Receta para una amistad.

 
¿Y si la cagué?
¿Y si ya valió madre?
¿Y si estoy haciendo puras pendejadas?
¿Y si la puerca parió becerros?
Puras pinches preguntas trascendentes.

Por eso se queda uno solo, por preguntar babosadas. ¿Y si dejo de preguntar idioteces?… mmmm… mmmm… tons, ¿a qué me dedico?

Para obtener una buena amistad, un buen cariño, un amor duradero agarre usted el pote de su corazón y añada en él medio kilo de experiencias juntos, cincuenta gramos de levadura de dependencia, ciento veinte gramos de empatía, un cuarto de kilo de voluntad, tres ramas frescas de paciencia y media taza de algún cariño que le haya sobrado en otra parte. Bata bien, recuerde que la levadura inflará el resto del pote a lo largo de la preparación. Dependiendo de con quien vaya a degustar su platillo puede complementar con un chorro bien servido de ingredientes como deseo, camaradería, servicialidad o simple ociosidad, ingrediente exótico que altera de manera imprevisible el platillo (si es usted aficionado a relaciones peligrosas puede añadir un poco de todo). Póngalo a fuego de vida durante un tiempo inversamente proporcional a la intensidad de ese fuego. Este platillo tan raro suele consumirse mientras se cocina por lo que no se sorprenda si su sabor cambia progresivamente. No se preocupe si acaso usted no se lo acaba o por el contrario se lo termina y queda insatisfecho. Recuerde que puede echar a perder este platillo si bate con tanta fuerza que derrame el pote, si deja el hervor por demasiado tiempo y no alcanza a degustarlo todo o si, por el contrario, deja que se enfríe por completo en cuyos casos seguramente se verá recompensado con una dosis de odio o indiferencia. Para una mejor degustación del platillo no olvide agregar una pizca de confianza, una de respeto y dos de inteligencia.

Recuerden amigos que para nuestro platillo de hoy podemos preparar unos postres variados como mouse de felicidad (dura poco y siempre se antoja más), gelatina de autoestima (cuya cantidad de grenetina va en proporción a la calidad del plato principal), pay de amargura (que desagradablemente siempre deja rastros entre los dientes).

El riesgo inherente a esta cocina es constiparse de memorias y recuerdos.

¿Cuántos amigos quiere ganar y perder el día de hoy?

Atte. SicD

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Sobre las chelas

 
Tengo ganas de una cerveza… no sé, una León para empedarme rápido, o de una Indio para atraer recuerdos, mejor una Vicky para echar desmadre. Pero no de una puta ampolleta mierdera, quiero cuatro caguamas. Soy solo un ente mortal común y corriente… particularmente esto último. Le he tomado gusto a la cerveza, aliciente de ricos y pobres de sus dichas y de sus desgracias. Tómate una chela y empédate hasta guacarear, pero disfruta de unas horas de alegría e insana convivencia. Liberar pautas psicológicas y culturales, romper modelos y restricciones absurdas a cambio de perder el equilibrio y la capacidad de elaborar correctamente ideas y frases coherentes. Tomo para no enamorarme. Aunque si mis cercanos tuvieran la morbosa fascinación que me lleva hacia un degradante alcoholismo quizá tomaríamos mezcal o unos tequilitas de mala muerte, pero por alguna razón que yo perdí en el camino prefieren una ebriedad menor. Y sin embargo no he tomado en varios días por lo que hoy estoy sólo con mi mente (ese extraño sujeto que ya empieza a fastidiarme). Definitivamente necesito alcohol. Ilic