Héctor Suárez y su rostizada deprimente.

El roast es humor amarillista revestido de compendio de “verdades”. Es un reverendo absurdo porque es un show perfectamente preparado con antelación que hace uso de la doble moral de los medios públicos para hacer un acto de bullying público haciéndolo pasar por una especie de catarsis moral. El roast apela a nuestro morbo, a nuestras limitaciones morales, a los dobles discursos y al holocausto ritual donde alguien expía por todos nuestros pecados (alguien que normalmente lleva años expiando y ganando millones de dólares por ello). Es por todo eso que un roast es gracioso (y por lo mismo que puede ser algo completamente desagradable).

Hace algunos meses a una bola de idiotas, que voy a sacar de los créditos del programa, llamados: Federico Cuervo, Eduardo Lebrija, Michelle Alberty, José “Fidji” Viggiano, Luis López (cargarle la mano a los productores siempre es la mejor parte), entre muchos otros; a esa bola de idiotas, como decía, se les ocurrió realizar un roast en México. ¿A quién se le ocurrió que el personaje a rostizar podía ser Héctor Suárez? Es la pregunta del millón. Evidentemente la participación de su hijo, el deplorable Héctor Suárez Gomis, es un factor clave en la red de complicidades que llevaron al intento de “rostizamiento” pero tal red es algo que se develara con el tiempo. Sigue leyendo

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Poemas y divas.

Sasha Grey

Pasa el lunes…
Jaime Sabines

Pasa el lunes y pasa el martes
y pasa el miércoles y el jueves y el viernes
y el sábado y el domingo,
y otra vez el lunes y el martes
y la gotera de los días sobre la cama donde se quiere
dormir,
la estúpida gota del tiempo cayendo sobre el corazón
aturdido,
la vida pasando como estas palabras.
lunes, martes, miércoles,
enero, febrero, diciembre, otro año, otro año, otra vida.
La vida yéndose sin sentido, entre la borrachera y la conciencia,
entre la lujuria y el remordimiento y el cansancio.

Encontrarse, de pronto, con las manos vacías,
con el corazón vacío,
con la memoria como una ventana hacia la obscuridad,
y preguntarse: ¿qué hice?, ¿qué fui?, ¿en donde estuve?
Sombra perdida entre las sombras,
¿cómo recuperarte, rehacerte, vida?

Nadie puede vivir de cara a la verdad
sin caer enfermo o dolerse hasta los huesos.
Porque la verdad es que somos débiles y miserables
y necesitamos amar, ampararnos, esperar, creer y
afirmar.
No podemos vivir a la intemperie
en el solo minuto que nos es dado.
¡Qué hermosa palabra “Dios”, larga
y útil al miedo, salvadora!
Aprendemos a cerrar los labios del corazón
cuando quiera decirla,
y enseñémosle a vivir en su sangre,
a revolcarse en su sangre limitada.

no hay más que esta ternura que siento hacia ti,
engañado,
porque algún día vas a abrir los ojos
y mirarás tus ojos cerrados para siempre.
no hay más que esta ternura de mí mismo
que estoy abierto como un árbol,
plantado como un árbol, recorriéndolo todo.

He aquí la verdad: hacer las máscaras,
recitar las voces, elaborar los sueños,
Ponerse el rostro del enamorado,
la cara del que sufre,
la faz del que sonríe,
el día lunes, y el martes, y el mes de marzo
y el año de la solidaridad humana,
y comer a las horas lo mejor que se pueda,
y dormir y ayuntar,
y seguirse entrenando ocultamente para el evento final
del que no habrá testigos.

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Leviatanes.

La creación de instituciones que regulen, normen y vigilen los comportamientos humanos es una de las grandes promesas del desarrollo histórico humano. Las instituciones como garantes del orden social constituyen un símbolo y (supuestamente) prueba del progreso humano. Sin embargo hoy que cuestionamos nociones como modernidad y progreso no se levanta el mismo número de voces en contra de las instituciones si no es para quejarse de ellas. No es difícil adivinar el por qué. Mientras que progreso o modernidad son conceptos teóricas que sustentan la creación y configuración de las instituciones, estas últimas son procesos de hecho en los que participamos cotidianamente. Podemos negar la existencia de un progreso en nuestras mentes pero difícilmente dejaremos de participar en nuestra sociedad y de usar sus mecanismos de regulación.

Es difícil dar una definición unívoca de lo que es una institución. El uso de la palabra es relativamente reciente pero hace uso de la raíz latina statuere que significa establecer. La institución es la acción y efecto de establecer algo en un determinado lugar. A diferencia de otras palabras de la misma raíz, institución hace en la mayoría de usos referencia a un fenómeno social del cual forma parte la sociedad misma. Por ejemplo, mientras que la palabra constitución se ha modificado hasta definirse como: el conjunto de normas que regulan un Estado y que como tales son un fenómeno producto de una sociedad o cuerpo político sin ser el mismo conjunto humano, la palabra institución implica la participación de una parte de la sociedad que la construye y le da forma. Por supuesto no es esta una definición unívoca, los cuerpos normativos también pueden verse como instituciones pero no es ese el lugar al que quiero apuntar. Sigue leyendo

La nube en pantalones – Vladimir Maiakovski

A vuestros pensamientos que sueñan

sobre sus sesos reblandecidos
como un gordo lacayo sobre un sofá grasiento
quiero irritarlos
con un jirón sangriento de mi corazón,
me burlaré hasta hartarme, mordaz y atrevido.

¡No tengo en el alma ni una sola cana
ni tampoco hay en ella ternura senil!
Ensordeciendo al mundo
con el poder de mi voz avanzo hermoso,
con mis veintidós años de existencia.

¡Los delicados
tocan el amor con tiernos violines!
Pero el rudo se sirve de timbales.
Prueben, como yo,
a darse vuelta como un guante
y ser todo labios.

Salga a aprender
desde su sala de batista
la ceremoniosa funcionaria de liga angelical.

Y también la que hojea en silencio sus labios
como una cocinera un libro de recetas.

Si lo desean
comeré carne hasta ponerme rabioso
-y, como el cielo, mudaré de tonos-; si lo desean
seré impecablemente tierno.
No un hombre,
¡sino una nube en pantalones!

No creo que exista una Niza florida.
Por mi conducto otra vez serán loados
todos los hombres que yacen como un hospital
y todas las mujeres gastadas como un refrán. Sigue leyendo

Habemus Peña

Hace ya un mes que el señor Enrique Peña es presidente de México y por el momento es poco probable que lo deje de ser en los próximos seis años. Su ascenso al poder es el regreso del PRI al poder, el regreso del partido que dominó México durante setenta años. Muchos consideramos que se realizó un fraude electoral pero es difícil afirmar el cómo y el por qué sobretodo por el hecho de que, aún cuando haya existido el fraude, realmente contó con el apoyo de una cantidad muy grande de votantes.

¿Por qué votaron muchas personas por el candidato priísta? Unos dicen que por ignorancia, sostienen que el PRI se aprovecha de la pobreza de las personas para convencerlas con promesas que, “como toda la clase política”, no piensan cumplir. O bien, que se aprovechan de la pobreza y la ignorancia para comprar a la gente con baratijas como despensas y tarjetas de soriana. O bien que se aprovechan de las necesidades de la gente para cooptarla y comprarla con las limosnas que dan las organizaciones corporativas. Estas críticas no son hechas en balde. Es cierto que estamos atorados en esta economía estancada, carente de empleo, con caída del poder adquisitivo, etc., etc., etc., y que las personas tomamos las oportunidades que tenemos para salir del hoyo o aunque sea para no caer tan rápido pero eso no es necesariamente producto de la pobreza, ni de la ignorancia. Además cuando hablamos de los demás calificándolos como pobres o ignorantes necesariamente nos colocamos en el lugar donde nosotros estamos fuera de esa pobreza (como estatuto de necesidad) y/o de esa ignorancia. Sigue leyendo

PRI y ciudadanía

México se halla, de nuevo, en una coyuntura política electoral. Para ser precisos la quinta. Cinco coyunturas políticas seguidas más bien suenan a que algo se encuentra demasiado fracturado. En veinticuatro años la situación se ha repetido una y otra vez: el gran enemigo es el PRI. Dos veces ha sido aparentemente vencido, la primera para retornar con fuerza en el legislativo, la segunda para retornar con fuerza en las gobernaturas. En realidad nunca se ha vencido al PRI. ¿Por qué?

Las razones son muchísimas y las desconozco con precisión pero quiero anotar mi hipótesis: El PRI no ha sido derrotado porque los partidos y la ciudadanía continúan operando como en tiempos del PRI-gobierno en gran medida. Los partidos, las organizaciones políticas, los sindicatos y muchas otras instituciones continúan siendo profundamente corporativos y clientelares. Claro que no en los términos en que el PRI-Estado gobernaba y aglutinaba todo pero sí en el funcionamiento operativo con el que las organizaciones políticas son incapaces de establecer diálogos o llegar a acuerdos, polariza la sociedad e impide la ciudadanización política de sus miembros. Por ende, sin la dirección del partido único la democracia resultante es inoperante.

El corporativismo es: un sistema de intermediación de intereses compuesto por esquemas (organizaciones) que actúan para la regulación político-social a partir de, por un lado, constituírse de una manera no bien definida entre la asociación y la agrupación de intereses; y por otro lado del reconocimiento o autorización e incluso creación por parte del Estado (al menos una de sus partes) a cambio de poder influir en su forma organizacional o sus acciones mismas.(1)  Es decir es un conjunto de personas que, sin seguir una idea del todo específica, se reúnen para lograr alcanzar sus objetivos, para lo cual dejan que el gobierno o los sectores de poder tengan injerencia en sus formas de organizarse y de actuar. Con ello surgen o se convierten en grupos de apoyo y soporte de ese poder tornándolo una corporación jerárquica y vertical.

No es difícil encontrar organizaciones de ese corte en nuestro país como el movimiento Antorcha Campesina o el Frente Popular Francisco Villa. Pero, ¿es posible imaginarse que nuestras organizaciones políticas sean diferentes? Al menos imaginarse de principio sí. De manera muy esquemática yo diría que en una sociedad donde se reconoce que el problema de vivienda (por poner un ejemplo) es social y políticamente relevante se puede buscar acceder a que la vivienda sea un problema resuelto de manera estructural. Esto es exigir a la sociedad y al gobierno que existan políticas públicas que tiendan a disminuir de manera sistemática el problema de vivienda con todas las implicaciones económicas, sociales y legales que pudieran surgir. De esta manera un movimiento no exige que les sean dadas casas a sus agremiados sino que se atienda el problema de manera integral; tal movimiento existe para resolver ese problema en un número indeterminado de casos; y a cambio se puede apoyar políticamente a quien o a quienes generen una agenda política al respecto.

En todos los lugares hay formas de reciprocidad política a partir de organizaciones políticas pero no en todos los lugares las organizaciones terminan apoyando sistemáticamente a la misma persona, grupo u organización; tampoco tienen porqué apoyar y menos de forma permanente con recursos económicos, horas de trabajo, presión política y menos aún con expresiones políticas más allá de su agenda particular. El problema en México es que muchas organizaciones civiles y políticas trabajan para otra estructura por encima de ellas, lo que revela una acción social conjunta para mantener la estructura de poder que actúa de manera jerárquica y antidemocrática independientemente de que esto sirva para hacer cumplir la ley, apoyar los derechos y necesidades de otras personas que no sean miembros e incluso, en determinadas ocasiones, de poder lograr sus propios objetivos.

En nuestro país el corporativismo va de la mano con el clientelismo político. Éste se define como: “el intercambio de bienes y servicios por apoyo político” (2). De manera general esa es la relación de legitimidad de cualquier estructura política, lo que caracteriza al clientelismo es que este intercambio ocurre entre dos personas con poder desigual; que de ellas la que tiene mayor poder decide la distribución de los bienes y servicios; que lo decide de manera arbitraria respecto del resto de la sociedad y que se genera una relación de dependencia entre ambos. Esta relación política genera un modelo de exclusión política y de distribución desigual de los bienes y servicios; luego genera el sometimiento político de cierto actor político y el uso o determinación discrecional del derecho. En menos palabras: impide la ley y la democracia.

Corporativismo y clientelismo no son enemigos absolutos de la humanidad. Son organizaciones políticas que han sido útiles históricamente y que algún día podrían volver a serlo. El clientelismo es una forma esencialmente moral de control político y sin duda es aplicable en muchos ámbitos sociales. El corporativismo fue la estrategia utilizada por los gobiernos del PRI y sus antecesores (Carranza a Ávila Camacho) para desmantelar el poder político porfirista y alcanzar importantes logros sociales. El problema surge cuando, finalmente, el PRI se hace del poder: en primer lugar no tienen por qué permitir ni invitar a que nadie más se integre a la organización de poder; en segundo lugar la estructura del poder y las personas que la ocupan en determinado momento ya no tienen por qué apoyar a las partes del corporativo y menos aún a aquellos que no forman parte de él; en tercer lugar el sistema se envicia al no permitir sistemáticamente la entrada al poder político de otros sectores y que éstos tengan la oportunidad de satisfacer sus necesidades y ambiciones. Esto ocurrió, a más tardar, a finales de los cincuentas, cuando el sistema ya no pudo cumplir las necesidades de muchos grupos y se empezó a degradar al tiempo que más y más voces clamaban por nuevos derechos y mayor democracia.

La historia es conocida.  Los diversos grupos que clamaban por mayores derechos políticos y sociales eventualmente fueron reprimidos. Con ello se les obligó a tomar una de tres vías: pasar a la clandestinidad optando por vías de acción pacíficas y/o violentas, permanecer en un estado de latencia generalmente escondidos bajo los círculos estudiantiles y académicos o, finalmente, pasar a ser parte del sistema para incorporar reformas paulatinas al sistema. En los dos primeros casos ello condujo a un proceso de cerrazón ideológica por los movimientos en la medida en que se veían bloqueados por la coerción directa o por la disuación de no poder destruir el sistema corporativo ni socavar sus bases sociales. Con ello optaron por vías que exigían y trabajaban relativamente poco en favor de incrementar la democracia. Toda ideología política debe servir para lograr los fines en que se fundamenta, si no lo logra no significa que sus ideales estén errados sino que sus medios son inadecuados. La guerrilla, la acción política independiente y el academicismo crítico pronto se volvieron discursos constantes que no avanzaron gran cosa en la persecusión de sus fines y que fueron incapaces de lograr diálogo con los sectores sociales que preferían mantenerse apegados al sistema, eventualmente muchos optaron por un soliloquio dogmático e inefectivo. Mientras los guerrilleros fueron casi exterminados los círculos académicos y estudiantiles se tornaron formas parasitarias en torno al sistema.

Por otro lado quienes se integraron al sistema político hegemónico fueron consiguiendo cambios paulatinos pero al mismo tiempo se infectaron de muchos de los mismos vicios del sistema entre los que se cuentan el corporativismo y el uso clientelar del poder. Pero las tres vías, juntas o por separado, han contribuído a incrementar nuestra democracia de manera lenta y paulatina así como ha introducir muchas mejoras en nuestra nación. Desde la guerrilla más radical hasta el Partido Acción Nacional y muchos sectores del PRI contribuyeron a modernizar muchos aspectos de la vida nacional. El problema es que no ocurrió con el ritmo y velocidad necesarias ni lograron encontrar las soluciones que hubieran permitido una nación mucho más próspera y menos violenta que la de hoy.

El Estado contemporáneo, el gobierno como su institución más palpable, está construído sobre la noción del derecho: una serie de normas donde se plasma lo que el individuo merece por parte del resto de la sociedad para seguir siendo ese individuo. El sólo hecho de tener derechos le vincula socialmente y lo hace tener una serie de obligaciones para cumplir con el mismo derecho en los demás individuos. Por ello el derecho tiene un carácter universal y su aplicación debe ser imparcial desde el momento en que dos personas son iguales como individuos ante la ley y sólo serán medidas por el cumplimiento o desobediencia hacia la misma ley. El Estado moderno fue creado por determinados grupos para instaurar y hacer valer lo que consideraban sus derechos, posteriormente otras personas se han sumado a esta forma política incorporando sus propios derechos para conformar naciones más incluyentes. Pero para incorporarse se ha tenido que reforzar el principio de universalidad mediante la disminución del uso faccioso del poder, es decir, si tengo más poder como ciudadano hago valer más mi derecho. Eventualmente este proceso de ciudadanización y empoderamiento pasa por la creación de organizaciones sociales que son nuevas ejercicios facciosos del poder y entonces el derecho pierde su universalidad mientras que su aplicación pierde imparcialidad. En cambio, si mi poder es más semejante al del otro los dos estamos en condición de reclamar nuestros derechos y de negociar la manera de alcanzar su cumplimiento aunque sin organización política rara vez se logra. En cierta perspectiva, a grosso modo expuesta, es  mi forma de ver el origen conflictivo y contradictorio, justificación de la democracia contra la cual atenta el corporativismo, el clientelismo y el dogmatismo ideológico.

La democracia teórica tiene serios defectos y las democracias tal y como existen tienen otros peores. Hemos visto en México y en todos los países que esgrimen ejercer tal sistema político que aún no encontramos la forma de que la gente valga por igual ante la ley, que los grupos de interés no desaparecen pues no todas sus ambiciones y necesidades son satisfechas por la democracia. Se sabe que hay derechos que se contradicen en la letra y/o se contraponen en su aplicación. Reconocemos ahora que la democracia significa la instauración de un Estado que amenaza devorar al individuo e incluso a la sociedad, que sume al individuo en una neurosis individual y colectiva, que depende de la existencia de medios informativos que multiplican las versiones de la “verdad” infinitamente hasta crear tantas verdades como medios o actores políticos hay. Hemos visto esos y muchos otros problemas, pero al mismo tiempo no hemos encontrado otro sistema que asegure la capacidad de las minorías de llevar a la agenda pública sus necesidades para ser discutidas y, de ser aceptadas, satisfechas. Sobre la violencia no cabe como refutación aquí ya que es un medio y no un sistema político estable, es indudable que así como viola la democracia podría bien llevar a ella.

La Democracia, la Ley y el Estado encuentran su articulación en la figura del Ciudadano. Éste es una forma del individuo pero no es equiparable a él. Una persona puede ser un creyente, un practicante, un trabajador, un hombre, una mujer, etcétera; pero cada uno de esos calificativos es una faceta o forma de verla así como otra es la del Ciudadano. Con esta palabra se designa la personalidad política de una persona, se apunta a un individuo en tanto es reconocido como perteneciente a una sociedad con determinados derechos y obligaciones acorde al Estado de Derecho. El ciudadano es aquél en quien recae la ley y, por tanto, eventualmente el que la exige y el que la cumple. Por ello la condición de ciudadanía no depende únicamente de que el gobierno se la reconozca sino que es el propio individuo el que debe asegurar y preservar esta identidad jurídica en su relación cotidiana con la sociedad y con el Estado. El ciudadano puede y debe mejorar su condición política conociendo las leyes, las funciones del Estado y participando en su gobierno, lo que con sus bemoles significa participar en la democracia. Significa entonces que debe entender el carácter universal de la ley y exigir la imparcialidad de su aplicación a las instituciones. Significa que sólo se hace ciudadano si participa políticamente en alguna medida.

Las múltiples dimensiones del hombre pueden o no ser contradictorias, pueden o no ser complementarias. Por ejemplo: una persona puede ser un judeocristiano creyente y practicante puede obedecer el quinto mandamiento “No matarás”, lo que puede entrar en acuerdo con las disposiciones legales que condenan el homicidio, el asesinato o la ayuda al suicida; sin embargo el mismo mandamiento puede entrar en contradicción con leyes acerca de interrupción del embarazo, atenuantes de homicidio, eutanasia, entre otras. Su personalidad religiosa es responsabilidad de él ante la grey de la que forma parte, pero su personalidad legal es su responsabilidad ante el Estado nación u organismo supranacional del que forma parte. El individuo tiene que lidiar con ello y ver a cuál privilegiar pero la estabilidad social fundamentada en el pacto de derechos establecido en la Constitución sólo se logra privilegiando su personalidad ciudadana sobre otras.

Por otro lado pero en el mismo sentido, no hay que confundir la personalidad ética y/o moral con la personalidad política/ciudadana. Hace tiempo se hizo muy popular un video que acusaba todo el problema a la moral de las personas dando por hecho muchas nociones y exigencias que no son tan claras como parece creer quien lo realiza; pero ante todo supone que los deberes civiles están ligados y hasta subordinados a los deberes morales cosa que es profundamente falsa. No se llega a una moral coherente ni universalmente satisfactoria de la noche a la mañana y ésta, por completa que sea, no tiene por qué ser congruente con el sistema legal existente. Y, sobre el tema que nos ocupa, puede llegar a ser moralmente muy bueno ser leales a un compromiso clientelar pero no es en derecho ni siquiera un poco aceptable.

De forma que he ahí mi hipótesis: no somos ciudadanos en el México de hoy en día. Hay demasiados intereses y grupos creados que se niegan a acatar las responsabilidades explícitas e implícitas de ser ciudadano de un país y que intentan hacer pasar por ciudadanía juicios y acciones más ligadas a intereses particulares o esquemas categoriales de una índole completamente distinta, preferimos descalificar que reconocer cómo nos ayuda nuestra organización política. El primer paso para aprender a ser ciudadanos es leer la ley. El segundo es cumplirla. Ello no nos hace buenas personas. Un excelente ciudadano puede ser una porquería de persona y una buena persona no tiene que seguir en todo momento la ley. Pero, posiblemente, ser un buen ciudadano o, al menos, un buen prospecto de tal mediante la lectura de la ley es un buen paso para 1) mejorar nuestra sociedad y 2) ser una persona moralmente consistente.

El sistema corporativo tiene una caducidad natural pero ésta es cada vez más lejana en la medida en que, todos aquellos que no estamos integrados o relacionados de la misma manera a él, no podemos encontrar formas de construir puentes comunicativos, organización política, ni respuestas efectivas a las necesidades de todas aquellas personas que viven del sistema corporativo en distintas medidas empezando por las bases. Por supuesto no hemos logrado que los partidos limiten sus privilegios corporativos ya que es la fuente de su poder. Si nuestro programa más importante en elecciones es la democracia entonces ese gran voto duro, corporativo y clientelar es nuestro mayor fracaso. Esa es una de las razones por las que el PRI seguirá presente entre nosotros mucho tiempo.

Atte. Ilyadad

(1) Tal definición la extraigo de  http://www.bibliojuridica.org/libros/4/1627/5.pdf pág. 3 y ss.
(2) Como se lee en http://www.ejournal.unam.mx/rms/2010-1/RMS010000105.pdf pág. 3 y ss.
http://es.wikipedia.org/wiki/Corporativismo
http://es.wikipedia.org/wiki/Clientelismo_pol%C3%ADtico

El hombre que tenía una tristeza

Érase una vez un hombre que tenía una bella tristeza. No era un hombre triste sino un hombre que guardaba una tristeza. Hombre infeliz y doliente a todas horas se veía consumido por ese sentimiento que lo acosaba y al cual, sin embargo, guardaba con gran recelo. Un día el hombre volteó al espejo y encontró un hombre avejentado y jorobado, ojeroso y pálido, sumamente cansado al cual no recordaba haber visto. Incrédulo se movió varias veces ante el espejo e incluso revisó éste esperando fuera una broma extraña de alguien más o, al menos, de su mente. Hubo de reconocer que era él, que la tristeza lo había consumido y que su vida corría gran peligro. Fue por ello, algo así como un despertar repentino a la vida, que decidió deshacerse de su tristeza.

Corrió a un lago cercano y mirose en el agua clara, abrió la boca y esperó a que la tristeza saliera por ella pero nada pasó. Esa tristeza se había anidado profundamente y se negaba a salir del tibio hueco en el pecho del hombre. Entonces corrió a un pirul y compartió su llanto con los del gran árbol. Trazó en su rostro líneas colgantes de lágrimas como las hojas que de la copa resbalan y cristalizó al sol el agua salina en sus mejillas como el llanto resinoso del árbol enfermo. Pero la tristeza tampoco salió. Después de varios intentos decidió que había que matar a la tristeza y pagó noche tras noche carteleras de comedia en cines y teatros buscando aminorar su poder para extirparla. Luego acudió a los más disímiles pasatiempos para olvidar a la tristeza a ver si se secaba pero todo fue en vano. La tristeza se negaba a morir.

Viendo que no era posible separase de ella redobló sus esfuerzos intentando bellos romances y preciosas amistades que lo sacaran del letargo en que lo sumía la tirana de su pecho. Pero tampoco fue posible. Hasta los momentos más alegres y los más risueños remitían a un dejo de melancolía con que la tristeza le recordaba su presencia. Al final decidió acudir a alguien más capacitado para que le ayudase. Fue con médicos, psicólogos y psiquiatras y les contó de su caso. Ellos prometieron ayudarle y por esfuerzo no pararon. Le recomendaron una serie de actividades y cambios en su vida, al parejo le dieron pócimas y pastillas que embriagaban aquel soberano sentimiento y que jamás dieron visos de desterrarlo. Junto con estos remedios recibió terapia el buen hombre y ahí removieron sus recuerdos y sus olvidos, su pasado y su presente, en ellos los médicos vieron los indicios de lugares donde la tristeza se pudo haber metido o gestado o sencillamente aparecido.

Todo fue inútil. Aquel desdichado seguía compungido y nada podía sacarlo de ese estado. Sucedió entonces que en aquellas sesiones brotó a su conciencia un humilde recuerdo, uno muy débil mas no por ello menos hermoso. Cuando era niño solía ver, en ciertas ocasiones, volar a su alrededor cientos o miles de hormigas rojas, que con sus extremidades de apareamiento, buscaban donde establecer su nueva familia. La vista era hermosa sintiéndose nadar en una tormenta de hadas malditas mientras los animales por doquier disfrutaban el festín de aquellas que tan sólo buscaban un refugio después de haber amado. Un día perdió la novedad el evento, sería acaso el cansancio y los raspones del juego o el que ya estuviera dejando de ser un niño, y dedicose a ver el espectáculo toda la tarde hasta que una de ellas cayó, llevada por el viento, en su mano.

Movido por la curiosidad el jovenzuelo la acercó a su rostro y comprendió de inmediato la agonía por cansancio que sufría el pequeño animalillo. En un momento su corazón mudó y de su tradicional diversión pasó a una curiosidad compasiva que le hizo preguntarle de donde venía. La hormiga respondió que el origen de su jornada se hallaba a tres colinas de donde había caído y que se hallaba extenuada. Curioso el joven volvió a inquirir “¿y porque has volado tanto?” y la hormiga respondió “hoy, cuando el sol calentaba la mañana, salí de mi agujero dispuesta a amar a mi especie, mi familia, en la caricia de un zángano que me ha ofrendado su semilla, en la mirada cariñosa de las guardianas del hormiguero y en la bella promesa de la colonia que intento fundar… por ese amor he volado tanto”. Incapaz de refrenar sus dudas el chamaquillo prosiguió “y no era acaso suficiente con que volaras un poco, ¿para que volar tanto que arriesgas tu vida?”. El animal ya moribundo respondió: “he volado con ahínco porque mi familia se acaba, se muere. Mientras los caminos del hombre se esparcen menos tierra existe para formar nuestros nidos. Una desolación invade el hormiguero, agobia a mi madre, al saber que posiblemente nos aguarda un triste destino. Hacer menos esfuerzo hubiera faltado al respeto del amor que me fue prodigado en mi crianza, en mi sustento y en la caricia con la que comenzó este día. Por eso he volado hasta aquí como todas ellas, sabiendo que nos enfrentamos, por igual, a la muerte.” En ese momento la compasión inundó a aquel que contemplaba tal desgracia “¿hay algo que pueda hacer por ti? -le dijo- no quisiera que tu muerte fuera en vano.” “Nada puedes -le contestó- pues ahora que me enfrento a mi final veo con claridad que nuestro fin está marcado, así solo ésto te pido: apresura mi final.” Obediente las manos rojizas de raspones del niño colocaron la hormiga en la punta de uno de sus dedos sobre la que rápidamente aplicó el dedo pulgar dando fin a la desdichada. Fue entonces cuando sintió por primera vez una genuina melancolía.

Habiendo recordado ello, aquel niño ahora hecho hombre, corrió a decírselo a los doctores. Les narro la historia entera y les enseñó su dedo. No solo estaba seguro de que era la hormiga la que le había contagiado la tristeza sino que estaba seguro que ésta se había metido por aquellos dedos que, en aquel entonces, tuvieron tantas magulladuras. Los doctores pacientemente le hicieron ver que la tristeza no se contagiaba y le explicaron sobre la mente y los sentimientos y muchas otras cosas de las cuales a veces comprendía y otras tantas no. Al final el hombre estaba más convencido que nunca que la hormiga le había contagiado la tristeza y de que aquellos galenos no podrían con su problema. Así que regresó a su casa, cansado de nuevo, agobiado, melancólico, decaído y nostálgico. Se tendió en la cama y mirando al techo reflexionó. Si lo pensaba no era tan grave tener una tristeza. No era agradable pero eso era porque ¡precisamente era una tristeza! Además esa tristeza era un regalo, el de una raza moribunda, el de un amor desperdiciado, una triste broma de los dioses que se manifestaba en un efímero animalito.  Y ese animalito se la había regalado de manera franca y sincera. Era, sin dudarlo, el regalo más bello que le habían dado en su vida.

Aun así seguía siendo peligroso. Así que fuese regalo o no decidió devolverlo por lo que fue a los lugares de su niñez y buscó con ahínco un hormiguero para devolverle la tristeza a alguien. Quizá reconociendo su origen la tristeza se saldría. Pero no encontró el hormiguero adecuado, aquellos que visitó eran de especies completamente distintas y no unas hormigas rojas, carmesí, ligeramente grandes como él recordaba a aquella pequeña y sufriente amiga de unos instantes. De ahí se dirigió a ver un biólogo. Después de haberle explicado pacientemente qué clase de hormigas buscaba el científico hizo una mueca y le relató que hacía unos años esas hormigas habían desaparecido, precisamente, en los rumbos donde aquel triste hombre fuera niño, ahí también fueron los últimos hábitats de aquellas moradoras.

Desesperanzado volvió a su casa. No podría librarse de esa tristeza nunca más. Era inútil seguir buscando remedio. Era una tristeza indestructible producto de un pueblo extinto. “¿Por qué -pensaba él -sería capaz de erradicar de mi corazón semejante loza?”. Entonces vino a su mente la repentina solución: disfrutaría su tristeza hondamente, la cultivaría, la cuidaría, la protegería de las alegrías inclementes. Si él se hallaba triste con su tristeza, ésta sería dichosa en un corazón amargado. Preparó todo cuidadosamente pintando su casa de tonos oscuros y sellando las ventanas. Cambio las luces por candiles y vistió sus ropas más raídas e incómodas.

Se dedicó al recuerdo para avivar la nostalgia visitando las casas de antiguos amores, viejos amigos, las tumbas de quienes se habían ido y otros pormenores con los que amamantó vivamente la tristeza. Contempló la muerte de cerca, no para ver los cadáveres, sino para apreciar con viveza las lágrimas de quienes les rendían tributo en los velorios y verse contagiado de su desesperación. Armose con la biblioteca más cuidada de todos los poetas que habían compuesto los lamentos y odas más amargas. Contempló la tragedia humana, la pobreza de la vida, la desesperación de los pobres, los oprimidos y los exiliados. La tragicomedia de los caídos en desgracia, los amantes de la bebida, los abandonados por dios. Incluso visitó a las plañideras indagando en sus llantos.

Años vivió de esa manera y, mientras, en su corazón la tristeza creció integrándose al órgano y a sus venas. Éste, agotado, empezó a marchitarse y hacerse pequeño. Al principio el hombre sufrió mareos, más adelante empezó a tornarse pálido y finalmente se tornó más mounstroso de lo que originalmente se viera en el espejo. Jadeante y sin corazón le dejo de importar la vida y dejó de importarle la tristeza.  Se dio cuenta de pronto, que la tristeza moriría con él. Aun siendo tan poderosa sobre su corazón era, por sí sola, otra insignificancia de la vida y que a su muerte se esfumaría en el viento. Sintiéndose fracasado en su cruzada contra y a favor de su tristeza se entregó a la muerte y un día su corazón, empequeñecido, dejó de palpitar. La tristeza por su parte sin un corazón que la alimentara también en pocas horas murió.

El hombre fue enterrado después de un homenaje sencillo pero cariñoso. Irrisoriamente su entierro fue un conjunto de alegrías y cantos en que la gente intentaba rendirle homenaje. Finalmente fue depositado en la fosa y al poco tiempo olvidado. Sucedió entonces, dentro de la tumba, Su corazón se había hecho tan pequeño y duro por la tristeza que era incapaz de podrirse como el resto del cuerpo. Un día aquel minúsculo órgano desecado se partió y de sus entrañas surgió una pequeña cabecita roja con dos fieras mandíbulas. Dos antenas poco a poco se estiraron mientras una pata delgada y puntiaguda las alaciaba. Cuando estuvo listo el animalito salió y pudo apreciarse que tenía dos alas grandes y hermosas. De inmediato se puso a buscar la salida de aquella cueva de costillares, de aquel féretro aprisionador y subió por huequillos en la tierra. Cuando llegó al cielo respiró tranquila sabiéndose sola pero fecundada en su interior. Esperanzada extendió las alas y se dejó arrastrar por el viento.

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Ilya