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En dos meses y a pesar del encierro hemos visto pasar mucha gente, delincuente o no, y en todas sus historias hay algo de trágico, algo que devela la corrupción del sistema y su ineficacia. Nos encontramos en el área de Ingreso que es donde el preso llega por primera vez al reclusorio,  en este lugar permanece una o dos semanas antes de que lo muevan a otro edificio llamado COC donde esperará que se le catalogue y clasifique por su eventual traslado a población. Los reos en pueblo residen en divisiones denominadas anexos cada uno de los cuales alberga un tipo de reo de acuerdo a la clasificación dada.

A nosotros no nos han trasladado a población, permanecemos en ingreso “por lo delicada de nuestra situación” Además nos encontramos segregados “para nuestra protección”, lo que quiere decir que permanecemos en una zona, aislados y encerrados, con el menos contacto posible con el resto de la población.

De todas formas hemos conocido muchas historias a las cuales es difícil encontrarles sentido y lógica para entender esa criatura informe que con las instituciones de seguridad y justicia del Estado Mexicano.

La primera que salta a la vista es la de muchas personas que llegan aquí con cantidades mínimas de marihuana y bajo los cargos de narcomenudeo. Realmente parece un deporte de la policía remitir a quien encuentran fumando para que luego el MP les construya el cargo de que ese cigarro que se les encontró iba a ser vendido y con ello refundirlo aquí un rato.

Solamente son datos para inflar las estadísticas mientras que para esas personas es un mes y medio de su vida encerrados en un lugar peligroso y hostil, quizá más tiempo alejados de su familia, sometidos a carencias que parecen inauditas en nuestro mundo contemporáneo y a un proceso desgastante del cual sabe que resultara. Muchos pensaran que de alguna manera es justo su encierro por andar coqueteando con la ilegalidad pero no. No hay manera de que sea justa una violación a la ley por parte de servidores públicos para que los políticos aparenten que hay un combate al narcotráfico

Otra deficiencia muy cruel, es el gran abismo cultural y educativo que llega a prevalecer entre el sistema judicial y el inculpado. Si bien los expedientes son mamotretos descomunales en su intento por ser claro y específicos y puntuales están llenos de un lenguaje especializado y esotérico que el inculpado no suele entender. Si tienen un defensor particular es afortunado pues quizá le explique los términos y lo visite en locutorios para hacerle comprender el estado de su caso; pero si no el defensor de oficio hará lo posible (esperemos) para explicarle en cinco o diez minutos el expediente antes de volverlo a ver hasta la siguiente audiencia que puede ser en algunas semanas, quizá meses.

En cierto caso me encontré a una persona que no sabía leer ni escribir. Sabia el cargo en su contra pero no tenía la menor idea de su proceso ni de lo que decía su auto de formal prisión, su confusión lo tenía sumido en el miedo, estaba aislado de su familia, pues no tenía medios para contactarlos y se enfrentaba a tres años de cárcel. En otro caso me tocó ver a un hablante de lengua indígena, a quien le fue proporcionado un traductor de acuerdo a la ley pero ni aun con esa ayuda se puede tener fácilmente una idea clara de aquello a lo que te enfrentas pues muchos términos son evidentemente intraducibles y altamente especializados desde ambos idiomas. Eso sucede en el mismo país donde quitan, reducen y simplifican la materia de civismo para sustituirla por una vulgar y borrosa noción de valores y moral bajo el nombre de ética y civismo.

Lo anterior no significa que todos sean inocentes, muchos otros aceptan que delinquieron,  sin embargo el ministerio público realiza integraciones mediocres o inventa cargos falsos cargos para poder procesarlos. Eso no es justicia. Usar el sistema de forma discrecionalmente para llevar a cabo una moral de justicia subrepticia corrompe las instituciones. A unos les plantan pruebas en su contra, a otros los agarran para poder abrir expedientes e investigaciones, se crean cargos para que sus procesos sean tortuosos y le den tiempo al sistema de justicia de encontrar pruebas o crearlas.

Lo que se ve aquí es un uso arbitrario del sistema judicial por autoridades por ciudadanos, por todos los involucrados. No significa que las instituciones no funcionen absolutamente; tener leyes y dependencias nos permite hacer validos nuestros derechos muchas más veces que si no existieran. El problema es que no funcionan como deberían y lo peor es que existe una tendencia a degradarlas y demeritarlas antes que fortalecerlas y mejorarlas. Negar el problema tal y como hacen los políticos es la mejor manera de empeorar la situación.

Nuestro caso no es diferente. Estamos siendo usados para asustar a los movimientos sociales. No es siquiera una cuestión de justicia sino un asunto de la parte más vil de la política en la cual no somos piezas importantes sino, aparentemente, peones sacrificables, desechables. Les demostraremos que no es así. Somos ciudadanos consientes y nuestra libertad es tan importante como las causas que apoyamos.

 

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