
estáis tan airados.

Que como pluma de quetzal fuera yo,
ya allá estamos;
que como un collar fuera yo,
ya allá estamos;
en verdad ya no estéis cavilando,
estáis tan airados.

Amigo mío, amigo mío,
¿acaso en verdad mi amigo?
Que sólo por su palabra nos necesitamos.
Por esto lo recuerdo,
ojalá que así no perezcamos;
he aquí nuestras flores.

Que no se entristezcan vuestros corazones,
vuestras palabras,
vosotros, amigos nuestros.
Como yo lo sé, vosotros lo sabéis;
sola una vez se va nuestra vida.

En un día nos vamos,
en una noche hay descarnamiento.
Aquí sólo hemos venido a conocernos,
sólo hemos venido a pedir prestada la vida en la tierra.
Que con calma,
con tranquilidad vivamos.
Ven, alegrémonos,
que no lo hagan los que andan airados.
Lugar muy ancho es aquí.
¡Ojalá siempre se viviera,
ojalá nunca se muriera!

Aunque viva en lo alto,
a nosotros no anda golpeando, como un rayo,
nos acecha aquí,
aunque menesteroso, en lo alto,
que no se aflija
¡Ojalá siempre se viviera!
¡Ojalá nunca se muriera!

Pensar en versos

Luis Pazos – Tanto fue su conocer.

Tanto fue su conocer
que le perdió
el respeto a la vida
y elaboró una extraña
teoría del abismo.

Se debatió salvaje
entre los dos extremos
pero sucumbió
ante la única exactitud:
no correspondía
a su circunstancia
la unidad de los opuestos.

Jaime Gil de Biedma – No Volveré A Ser Joven

Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.

Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
envejecer, morir, era tan sólo
las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.

Pablo Odhe – Clara

Clara desde tu cuerpo
se escucha la estampida de los transatlánticos
un círculo de búfalos rodea tu boca
nada más increíble para un hombre
que concebir una mujer
tu nacimiento marca la división de las aguas
alta marea
de brazos en mi cuello
algún día leeré esto
y no significará nada
nada más que la cruz de tu pecho
crece en tu cuerpo lo que está adentro mío
y no hay golpe más fuerte que el de tu mano
ni mirada más precisa que la de tu paso
todas las veces necesarias estoy
y si es preciso
todas las veces callo

Audrey Hepburn

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