Héctor Suárez y su rostizada deprimente.

El roast es humor amarillista revestido de compendio de “verdades”. Es un reverendo absurdo porque es un show perfectamente preparado con antelación que hace uso de la doble moral de los medios públicos para hacer un acto de bullying público haciéndolo pasar por una especie de catarsis moral. El roast apela a nuestro morbo, a nuestras limitaciones morales, a los dobles discursos y al holocausto ritual donde alguien expía por todos nuestros pecados (alguien que normalmente lleva años expiando y ganando millones de dólares por ello). Es por todo eso que un roast es gracioso (y por lo mismo que puede ser algo completamente desagradable).

Hace algunos meses a una bola de idiotas, que voy a sacar de los créditos del programa, llamados: Federico Cuervo, Eduardo Lebrija, Michelle Alberty, José “Fidji” Viggiano, Luis López (cargarle la mano a los productores siempre es la mejor parte), entre muchos otros; a esa bola de idiotas, como decía, se les ocurrió realizar un roast en México. ¿A quién se le ocurrió que el personaje a rostizar podía ser Héctor Suárez? Es la pregunta del millón. Evidentemente la participación de su hijo, el deplorable Héctor Suárez Gomis, es un factor clave en la red de complicidades que llevaron al intento de “rostizamiento” pero tal red es algo que se develara con el tiempo. Sigue leyendo

Poemas y divas.

Sasha Grey

Pasa el lunes…
Jaime Sabines

Pasa el lunes y pasa el martes
y pasa el miércoles y el jueves y el viernes
y el sábado y el domingo,
y otra vez el lunes y el martes
y la gotera de los días sobre la cama donde se quiere
dormir,
la estúpida gota del tiempo cayendo sobre el corazón
aturdido,
la vida pasando como estas palabras.
lunes, martes, miércoles,
enero, febrero, diciembre, otro año, otro año, otra vida.
La vida yéndose sin sentido, entre la borrachera y la conciencia,
entre la lujuria y el remordimiento y el cansancio.

Encontrarse, de pronto, con las manos vacías,
con el corazón vacío,
con la memoria como una ventana hacia la obscuridad,
y preguntarse: ¿qué hice?, ¿qué fui?, ¿en donde estuve?
Sombra perdida entre las sombras,
¿cómo recuperarte, rehacerte, vida?

Nadie puede vivir de cara a la verdad
sin caer enfermo o dolerse hasta los huesos.
Porque la verdad es que somos débiles y miserables
y necesitamos amar, ampararnos, esperar, creer y
afirmar.
No podemos vivir a la intemperie
en el solo minuto que nos es dado.
¡Qué hermosa palabra “Dios”, larga
y útil al miedo, salvadora!
Aprendemos a cerrar los labios del corazón
cuando quiera decirla,
y enseñémosle a vivir en su sangre,
a revolcarse en su sangre limitada.

no hay más que esta ternura que siento hacia ti,
engañado,
porque algún día vas a abrir los ojos
y mirarás tus ojos cerrados para siempre.
no hay más que esta ternura de mí mismo
que estoy abierto como un árbol,
plantado como un árbol, recorriéndolo todo.

He aquí la verdad: hacer las máscaras,
recitar las voces, elaborar los sueños,
Ponerse el rostro del enamorado,
la cara del que sufre,
la faz del que sonríe,
el día lunes, y el martes, y el mes de marzo
y el año de la solidaridad humana,
y comer a las horas lo mejor que se pueda,
y dormir y ayuntar,
y seguirse entrenando ocultamente para el evento final
del que no habrá testigos.

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Leviatanes.

La creación de instituciones que regulen, normen y vigilen los comportamientos humanos es una de las grandes promesas del desarrollo histórico humano. Las instituciones como garantes del orden social constituyen un símbolo y (supuestamente) prueba del progreso humano. Sin embargo hoy que cuestionamos nociones como modernidad y progreso no se levanta el mismo número de voces en contra de las instituciones si no es para quejarse de ellas. No es difícil adivinar el por qué. Mientras que progreso o modernidad son conceptos teóricas que sustentan la creación y configuración de las instituciones, estas últimas son procesos de hecho en los que participamos cotidianamente. Podemos negar la existencia de un progreso en nuestras mentes pero difícilmente dejaremos de participar en nuestra sociedad y de usar sus mecanismos de regulación.

Es difícil dar una definición unívoca de lo que es una institución. El uso de la palabra es relativamente reciente pero hace uso de la raíz latina statuere que significa establecer. La institución es la acción y efecto de establecer algo en un determinado lugar. A diferencia de otras palabras de la misma raíz, institución hace en la mayoría de usos referencia a un fenómeno social del cual forma parte la sociedad misma. Por ejemplo, mientras que la palabra constitución se ha modificado hasta definirse como: el conjunto de normas que regulan un Estado y que como tales son un fenómeno producto de una sociedad o cuerpo político sin ser el mismo conjunto humano, la palabra institución implica la participación de una parte de la sociedad que la construye y le da forma. Por supuesto no es esta una definición unívoca, los cuerpos normativos también pueden verse como instituciones pero no es ese el lugar al que quiero apuntar. Sigue leyendo

La nube en pantalones – Vladimir Maiakovski

A vuestros pensamientos que sueñan

sobre sus sesos reblandecidos
como un gordo lacayo sobre un sofá grasiento
quiero irritarlos
con un jirón sangriento de mi corazón,
me burlaré hasta hartarme, mordaz y atrevido.

¡No tengo en el alma ni una sola cana
ni tampoco hay en ella ternura senil!
Ensordeciendo al mundo
con el poder de mi voz avanzo hermoso,
con mis veintidós años de existencia.

¡Los delicados
tocan el amor con tiernos violines!
Pero el rudo se sirve de timbales.
Prueben, como yo,
a darse vuelta como un guante
y ser todo labios.

Salga a aprender
desde su sala de batista
la ceremoniosa funcionaria de liga angelical.

Y también la que hojea en silencio sus labios
como una cocinera un libro de recetas.

Si lo desean
comeré carne hasta ponerme rabioso
-y, como el cielo, mudaré de tonos-; si lo desean
seré impecablemente tierno.
No un hombre,
¡sino una nube en pantalones!

No creo que exista una Niza florida.
Por mi conducto otra vez serán loados
todos los hombres que yacen como un hospital
y todas las mujeres gastadas como un refrán. Sigue leyendo

Habemus Peña

Hace ya un mes que el señor Enrique Peña es presidente de México y por el momento es poco probable que lo deje de ser en los próximos seis años. Su ascenso al poder es el regreso del PRI al poder, el regreso del partido que dominó México durante setenta años. Muchos consideramos que se realizó un fraude electoral pero es difícil afirmar el cómo y el por qué sobretodo por el hecho de que, aún cuando haya existido el fraude, realmente contó con el apoyo de una cantidad muy grande de votantes.

¿Por qué votaron muchas personas por el candidato priísta? Unos dicen que por ignorancia, sostienen que el PRI se aprovecha de la pobreza de las personas para convencerlas con promesas que, “como toda la clase política”, no piensan cumplir. O bien, que se aprovechan de la pobreza y la ignorancia para comprar a la gente con baratijas como despensas y tarjetas de soriana. O bien que se aprovechan de las necesidades de la gente para cooptarla y comprarla con las limosnas que dan las organizaciones corporativas. Estas críticas no son hechas en balde. Es cierto que estamos atorados en esta economía estancada, carente de empleo, con caída del poder adquisitivo, etc., etc., etc., y que las personas tomamos las oportunidades que tenemos para salir del hoyo o aunque sea para no caer tan rápido pero eso no es necesariamente producto de la pobreza, ni de la ignorancia. Además cuando hablamos de los demás calificándolos como pobres o ignorantes necesariamente nos colocamos en el lugar donde nosotros estamos fuera de esa pobreza (como estatuto de necesidad) y/o de esa ignorancia. Sigue leyendo

PRI y ciudadanía

México se halla, de nuevo, en una coyuntura política electoral. Para ser precisos la quinta. Cinco coyunturas políticas seguidas más bien suenan a que algo se encuentra demasiado fracturado. En veinticuatro años la situación se ha repetido una y otra vez: el gran enemigo es el PRI. Dos veces ha sido aparentemente vencido, la primera para retornar con fuerza en el legislativo, la segunda para retornar con fuerza en las gobernaturas. En realidad nunca se ha vencido al PRI. ¿Por qué?

Las razones son muchísimas y las desconozco con precisión pero quiero anotar mi hipótesis: El PRI no ha sido derrotado porque los partidos y la ciudadanía continúan operando como en tiempos del PRI-gobierno en gran medida. Los partidos, las organizaciones políticas, los sindicatos y muchas otras instituciones continúan siendo profundamente corporativos y clientelares. Claro que no en los términos en que el PRI-Estado gobernaba y aglutinaba todo pero sí en el funcionamiento operativo con el que las organizaciones políticas son incapaces de establecer diálogos o llegar a acuerdos, polariza la sociedad e impide la ciudadanización política de sus miembros. Por ende, sin la dirección del partido único la democracia resultante es inoperante.

El corporativismo es: un sistema de intermediación de intereses compuesto por esquemas (organizaciones) que actúan para la regulación político-social a partir de, por un lado, constituírse de una manera no bien definida entre la asociación y la agrupación de intereses; y por otro lado del reconocimiento o autorización e incluso creación por parte del Estado (al menos una de sus partes) a cambio de poder influir en su forma organizacional o sus acciones mismas.(1)  Es decir es un conjunto de personas que, sin seguir una idea del todo específica, se reúnen para lograr alcanzar sus objetivos, para lo cual dejan que el gobierno o los sectores de poder tengan injerencia en sus formas de organizarse y de actuar. Con ello surgen o se convierten en grupos de apoyo y soporte de ese poder tornándolo una corporación jerárquica y vertical.

No es difícil encontrar organizaciones de ese corte en nuestro país como el movimiento Antorcha Campesina o el Frente Popular Francisco Villa. Pero, ¿es posible imaginarse que nuestras organizaciones políticas sean diferentes? Al menos imaginarse de principio sí. De manera muy esquemática yo diría que en una sociedad donde se reconoce que el problema de vivienda (por poner un ejemplo) es social y políticamente relevante se puede buscar acceder a que la vivienda sea un problema resuelto de manera estructural. Esto es exigir a la sociedad y al gobierno que existan políticas públicas que tiendan a disminuir de manera sistemática el problema de vivienda con todas las implicaciones económicas, sociales y legales que pudieran surgir. De esta manera un movimiento no exige que les sean dadas casas a sus agremiados sino que se atienda el problema de manera integral; tal movimiento existe para resolver ese problema en un número indeterminado de casos; y a cambio se puede apoyar políticamente a quien o a quienes generen una agenda política al respecto.

En todos los lugares hay formas de reciprocidad política a partir de organizaciones políticas pero no en todos los lugares las organizaciones terminan apoyando sistemáticamente a la misma persona, grupo u organización; tampoco tienen porqué apoyar y menos de forma permanente con recursos económicos, horas de trabajo, presión política y menos aún con expresiones políticas más allá de su agenda particular. El problema en México es que muchas organizaciones civiles y políticas trabajan para otra estructura por encima de ellas, lo que revela una acción social conjunta para mantener la estructura de poder que actúa de manera jerárquica y antidemocrática independientemente de que esto sirva para hacer cumplir la ley, apoyar los derechos y necesidades de otras personas que no sean miembros e incluso, en determinadas ocasiones, de poder lograr sus propios objetivos.

En nuestro país el corporativismo va de la mano con el clientelismo político. Éste se define como: “el intercambio de bienes y servicios por apoyo político” (2). De manera general esa es la relación de legitimidad de cualquier estructura política, lo que caracteriza al clientelismo es que este intercambio ocurre entre dos personas con poder desigual; que de ellas la que tiene mayor poder decide la distribución de los bienes y servicios; que lo decide de manera arbitraria respecto del resto de la sociedad y que se genera una relación de dependencia entre ambos. Esta relación política genera un modelo de exclusión política y de distribución desigual de los bienes y servicios; luego genera el sometimiento político de cierto actor político y el uso o determinación discrecional del derecho. En menos palabras: impide la ley y la democracia.

Corporativismo y clientelismo no son enemigos absolutos de la humanidad. Son organizaciones políticas que han sido útiles históricamente y que algún día podrían volver a serlo. El clientelismo es una forma esencialmente moral de control político y sin duda es aplicable en muchos ámbitos sociales. El corporativismo fue la estrategia utilizada por los gobiernos del PRI y sus antecesores (Carranza a Ávila Camacho) para desmantelar el poder político porfirista y alcanzar importantes logros sociales. El problema surge cuando, finalmente, el PRI se hace del poder: en primer lugar no tienen por qué permitir ni invitar a que nadie más se integre a la organización de poder; en segundo lugar la estructura del poder y las personas que la ocupan en determinado momento ya no tienen por qué apoyar a las partes del corporativo y menos aún a aquellos que no forman parte de él; en tercer lugar el sistema se envicia al no permitir sistemáticamente la entrada al poder político de otros sectores y que éstos tengan la oportunidad de satisfacer sus necesidades y ambiciones. Esto ocurrió, a más tardar, a finales de los cincuentas, cuando el sistema ya no pudo cumplir las necesidades de muchos grupos y se empezó a degradar al tiempo que más y más voces clamaban por nuevos derechos y mayor democracia.

La historia es conocida.  Los diversos grupos que clamaban por mayores derechos políticos y sociales eventualmente fueron reprimidos. Con ello se les obligó a tomar una de tres vías: pasar a la clandestinidad optando por vías de acción pacíficas y/o violentas, permanecer en un estado de latencia generalmente escondidos bajo los círculos estudiantiles y académicos o, finalmente, pasar a ser parte del sistema para incorporar reformas paulatinas al sistema. En los dos primeros casos ello condujo a un proceso de cerrazón ideológica por los movimientos en la medida en que se veían bloqueados por la coerción directa o por la disuación de no poder destruir el sistema corporativo ni socavar sus bases sociales. Con ello optaron por vías que exigían y trabajaban relativamente poco en favor de incrementar la democracia. Toda ideología política debe servir para lograr los fines en que se fundamenta, si no lo logra no significa que sus ideales estén errados sino que sus medios son inadecuados. La guerrilla, la acción política independiente y el academicismo crítico pronto se volvieron discursos constantes que no avanzaron gran cosa en la persecusión de sus fines y que fueron incapaces de lograr diálogo con los sectores sociales que preferían mantenerse apegados al sistema, eventualmente muchos optaron por un soliloquio dogmático e inefectivo. Mientras los guerrilleros fueron casi exterminados los círculos académicos y estudiantiles se tornaron formas parasitarias en torno al sistema.

Por otro lado quienes se integraron al sistema político hegemónico fueron consiguiendo cambios paulatinos pero al mismo tiempo se infectaron de muchos de los mismos vicios del sistema entre los que se cuentan el corporativismo y el uso clientelar del poder. Pero las tres vías, juntas o por separado, han contribuído a incrementar nuestra democracia de manera lenta y paulatina así como ha introducir muchas mejoras en nuestra nación. Desde la guerrilla más radical hasta el Partido Acción Nacional y muchos sectores del PRI contribuyeron a modernizar muchos aspectos de la vida nacional. El problema es que no ocurrió con el ritmo y velocidad necesarias ni lograron encontrar las soluciones que hubieran permitido una nación mucho más próspera y menos violenta que la de hoy.

El Estado contemporáneo, el gobierno como su institución más palpable, está construído sobre la noción del derecho: una serie de normas donde se plasma lo que el individuo merece por parte del resto de la sociedad para seguir siendo ese individuo. El sólo hecho de tener derechos le vincula socialmente y lo hace tener una serie de obligaciones para cumplir con el mismo derecho en los demás individuos. Por ello el derecho tiene un carácter universal y su aplicación debe ser imparcial desde el momento en que dos personas son iguales como individuos ante la ley y sólo serán medidas por el cumplimiento o desobediencia hacia la misma ley. El Estado moderno fue creado por determinados grupos para instaurar y hacer valer lo que consideraban sus derechos, posteriormente otras personas se han sumado a esta forma política incorporando sus propios derechos para conformar naciones más incluyentes. Pero para incorporarse se ha tenido que reforzar el principio de universalidad mediante la disminución del uso faccioso del poder, es decir, si tengo más poder como ciudadano hago valer más mi derecho. Eventualmente este proceso de ciudadanización y empoderamiento pasa por la creación de organizaciones sociales que son nuevas ejercicios facciosos del poder y entonces el derecho pierde su universalidad mientras que su aplicación pierde imparcialidad. En cambio, si mi poder es más semejante al del otro los dos estamos en condición de reclamar nuestros derechos y de negociar la manera de alcanzar su cumplimiento aunque sin organización política rara vez se logra. En cierta perspectiva, a grosso modo expuesta, es  mi forma de ver el origen conflictivo y contradictorio, justificación de la democracia contra la cual atenta el corporativismo, el clientelismo y el dogmatismo ideológico.

La democracia teórica tiene serios defectos y las democracias tal y como existen tienen otros peores. Hemos visto en México y en todos los países que esgrimen ejercer tal sistema político que aún no encontramos la forma de que la gente valga por igual ante la ley, que los grupos de interés no desaparecen pues no todas sus ambiciones y necesidades son satisfechas por la democracia. Se sabe que hay derechos que se contradicen en la letra y/o se contraponen en su aplicación. Reconocemos ahora que la democracia significa la instauración de un Estado que amenaza devorar al individuo e incluso a la sociedad, que sume al individuo en una neurosis individual y colectiva, que depende de la existencia de medios informativos que multiplican las versiones de la “verdad” infinitamente hasta crear tantas verdades como medios o actores políticos hay. Hemos visto esos y muchos otros problemas, pero al mismo tiempo no hemos encontrado otro sistema que asegure la capacidad de las minorías de llevar a la agenda pública sus necesidades para ser discutidas y, de ser aceptadas, satisfechas. Sobre la violencia no cabe como refutación aquí ya que es un medio y no un sistema político estable, es indudable que así como viola la democracia podría bien llevar a ella.

La Democracia, la Ley y el Estado encuentran su articulación en la figura del Ciudadano. Éste es una forma del individuo pero no es equiparable a él. Una persona puede ser un creyente, un practicante, un trabajador, un hombre, una mujer, etcétera; pero cada uno de esos calificativos es una faceta o forma de verla así como otra es la del Ciudadano. Con esta palabra se designa la personalidad política de una persona, se apunta a un individuo en tanto es reconocido como perteneciente a una sociedad con determinados derechos y obligaciones acorde al Estado de Derecho. El ciudadano es aquél en quien recae la ley y, por tanto, eventualmente el que la exige y el que la cumple. Por ello la condición de ciudadanía no depende únicamente de que el gobierno se la reconozca sino que es el propio individuo el que debe asegurar y preservar esta identidad jurídica en su relación cotidiana con la sociedad y con el Estado. El ciudadano puede y debe mejorar su condición política conociendo las leyes, las funciones del Estado y participando en su gobierno, lo que con sus bemoles significa participar en la democracia. Significa entonces que debe entender el carácter universal de la ley y exigir la imparcialidad de su aplicación a las instituciones. Significa que sólo se hace ciudadano si participa políticamente en alguna medida.

Las múltiples dimensiones del hombre pueden o no ser contradictorias, pueden o no ser complementarias. Por ejemplo: una persona puede ser un judeocristiano creyente y practicante puede obedecer el quinto mandamiento “No matarás”, lo que puede entrar en acuerdo con las disposiciones legales que condenan el homicidio, el asesinato o la ayuda al suicida; sin embargo el mismo mandamiento puede entrar en contradicción con leyes acerca de interrupción del embarazo, atenuantes de homicidio, eutanasia, entre otras. Su personalidad religiosa es responsabilidad de él ante la grey de la que forma parte, pero su personalidad legal es su responsabilidad ante el Estado nación u organismo supranacional del que forma parte. El individuo tiene que lidiar con ello y ver a cuál privilegiar pero la estabilidad social fundamentada en el pacto de derechos establecido en la Constitución sólo se logra privilegiando su personalidad ciudadana sobre otras.

Por otro lado pero en el mismo sentido, no hay que confundir la personalidad ética y/o moral con la personalidad política/ciudadana. Hace tiempo se hizo muy popular un video que acusaba todo el problema a la moral de las personas dando por hecho muchas nociones y exigencias que no son tan claras como parece creer quien lo realiza; pero ante todo supone que los deberes civiles están ligados y hasta subordinados a los deberes morales cosa que es profundamente falsa. No se llega a una moral coherente ni universalmente satisfactoria de la noche a la mañana y ésta, por completa que sea, no tiene por qué ser congruente con el sistema legal existente. Y, sobre el tema que nos ocupa, puede llegar a ser moralmente muy bueno ser leales a un compromiso clientelar pero no es en derecho ni siquiera un poco aceptable.

De forma que he ahí mi hipótesis: no somos ciudadanos en el México de hoy en día. Hay demasiados intereses y grupos creados que se niegan a acatar las responsabilidades explícitas e implícitas de ser ciudadano de un país y que intentan hacer pasar por ciudadanía juicios y acciones más ligadas a intereses particulares o esquemas categoriales de una índole completamente distinta, preferimos descalificar que reconocer cómo nos ayuda nuestra organización política. El primer paso para aprender a ser ciudadanos es leer la ley. El segundo es cumplirla. Ello no nos hace buenas personas. Un excelente ciudadano puede ser una porquería de persona y una buena persona no tiene que seguir en todo momento la ley. Pero, posiblemente, ser un buen ciudadano o, al menos, un buen prospecto de tal mediante la lectura de la ley es un buen paso para 1) mejorar nuestra sociedad y 2) ser una persona moralmente consistente.

El sistema corporativo tiene una caducidad natural pero ésta es cada vez más lejana en la medida en que, todos aquellos que no estamos integrados o relacionados de la misma manera a él, no podemos encontrar formas de construir puentes comunicativos, organización política, ni respuestas efectivas a las necesidades de todas aquellas personas que viven del sistema corporativo en distintas medidas empezando por las bases. Por supuesto no hemos logrado que los partidos limiten sus privilegios corporativos ya que es la fuente de su poder. Si nuestro programa más importante en elecciones es la democracia entonces ese gran voto duro, corporativo y clientelar es nuestro mayor fracaso. Esa es una de las razones por las que el PRI seguirá presente entre nosotros mucho tiempo.

Atte. Ilyadad

(1) Tal definición la extraigo de  http://www.bibliojuridica.org/libros/4/1627/5.pdf pág. 3 y ss.
(2) Como se lee en http://www.ejournal.unam.mx/rms/2010-1/RMS010000105.pdf pág. 3 y ss.
http://es.wikipedia.org/wiki/Corporativismo
http://es.wikipedia.org/wiki/Clientelismo_pol%C3%ADtico

El hombre que tenía una tristeza

Érase una vez un hombre que tenía una bella tristeza. No era un hombre triste sino un hombre que guardaba una tristeza. Hombre infeliz y doliente a todas horas se veía consumido por ese sentimiento que lo acosaba y al cual, sin embargo, guardaba con gran recelo. Un día el hombre volteó al espejo y encontró un hombre avejentado y jorobado, ojeroso y pálido, sumamente cansado al cual no recordaba haber visto. Incrédulo se movió varias veces ante el espejo e incluso revisó éste esperando fuera una broma extraña de alguien más o, al menos, de su mente. Hubo de reconocer que era él, que la tristeza lo había consumido y que su vida corría gran peligro. Fue por ello, algo así como un despertar repentino a la vida, que decidió deshacerse de su tristeza.

Corrió a un lago cercano y mirose en el agua clara, abrió la boca y esperó a que la tristeza saliera por ella pero nada pasó. Esa tristeza se había anidado profundamente y se negaba a salir del tibio hueco en el pecho del hombre. Entonces corrió a un pirul y compartió su llanto con los del gran árbol. Trazó en su rostro líneas colgantes de lágrimas como las hojas que de la copa resbalan y cristalizó al sol el agua salina en sus mejillas como el llanto resinoso del árbol enfermo. Pero la tristeza tampoco salió. Después de varios intentos decidió que había que matar a la tristeza y pagó noche tras noche carteleras de comedia en cines y teatros buscando aminorar su poder para extirparla. Luego acudió a los más disímiles pasatiempos para olvidar a la tristeza a ver si se secaba pero todo fue en vano. La tristeza se negaba a morir.

Viendo que no era posible separase de ella redobló sus esfuerzos intentando bellos romances y preciosas amistades que lo sacaran del letargo en que lo sumía la tirana de su pecho. Pero tampoco fue posible. Hasta los momentos más alegres y los más risueños remitían a un dejo de melancolía con que la tristeza le recordaba su presencia. Al final decidió acudir a alguien más capacitado para que le ayudase. Fue con médicos, psicólogos y psiquiatras y les contó de su caso. Ellos prometieron ayudarle y por esfuerzo no pararon. Le recomendaron una serie de actividades y cambios en su vida, al parejo le dieron pócimas y pastillas que embriagaban aquel soberano sentimiento y que jamás dieron visos de desterrarlo. Junto con estos remedios recibió terapia el buen hombre y ahí removieron sus recuerdos y sus olvidos, su pasado y su presente, en ellos los médicos vieron los indicios de lugares donde la tristeza se pudo haber metido o gestado o sencillamente aparecido.

Todo fue inútil. Aquel desdichado seguía compungido y nada podía sacarlo de ese estado. Sucedió entonces que en aquellas sesiones brotó a su conciencia un humilde recuerdo, uno muy débil mas no por ello menos hermoso. Cuando era niño solía ver, en ciertas ocasiones, volar a su alrededor cientos o miles de hormigas rojas, que con sus extremidades de apareamiento, buscaban donde establecer su nueva familia. La vista era hermosa sintiéndose nadar en una tormenta de hadas malditas mientras los animales por doquier disfrutaban el festín de aquellas que tan sólo buscaban un refugio después de haber amado. Un día perdió la novedad el evento, sería acaso el cansancio y los raspones del juego o el que ya estuviera dejando de ser un niño, y dedicose a ver el espectáculo toda la tarde hasta que una de ellas cayó, llevada por el viento, en su mano.

Movido por la curiosidad el jovenzuelo la acercó a su rostro y comprendió de inmediato la agonía por cansancio que sufría el pequeño animalillo. En un momento su corazón mudó y de su tradicional diversión pasó a una curiosidad compasiva que le hizo preguntarle de donde venía. La hormiga respondió que el origen de su jornada se hallaba a tres colinas de donde había caído y que se hallaba extenuada. Curioso el joven volvió a inquirir “¿y porque has volado tanto?” y la hormiga respondió “hoy, cuando el sol calentaba la mañana, salí de mi agujero dispuesta a amar a mi especie, mi familia, en la caricia de un zángano que me ha ofrendado su semilla, en la mirada cariñosa de las guardianas del hormiguero y en la bella promesa de la colonia que intento fundar… por ese amor he volado tanto”. Incapaz de refrenar sus dudas el chamaquillo prosiguió “y no era acaso suficiente con que volaras un poco, ¿para que volar tanto que arriesgas tu vida?”. El animal ya moribundo respondió: “he volado con ahínco porque mi familia se acaba, se muere. Mientras los caminos del hombre se esparcen menos tierra existe para formar nuestros nidos. Una desolación invade el hormiguero, agobia a mi madre, al saber que posiblemente nos aguarda un triste destino. Hacer menos esfuerzo hubiera faltado al respeto del amor que me fue prodigado en mi crianza, en mi sustento y en la caricia con la que comenzó este día. Por eso he volado hasta aquí como todas ellas, sabiendo que nos enfrentamos, por igual, a la muerte.” En ese momento la compasión inundó a aquel que contemplaba tal desgracia “¿hay algo que pueda hacer por ti? -le dijo- no quisiera que tu muerte fuera en vano.” “Nada puedes -le contestó- pues ahora que me enfrento a mi final veo con claridad que nuestro fin está marcado, así solo ésto te pido: apresura mi final.” Obediente las manos rojizas de raspones del niño colocaron la hormiga en la punta de uno de sus dedos sobre la que rápidamente aplicó el dedo pulgar dando fin a la desdichada. Fue entonces cuando sintió por primera vez una genuina melancolía.

Habiendo recordado ello, aquel niño ahora hecho hombre, corrió a decírselo a los doctores. Les narro la historia entera y les enseñó su dedo. No solo estaba seguro de que era la hormiga la que le había contagiado la tristeza sino que estaba seguro que ésta se había metido por aquellos dedos que, en aquel entonces, tuvieron tantas magulladuras. Los doctores pacientemente le hicieron ver que la tristeza no se contagiaba y le explicaron sobre la mente y los sentimientos y muchas otras cosas de las cuales a veces comprendía y otras tantas no. Al final el hombre estaba más convencido que nunca que la hormiga le había contagiado la tristeza y de que aquellos galenos no podrían con su problema. Así que regresó a su casa, cansado de nuevo, agobiado, melancólico, decaído y nostálgico. Se tendió en la cama y mirando al techo reflexionó. Si lo pensaba no era tan grave tener una tristeza. No era agradable pero eso era porque ¡precisamente era una tristeza! Además esa tristeza era un regalo, el de una raza moribunda, el de un amor desperdiciado, una triste broma de los dioses que se manifestaba en un efímero animalito.  Y ese animalito se la había regalado de manera franca y sincera. Era, sin dudarlo, el regalo más bello que le habían dado en su vida.

Aun así seguía siendo peligroso. Así que fuese regalo o no decidió devolverlo por lo que fue a los lugares de su niñez y buscó con ahínco un hormiguero para devolverle la tristeza a alguien. Quizá reconociendo su origen la tristeza se saldría. Pero no encontró el hormiguero adecuado, aquellos que visitó eran de especies completamente distintas y no unas hormigas rojas, carmesí, ligeramente grandes como él recordaba a aquella pequeña y sufriente amiga de unos instantes. De ahí se dirigió a ver un biólogo. Después de haberle explicado pacientemente qué clase de hormigas buscaba el científico hizo una mueca y le relató que hacía unos años esas hormigas habían desaparecido, precisamente, en los rumbos donde aquel triste hombre fuera niño, ahí también fueron los últimos hábitats de aquellas moradoras.

Desesperanzado volvió a su casa. No podría librarse de esa tristeza nunca más. Era inútil seguir buscando remedio. Era una tristeza indestructible producto de un pueblo extinto. “¿Por qué -pensaba él -sería capaz de erradicar de mi corazón semejante loza?”. Entonces vino a su mente la repentina solución: disfrutaría su tristeza hondamente, la cultivaría, la cuidaría, la protegería de las alegrías inclementes. Si él se hallaba triste con su tristeza, ésta sería dichosa en un corazón amargado. Preparó todo cuidadosamente pintando su casa de tonos oscuros y sellando las ventanas. Cambio las luces por candiles y vistió sus ropas más raídas e incómodas.

Se dedicó al recuerdo para avivar la nostalgia visitando las casas de antiguos amores, viejos amigos, las tumbas de quienes se habían ido y otros pormenores con los que amamantó vivamente la tristeza. Contempló la muerte de cerca, no para ver los cadáveres, sino para apreciar con viveza las lágrimas de quienes les rendían tributo en los velorios y verse contagiado de su desesperación. Armose con la biblioteca más cuidada de todos los poetas que habían compuesto los lamentos y odas más amargas. Contempló la tragedia humana, la pobreza de la vida, la desesperación de los pobres, los oprimidos y los exiliados. La tragicomedia de los caídos en desgracia, los amantes de la bebida, los abandonados por dios. Incluso visitó a las plañideras indagando en sus llantos.

Años vivió de esa manera y, mientras, en su corazón la tristeza creció integrándose al órgano y a sus venas. Éste, agotado, empezó a marchitarse y hacerse pequeño. Al principio el hombre sufrió mareos, más adelante empezó a tornarse pálido y finalmente se tornó más mounstroso de lo que originalmente se viera en el espejo. Jadeante y sin corazón le dejo de importar la vida y dejó de importarle la tristeza.  Se dio cuenta de pronto, que la tristeza moriría con él. Aun siendo tan poderosa sobre su corazón era, por sí sola, otra insignificancia de la vida y que a su muerte se esfumaría en el viento. Sintiéndose fracasado en su cruzada contra y a favor de su tristeza se entregó a la muerte y un día su corazón, empequeñecido, dejó de palpitar. La tristeza por su parte sin un corazón que la alimentara también en pocas horas murió.

El hombre fue enterrado después de un homenaje sencillo pero cariñoso. Irrisoriamente su entierro fue un conjunto de alegrías y cantos en que la gente intentaba rendirle homenaje. Finalmente fue depositado en la fosa y al poco tiempo olvidado. Sucedió entonces, dentro de la tumba, Su corazón se había hecho tan pequeño y duro por la tristeza que era incapaz de podrirse como el resto del cuerpo. Un día aquel minúsculo órgano desecado se partió y de sus entrañas surgió una pequeña cabecita roja con dos fieras mandíbulas. Dos antenas poco a poco se estiraron mientras una pata delgada y puntiaguda las alaciaba. Cuando estuvo listo el animalito salió y pudo apreciarse que tenía dos alas grandes y hermosas. De inmediato se puso a buscar la salida de aquella cueva de costillares, de aquel féretro aprisionador y subió por huequillos en la tierra. Cuando llegó al cielo respiró tranquila sabiéndose sola pero fecundada en su interior. Esperanzada extendió las alas y se dejó arrastrar por el viento.

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Ilya

México (execrencia) en tus sentidos

En el Zócalo de la Ciudad de México se halla en estos días una exposición itinerante titulada México en tus sentidos que corresponde a un trabajo realizado por el fotógrafo Willy Zousa. No me andaré por las ramas: esa exposición es una porquería. Por lo que a mí respecta me parece un uso indebido de material, recursos humanos, dinero y espacio. El señor es un profesional en su materia y baste ver su currículum para darnos cuenta de las grandes habilidades técnicas y estéticas que sabe plasmar en su trabajo pero el haber hecho esta exposición demuestra la pauta ideologizante, puritana, sistémica, conservadora y empresarial de su trabajo. Ni la calidad de las imágenes ni los recursos técnicos usados en ella son suficiente materia para que le perdone el realizar el espectáculo alienante que nos es presentado en la plaza mayor de nuestra ciudad.Imágenes prefabricadas, paradisiacos escenarios, visiones utópicas de nuestra sociedad y una visión de la diversidad étnica de nuestro país como una reunión de exotismos culturales. Imágenes que se construyen dentro de los esquemas contemporáneos de la fotografía y además con una construcción propia del marketing, de la imagen promocional, de los modelos ideales de nuestro gran México lleno de encantadores indígenas y grandes tradiciones mestizas que son confluencia de nuestra herencia ancestral y del dominio español. ¿En qué país vive este individuo? ¿En el del presidente que inauguró su exposición? Creo que sí pues no hay imagen alguna que contradiga al preciso en sus fantasías oníricas de unos rarámuris místicos y enigmáticos, unas comunidades chiapanecas cuya única virtud debe ser la artesanía pues no se muestra mucho más de ellos o los paisajes arquitectónicos que destacan por la falta de seres humanos en sus cercanías o, peor, aparecen éstos bailando bellos bailes tradicionales en los techos de las iglesias y otros monumentos.

Por si esto fuera poco la chaquetez mental de estos lacayos de Azcárraga raya en el absurdo con su estúpida presentación de cinco minutos que desborda un aire a comercial turístico, que muestra nuestros grupos étnicos y culturales y sus características como imponentes monumentos de nuestra identidad nacional y que se corona, oh cereza del pastel, con una presentación ultranacionalista de tres minutos de personas sosteniendo con orgullo, gozo, alegría orgasmeante el lábaro patrio todo ello acompañado de una música con tintes étnicos que, habiéndonos preparado lentamente durante toda la exposición, se convierte en una combinación de comercial de Corona con World Music la cual nos penetrará cual violación hasta lo más profundo de nuestro ser ayudado de unos subwoofers empeñados en destrozarnos los oídos e inflamarnos de amor patrio y esperanza en lo que es México.

Trato de serenarme un poco y mostrar las causas de mi enojo:
1) Esta exposición se realiza en el marco de las fiestas del bicentenario y muestra un nacionalismo ramplón, acrítico, oficialista, maniqueo, masificador e irreal.
2) La estética es desacorde con lo enfocado. Las fotos hacen uso de tomas propias de la fotografía contemporánea pero ideológicamente buscan rescatar el valor de las actitudes y costumbres tradicionales. El minimalismo artístico en muchas mediatiza lo fotografiado.
3) Sinceramente es un fotógrafo de televisa realizando una buena exposición de comerciales de televisa, de turismo de los estados y de comerciales de corona.
4) El México idealizado y paradisiaco mostrado donde no existe la tristeza, ni la historia, ni las contradicciones sociales. Es algo que tuvo su razón de ser hace 60 años, actualmente creo que deberíamos superarlo.
5) Una visión de la sociedad basada en los estereotipos más comunes, que lejos de reflejar la multiculturalidad genera un mosaico bastante homogeneizante dirigido a sectores urbanos y enfocado desde clases medias. La fridocultura (actual, no la de Khalo) y el estereotipamiento de la identidad nacional son los hilos conductores de esta exposición.
6) Este trabajo habla de un México producto de la conquista, del mestizaje de indio y español visión ampliamente superada. El abanico cultural que nos conforma ampliamente negado al no percibirse con claridad nuestras raíces africanas, antillanas, europeas, asiáticas, árabes, etc. La religión católica es la única mostrada.
7) No hay realismo, la mayoría de las tomas son preparadas. Escenarios perfectamente preparados para el disfrute del espectador que no hablan de la realidad cotidiana de México. Negación de lo urbano y de la construcción de lo nacional en los últimos cien años al menos.
8) La imbécil y falsa identificación de la charrería con lo mexicano.
9) El trabajo de marketing con todos sus aspectos de control ideológico y psiquico está preciosamente cuidado. La exposición se basa en un movimiento que envuelve al espectador para llevarlo a la idolatría de una identidad nacional inexistente. Goebbels hubiera estado orgulloso, también Microsoft o Colgate, ante el control del respetable.
10) El tratamiento del lábaro patrio es propio de un sentimentalismo barato, de un fervor patrio dogmático e ignorante. La utilización de Villa como único elemento histórico y liga a los festejos del bicentenario es absurda y patriotera.
11) La sonrisa universal de todos los mexicanos que unicamente son mestizos con fuerte raíz indígena o indígenas idealizados. Es el México de nunca jamás donde nadie padece y nadie cambia pues las tradiciones son universales y los que las viven son eternamente felices.
12) Es un absurdo usar media plancha del Zócalo para colocar una exposición ideologizante. Las fotos especificamente no requieren tanto espacio, todo es dirigido a la creación de un ambiente de recepción por parte del público. La ubicación y tamaño de la exposición parecerían más tener el propósito de ser mecanismo de control social e impedir la expresión pública en la Plaza Principal.

¿Realmente son necesarias estas exposiciones? ¿Necesitamos una visión tan pobre de México para tener una identidad y unidad nacionales? Yo pienso que no. Primero porque México no es eso, ese modelo ideológico e identitario está agotado y aunque sea atractivo por los medios empleados es insuficiente para generar una visión social de largo plazo. Segundo porque en los tiempos en que se vivió la construcción de una identidad nacional por estos medios también se tenía un sector crítico con el sistema que se encargaba de mostrar la realidad nacional desde sus propais trincheras. Tenemos desde el exterior a un Eisenstein o un Buñuel y desde el interior a un Siqueiros (al menos) hasta los escritores de la Revolución (incluso). Actualmente no hay un contrapeso crítico de estas manifestaciones por nuestra esclavitud a las dos empresas de medios o al oficialismo y a la mediatización comercial de los puntos de vista. Tercero porque ni un experto en marketing puede realmente hablar de México sin ayuda de una serie de especialistas, porque los corporativos no pueden hablar del México real desde sus expectativas de consumo y porque el Gobierno Federal está actualmente esclavizado por ambos buscando su propia credibilidad.

Sinceramente les invito a abrir un libro de historia, una revista de Cuarto Oscuro, un libro sobre pueblos indígenas del país y no perder el tiempo visitando una de las campañas fascistoides más nocivas que ha visto este país de la mano del Gobierno Federal y Televisa con complicidad del Gobierno Local.

Atte SicD

Tristeza (y vacío) de la ciudad

Tristeza de la ciudad
por favor no vuelvas.
Hoy no quiero verte aquí, no, no.
No sigas con esto más.
La gente que camina por la calle
te lo agradecerá infinitamente.

No. No, no…No, no.
No sigas con esto más.

Los abuelos de la nada

 
 
Estoy navegando en el más sublime vacío que puede el alma experimentar. Hace años pensaba que al experimentar una tristeza profunda era signo de un vacío profundo. Pero no, los sentimientos sólo pueden ser experimentados si estamos experimentando un cambio de ideas y de valores que, a pesar de todo lo que nos suceda, están ahí. Si no estuvieran, si de verdad vaciáramos nuestra mente de todo pensamiento no experimentaríamos más que el vacío más puro, que yo resultamente sostengo que sólo es posible no existiendo, así que más bien creo que no es experimentable. Mientras seamos y existamos algo tendremos que nos constituye y nos llevará a experimentar sensaciones y sentimientos como respuestas complejas a la interacción compleja de elementos percibidos y pensados. Aquello a lo que hoy se le llama el vacío de la vida moderna, urbana, contemporánea es tan sólo la crisis de esos modelos de pensamiento. La inadecuación de los múltiples elementos que conforman el horizonte personalítico como escenario de su desarrollo y como elemento estructurador del mismo. En una palabra como su ambiente. No sé bien en qué medida decir que el ambiente actual corresponde a una crisis del modelo actual o si de una manera más global el mismo sistema de pensamiento y actuar humano incluso en su sistema y metodología se encuentra en crisis. Me inclino a pensar que es una situación coyuntural a pesar de que en todo momento el sistema tiene elementos dialécticos que causan crisis personalíticas en los individuos en diferentes medidas.
 
Corrijo la primera frase de éste texto: estoy navegando en el más sublime vacío que he experimentado. Realmente tengo ganas de escribir pero no sé de qué hablarles. Todo parece a un tiempo superfluo y contingente de manera que no hay nada que me interese específicamente decir. Sin embargo tengo ganas de decir algo. Como si todo guardara una dosis de importancia sobre la cual debo opinar, inclinarme y pronunciarme. Obviamente no estoy vacío. No con esa exigencia de la que anteriormente les hablaba. Desde hace un año que he empezado a leer de sistemas metafísicos del misticísmo y de la nada. Es interesante, sin una educación profunda al respecto desde joven he tenido contacto con cierta fe hacia lo sobrenatural y lo místico aunque yo personalmente me inclino por ser un cientifiscista escéptico. La cuestión del asunto de la nada es que hay una serie de personas desde hace miles de años que buscan experimentar una diferente forma de concebir al mundo despojándose de la limitación natural inherente al sistema basado en imágenes y representaciones: la conceptualización objetualizadora normal con la que pensamos y nos comunicamos. En este respecto los ejemplos más obvios son los sistemas religiosos y por antonomasia los orientales basados en la meditación profunda y la "separación del yo". A medida que leo me doy cuenta de que todas estas formas de pensamiento se han plasmado como antagónicas al sistema conceptualizador de una manera absoluta (claro tampoco he leído tanto así que no me crean).
 
Yo me pregunto si acaso no serán más que dos intenciones (como siempre) de capacidades normales del ser humano que se hayan conceptualmente (jaja) en esta interacción dialéctica, pero que en nuestro comportamiento cotidiano se puede decir que son participantes comunes de nuestro actuar sobre el mundo. Yo nocreo que se pueda establecer una separación del mecanismo conceptualizador, podría ser quizá del sistema conceptualizador consciente que nos caracteriza como seres racionales. Pero la objetualización no puede abandonarse del todo y a continuación diré, con mi cientificísmo barato, el porque. En este análisis nos estableceremos como observadores del fenómeno pero tratemos de no inmiscuirnos en el mismo. Toda interacción se da entre sistemas más o menos delimitados por su mismo interactuar. Quitando de lado que por necesidad yo estoy hablando con conceptos o ideas que limitan los sistemas respecto de la totalidad que los contiene, una piedra como sistema parte del todo al rodar por una colina interactúa directamente con unos sistemas en mayor medida que con otros. Bueh fenomenología pura pues, aun no la entiendo bien pero espero que entiendan ustedes a lo que me refiero. Quitemos el ejemplo de la piedra porque hablamos de una cosmología muy densa. Pensemos en sistemas autonómicos como la vida misma.
 
El ADN establece interacciones con otras cadenas de ADN y de ARN. Los dos constituyen sistemas que se comunican con sistemas semejantes. Su misma interacción como fenómeno es una forma de comunicación entre sistemas que necesitan de las formalidades comunicativas para poder llevar a cabo sus funciones. De ahí que exista una objetualización previa en la misma estructura de la molécula que presupone a su interlocutor. Pensémoslo en términos más grandes. Cualquier mascota biológica a la que se le da de comer identifica el alimento. Su estructura mental lo separa de su entorno, lo objetualiza y establece que es algo con lo que puede interactuar y no en un sentido abierto, sino en un sentido bien definido. Creo que la objetualización consciente de los humanos, racionalizada y de amplio espéctro, definicional y lingüistica es un paso más dinámico de esta objetualización que permite interactuar a los sistemas con otros sistemas, en este caso al sistema individuo humano bajo las directivas mentales que corresponden a la estructura psicopersonalítica. Hay en este desarrollo del mecanismo objeto-conceptaulizador grandes limitantes que han desembocado a graves problemas de interacción con el entorno. Tenemos por ejemplo la formación de las estructuras axiológicas, de la insuficiencia de los mecanismos lógicos y, hasta el momento, pésimos resultados en nuestra capacidad de control sobre el entorno. Estas estructuras mentales buscan tener la seguridad de conocimiento del entorno para poder tomar mejores decisiones ante el ambiente y sus posibles eventualidades. Estas estructuras se han desarrollado (o las hemos desarrollado) hasta llegar a paradigmas de dominio y posesión del cosmos que, particularmente en los últimos tres siglos guiados por el poder de trasnformación europeo y occidental, han masacrado al planeta en demasiados rubros.
 
Por lo que las vías religiosas (en su sentido etimológico y espiritual original), las formas alternativas de pensar y estructurar el mundo luchan por establecer una relación más armónica con el entorno. Parte de estas son las vías místicas y la meontología. Yo creo que esto es juzgar al peleador desde los zapatos de su enemigo. Ese conjunto de pensamientos se justifica y se alienta desde la visión conceptualizadora. Cualquiera de estas vías trata de lograr una comunión con los demás sistemas independiente de su interacción. Se trata de borrar la sensación de agresión, conflicto, lucha, enfrentamiento al mundo y asumirlo desde él. Creo que eso es fácil de vivir. Creo que el vitalismo como la religión hablan de ello. La acción, la voluntad, no pueden llevarse a cabo como parte del mundo conceptualizado. Es obvio que la exigencia de conceptualizar al mundo lleva a un estatismo de la acción, a una ética de la inacción donde no podemos encarar al mundo dada la cantidad de datos no racionalizados, interpretaciones posibles, complejidad del mundo mismo, que no están incluídos en las razones que tenemos para hacer tal o cual cosa. Sólo porque tenemos muchos presupuestos no objetivables ni definibles del todo es que tenemos voluntad y capacidad de seguir avanzando en nuestra vida. Ambas formas de pensamiento existen en nuestra mente. Los intrincados mecanismos del subconsciente, los mecanismos de la fe, la verdad y la validación y tantas otras cosas no caen dentro de los esquémas lógicos ni definicionales. Si asumimos esto como una capacidad al tiempo que le restamos importancia al sistema ordenador del mundo creo que llegamos a una mejor comprensión de nuestra propia naturaleza humana.
 
El aceptar la propia ignorancia, el abandono de sí, muchas cosas por el estilo me parecen parte de ese mismo camino de integración hacia el todo. Pero no existe una integración absoluta. Alguien me puede decir que porque no la he experimentado. Quizás sea eso cierto pero dudo mucho que lo sea. En algún punto la conceptualización está ayudando a esa forma de pensamiento a autofirmarse y estructurar el sistema de pensamiento del individuo. He optado por pensar que un esceptiscismo que de verdad va desechando aquello que no le parece verdad se acerca a esta vía de integración con la interacción absoluta y universal del cosmos dinámico. ¿En qué parte del proceso voy? ¿Hasta donde llegaré? Es todo un misterio. Realmente no es mi intención optar por tal senda, es mi misma melancolía la que me orilla a saltar al mar del caos o del vacío. Hoy experimento un vacío bastante más absoluto que ayer. De muy poco me atrevería a decir que es y tampoco creo que (a pesar del choro revuelto que me acabo de aventar) haya algo de lo que sea importante (tal cual) hablar. Quizás por eso no pude amar a la montaña, porque me pesan otros afectos. No podía prestarle atención a la belleza que podía encontrar en la montaña porque mi mente estaba estresada y pensando en otras cosas con más fuerza. Sin embargo no creo que eso haya sido una pérdida de tiempo, a menos de que sea capaz de discernir la teleología, el utilitarismo, la complejidad de lo que subyace a mi manera de priorizar mis pensamientos entonces no voy a justificar ni que sea más importante la montaña y la experiencia que conlleva ni mis otras preocupaciones en la vida. Realmente nada tiene tanta importancia y si despojamos a todo de sus valoraciones objetualizadas nada tiene importancia.
 
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Bueno ok, estoy de acuerdo en que posiblemente no se entendió ni un comino de lo que quise decir. Aun estoy tratando de ordenarlo. Realmente yo no he experimentado más vacío que el de estos días y no me voy a poner a intentar alcanzar el nirvana. Mi vacío cumple con funciones ética, epistémica y cotidianamente críticas y eso me basta. Claro no es que disfrute sobremanera esta sensación de pérdida pero también soy capaz de recubrirla de las mieles de cierto cinísmo y descaro por todo aquello que me ayuda a conseguir. Un día me tornaré viejo y mi vacío se desgastará al sucumbir ante esos principios vueltos dogmas que tanto me cuesta construir ahora. De todas formas este vacío aun es acompañado por una pequeña tristeza. En realidad no es tan pequeña.  Es mi tristeza de la ciudad.
 
Lo que me causa tristeza cuando por las noches vago
es que no creo en la cordialidad de mis amigos más estimados
deconfío de sus buenos gestos y me aferro a sus maldades
pues de los hombres no espero más que las peores acciones,
¡qué otra cosa puede esperase de seres tan deleznables!
Si no conociera mi alma reiría sin pena junto a ellos
pero sin ser rey ni mendigo tan sólo bebo mientras espero
que me apuñalen cual viles humanos traicioneros.
Es que en cierto momento dejaron de ser desconocidos
para pasar a ser hermanos, amantes del destino,
y a partir de entonces su maldad me hiere como me hiere la mía
la bebida se amarga, el cigarro muere y se apaga la alegría.
 
Me causa pena invocar tu nombre
como quien ora a una estatua vacía.
 
Me causa tristeza el futuro incierto
al caminar por laberintos de concreto.
 
Me causa dolor ver la sangre ajena
como si yo la hubiese derramado
como si fuese mía aunque no lo sea.
Me causa vergüenza desear desesperado
ver su sangre manchar mis plantas
y sentir el mango asesino entre mis manos.
 
Una mirada tuya no me vendría mal en estos momentos.
 
ATTE Siccaryvx D3uVuVusX

Lo que se es en esta vida

Durante mi casi cuarto de centuria de existencia he sido calificado de descarado, hipócrita, soñador, conformista, criticón, alborotador, ingenuo, ignorante, sabiondo, idiota, creído, dejado, derrotista, iluso, acarreado, fresa, naco, rico, pobre, mediocre, bobalicón, cobarde, imprudente, vicioso, conservador, desmadroso, egoísta, izquierdista, derechista, de centro, obseso, desentendido, etcétera, etcétera, etcétera. ¿Quién no ha sido juzgado por las más disímiles razones en su vida desde el momento en que nace? ¿Acaso somos lo que la gente dice de nosotros? ¿O será que somos todo ello a un tiempo? ¿Acaso los demás son los mejores jueces de nosotros mismos?
 
No sé si tenga sentido ponerme a pensar lo que somos, a tratar de realizar una absurda definición, o buscar una ontología bastarda que diga desde mi trinchera lo que nos construye y nos hace ser. Sé que somos materia, materia en movimiento. Sé que la interacción de esa materia por medio de una estructuración orgánica nos torna seres vivos. Sé que somos seres vivos capaces de tener una cierta autonomía respecto de nuestro medio ambiente y que por ello somos seres animados en el más parco sentido de la palabra. Sé que nuestra animación es una forma muy particular que genera un proceso bioquímico que nos dota de personalidad. Sé que nuestra personalidad tiene una faceta que denominamos consciente y que conforma la parte principal de lo que denominamos nuestro ser. Un estadío del pensamiento donde somos capaces de generar una identidad voluble y al mismo tiempo fuerte que se autoafirma ante el tiempo y el espacio a largo plazo a través de recordar y generar expectativas. Sé que ese mecanismo es tan complejo que modificamos nuestro entorno constantemente recreando nuestro medio ambiente y que denominamos al ambiente creado y a la capacidad creativa cultura. Sé que soy humano.
 
Y ¿qué soy después de eso? El juicio a base de diversas líneas o metodologías del pensamiento me lleva a varias definiciones de mí mismo. Definiciones con las que construyo y reconstruyo continuamente mi identidad ante mí mismo y ante los demás, proceso que los demás realizan como terceras personas respecto de mí análizandome y juzgándome constantemente. Y entonces ¿qué soy? ¿quién soy? ¿como soy? Es difícil la respuesta. No me enfrascaré en una respuesta tentativa de carácter lógico o antropológico, psicológico o social. Ante el juicio ajeno he encontrado la respuesta perfecta, la más obvia: soy lo que soy, soy diferente a tí pero soy profundamente similar a tí, soy tú sin serlo porque no puede haber otro como yo. Y yo no soy nadie. Pero sigo siendo. Mi mente exige el juicio del mundo y de ese mundo yo formo parte. Seguiré siendo sin ser el mismo que es el que ahora enuncia estas palabras.
 
En términos prácticos he sido todo eso que enuncié en un principio para muchas personas. Lo he sido o lo sigo siendo o lo volveré a ser. He causado controversia con mis juicios y mis acciones y también la más profunda indiferencia. Y sin embargo, en los mismos términos prácticos sigo sin ser nadie para muchos, nada para casi todos. Mi muerte ahora no sería tan sólo la del cuerpo sino que un par de generaciones también la de la memoria. Si acaso se puede decir que hay algo de mí en el polvo que algún día recorra las calles y los valles, los oceános y el vacío estelar, en la memoria dentro de poco me desvaneceré y lo que fui como verbo quedará impregnado en la consecuencia del mundo sin por ello ser nadie capaz de recordarme como ser que intervino en el ser de las cosas. Mi historia se borrará pronto. La de todos se borrará algún día creo pues casi certeza tengo de que algún día todo se desvanecerá en el todo.
 
Pero mientras los dioses parpadean yo me retuerzo sin cesar en mi pequeña trascendencia y en mi enorme contingencia. Mientras los dioses parpadean yo arruino vidas o las alegro, despierto sonrisas y placeres o los más profundos temores y tristezas. Y ahí es relevante lo que soy o al menos todo lo que se juzga que soy. En mi vida en comunidad para las otras ánimas soy importante como fuente de placer o de dolor, por la cantidad de injerencia que tengo en las existencias ajenas y más que nada por mi papel social, por mi rol social, por mi poder en sociedad. Mientras los dioses parpadean yo lidio con mis congéneres y ellos conmigo y eso me hace un ser político, un ser social. Papel del que puedo renegar, puedo ignorar, puedo no ser al no saber que lo soy pero del cual, sin embargo, no puedo escapar. Y eso ocupa mi mente continuamente, eso me parece relevante aunque quizá no tan trascendente. Sea pues entonces válida la pregunta ¿quién soy?
 
Retrocederé un poco y expondré mi vana visión del ¿para qué soy? De dioses hablo como de las hadas, son bellas y útiles pero fantasiosas. No he visto unicornios ni acariciado sus blancas crines pero a veces me da por imaginar su textura. Así es mi relación con los dioses. Me gustaría inmensamente platicar con uno de ellos y no creo jamás toparmelos en mi camino y me atrevo a decir que no tienen existencia más allá de mi mente. Por tanto no es por ni para los dioses por lo que yo vivo. No sé el por qué las rocas fueron formadas, ni la luz, ni el mar, ni el vacío, ni la materia. Sé que todo ello existe y que su camino es existir, sin un porque, ni una causa, ni un efecto más allá de sí mismos. Las cosas existen porque existen y punto. Pero en el camino de la existencia de las cosas se han dado fenómenos y hechos donde lo existente busca seguir existiendo de manera similar o igual a como existía. Tan busca seguir existiendo que cambia para seguir existiendo quizá no como sí mismo pero para afirmarse como existente. Tal me parece es la experiencia de la vida y otros seres. No he sabido de montaña ni mar alguno que quisiera ser montaña y seguirlo siendo mañana, ni que del mismo impulso sufran los mares. Pero he oído de las cadenas proteínicas, de los virus, de la vida y si de los otros puedo dudar de éstos no. Se dan, cambian, se multiplican, se preservan y, finalmente, mueren. Buscan seguir existiendo, seguir acontenciendo.
 
Hablemos de lo vivo, sólamente lo vivo. La vida es un proceso continuo de estructuras materiales cuyas interacciones las condicionan para buscar la supervivencia. Pero no se restringen a ello sino que buscan desarrollarse en condiciones óptimas por lo que sobrevivir no es suficiente sino hacerlo dentro de un medio adecuado, dentro de un bienestar suficiente que asegure la vida. Sobrevivir no es suficiente para la vida, se necesita el bienestar para que esa existencia se asegure. Quizá a partir de que hay superviviencia dentro de cierto grado de bienestar se le pueda llamar vida. La vida se torna compleja, evoluciona y se transforma creando mejores instrumentos para sobrevivir. No creo que sean necesarios más ejemplos. La vida se abre camino en cada dificultad, la vida como evento experimentado por una materia organizada para mantener flexibilidad y autonomía ha logrado permanecer en este planeta miles de millones de años y en cada ser vivo que nos rodea creo que podemos encontrar ejemplos de ello. Y sé con firmeza que nosotros somos lo mismo: seres vivos buscando sobrevivir bajo un margen de bienestar.
 
Con un elaborado sistema social, psicológico y cultural somos uno de los seres (si no el que más) ha evolucionado hasta dotar de una importancia extrema a la unidad básica social y a la complejidad orgánica estructural conocida como individuo. Cada individuo es tan similar orgánicamente a otro como disímil en la medida que su complejidad psicológica y su estructuración social y contextualizaciónle dotan de herramientas increíblemente diferentes a las de sus congéneres. Es por eso que considero válido seguirme preguntando: qué soy, a pesar de las contradicciones teóricas subyacentes a la subjetividad e intersubjetividad de los juicios que intentan responder a esa pregunta. Me veo ahora confundido al pensar a dónde seguir. Por un lado me veo en la necesidad de plantearme esa pregunta y responderla a pesar de que sé que factores sumamente contingentes van a intervenir en una respuesta que obviamente será subjetiva, relativa e insuficiente. Por otro lado hasta donde mis capacidades de análisis en base a ciertos juicios un tanto universales me permiten ver he contestado de manera bastante plausible que soy vida y que mis directrices son supervivencia y bienestar como individuo y como especie, además de que ante la amplitud de conocimiento acerca de mi interacción con el entorno también la supervivencia y bienestar de otros seres y ambientes que aseguren esa preservación. Al mismo tiempo ambos caminos generan una contradicción que radica en la cantidad de información subjetiva que debo utilizar para poder generar un juicio acertado sobre el camino a tomar para asegurar mi supervivencia.
 
No me queda más que decir que estoy atorado en este punto. No puedo dar una respuesta satisfactoria. Como especie los diferentes individuos que la conformamos tenemos, mayoritariamente, capacidades y potencialidades similares, prácticamente iguales. En el campo de lo social, ambiental, contextual y coyuntural a todas luces no lo tenemos y distamos de ser iguales. Si acaso desde lo físico la diferencia más elemental sea la de los sexos en términos psicológicos (personalíticos ¿?) y psicosociales es todo un espectro de más de seis mil millones de posibilidades sin contar las que han desaparecido a lo largo de la historia de la humanidad como ser histórico y racional. Conforme evolucionamos socialmente la cantidad de respuestas posibles a las directrices de supervivencia y bienestar se han ido diversificando exponencialmente cuando de por sí ya lo eran en un sistema de vida complejo como puede ser un homínido o tan sólo un mamífero. Creo que las mismas directrices se aplican por igual para el más idealista revolucionario, para el más humilde trabajador, para el más inquieto niño, para el más carnicero tirano. La supervivencia sigue siendo supervivencia pero bienestar es algo que se torna increíblemente complejo. Cuidar el ambiente de bienestar para el organismo biológico que es al mismo tiempo el del mecanismo mental o psique del individuo es altamente riesgoso ya que la psique de las personas está estructurada por una serie de mecanismos intelectuales, anímicos, axiológicos y otros que no me vienen a la mente y que desconozco.
 
De ahí se desprenden conceptos valorativos trascendentales como libertad, justicia, dignidad, honor, igualdad y el mismo de bienestar entre otros. No es por igual la libertad que busca un esclavo que la de un rey mas no por ello menos importante para asegurar el bienestar óptimo de esa persona. Lo que la persona juzga de sí misma que se constituye a partir de y constituye la manera que interactúa con su entorno. No se puede resolver la contradicción entre ambos sin un sacrificio inherente. El amo no puede asegurar su bienestar y su supervivencia sin un esclavo y por otro lado este último no puede conseguir su libertad sin emanciparse del amo desafiándo la identidad del amo como tal. Es fácil para muchos decir que el esclavo debe subyugarse al poder del amo o que por el contrario el amo debe dejar su poder opresivo de lado pero es obvio que eso es absurdo. Hay cosas que necesitamos seguir siendo para poder ser de manera óptima y que no vamos a abandonar, mucho menos podemos esperar que el otro abandone para nuestro propio gusto. En cualquier caso la noción de cambio naturalmente va a atentar con lo que la persona es para sí misma y muchas veces atentaremos contra su propio bienestar desde las condiciones que lo sustentan como contra la persepción misma.
 
Por ello me declaro incapaz de juzgar moralmente a las personas <i>per se</i> o de asociar juicios morales a una ontología del sujeto particular (aun cuando este sujeto sea una especie entera). Los seres individuales o grupales vivos hacemos lo necesario para sobrevivir, podemos estar equivocados como lo está la evolución al tirar aleatoriamente sus mutaciones genéticas (mi naturalismo aun no tiene límites) pero la intención es sobrevivir con bienestar teniendo las condiciones aseguradas para que nuestra existencia pueda enfrentarse con éxito a nuevos retos y tenga acceso a satisfactores extra. Estos satisfactores no vienen de una ambición absurda sin sentido sino del principio de que esos satisfactores son garantías siempre mayores de ese bienestar y supervivencia. Lo negativo es que no puedo establecer un marco ético suficiente para juzgar desde mi persona como deben ser conducidos mis actos sociales y políticos. La diversidad de la noción numérica de identidad entra en contradicción con la de bienestar en la medida en que esta también se diversifica. Aun cuando puedo objetivar las conductas y principios interpretándo la teleología que se esconde en sí como mecanismos de supervivencia no puedo juzgar cuál es mejor pues ninguna de las mismas conductas o principios asegura de manera óptima mi supervivencia por mi misma capacidad de cambio ni la del entorno.
 
Y sin embargo tengo mi experiencia personal y mis opiniones, subjetivas pero idóneas para mi condición personal que me permiten salir al paso en la vida, respondiendo con ello a la pregunta sin el menor empacho por su relatividad. Soy un resultado de una serie de condiciones y puedo claramente diferenciar muchas de las cuales no lo soy. De ahí que existan respuestas plausibles sobre mí y sobre el mundo aptas para perseguir mi supervivencia y bienestar en situaciones especialmente difíciles (por que atentan contra las directrices indudablemente dejando de lado controversias aximáticas sobre una acción volitiva). Mientras éstas respuestas son relativas me permiten actuar en el mundo lo que es una experiencia volitiva. Considerar las cosas desde el planteamiento universal de las directrices también me permite justificar (o explicar) una acción volitiva. Sin embargo ambos planteamientos se enfrentan directamente, se niegan uno a otro desde sus extremos particularista y totalizador.
 
Sigue por tanto pendiente esta respuesta subjetiva o intersubjetiva. ¿Quién soy? Para mí incluyendo a los otros. O para los otros que sea suficiente para mí. Yo aún no sé que soy. Aún me sigo buscando. Siendo tan pequeño ante mi entorno, ante mi sociedad, ante mi especie, he sido juzgado de múltiples y contradictorias maneras por otros y por mí mismo. Y me tomo muy a pecho esas opiniones. Cada una de esas opiniones condiciona mis posibilidades de sobrevivir y de tener bienestar en esta vida, ¿qué mejor razón para tenerlas en cuenta? Pero con tanta opinión por ahí volando y estos planteamientos es difícil juzgar cuál es más válida o si de casualidad alguna tiene quizá (en lo que cabe) algo de verdadero "verdaderamente" relevante. Y debo seguir buscando pues por más que yo no crea ni en la verdad, ni en la libertad, ni en la justicia, ni en otras cosas mi mente es mucho más grande que ese pequeño rincón que se percibe en el tiempo y el espacio y que enuncia este yo. Mi mente es un mecanismo mucho más rico que sin creer o dejar de creer en esos conceptos podría decirse que los da por hecho al defender el ser y la existencia de las cosas desde los mecanismos más elementales. En el mismo nivel consciente muchos de esos juicios son la base de las ideologías, teorías, nociones y en general pensamientos con los que llevamos a cabo nuestra vida que no puede trascurrir sin pensar, enunciar y actuar en base a ideas. Es por ello que debo seguir buscando.
 
Los conceptos son dinámicos, volubles, contextualizables. Las ideas que se forman con ellos también lo son. Es inútil buscar literalidad en las ideas o tratar de encajar las ideas de otro a nuestra visión del mundo. Pero para el que las pensó hay verdad, alguna clase de verdad en ese pensamiento y hay que tratar de entenderlo. Aunque sea tan sólo para destruirlo. Yo mientras seguiré caminando, actuando, pensando y enunciando a ver si en una de esas me encuentro. En el fondo ruego por no hacerlo por que sería detener lo vertiginoso e mi cambio personal y mental. Vivir el estancamiento de la sana afirmación y madurez. Por otro lado es necesario antes que terminar metiéndose una bala en la cabeza. Quizá ésa es la decisión: patria o muerte. La patria más propia que se puede tener, la del suelo que pisan nuestras plantas, la patria que inicia en el aire que respiramos y que termina en aquel que exhalamos, que se extiende hasta el bienestar de aquellos a quienes amamos y que se limita en aquellos que queriendo o sin querer nos hacen daño.
 
Atte. SicariusD3VX
 
P.D. Quizá la insatisfacción que me dan los juicios acerca de mi persona es que han sido profundamente contradictorios en muchos casos. Lo que me lleva a preguntarme: ¿significa acaso que soy profundamente ambiguo o singularmente mediocre?