Héctor Suárez y su rostizada deprimente.

El roast es humor amarillista revestido de compendio de “verdades”. Es un reverendo absurdo porque es un show perfectamente preparado con antelación que hace uso de la doble moral de los medios públicos para hacer un acto de bullying público haciéndolo pasar por una especie de catarsis moral. El roast apela a nuestro morbo, a nuestras limitaciones morales, a los dobles discursos y al holocausto ritual donde alguien expía por todos nuestros pecados (alguien que normalmente lleva años expiando y ganando millones de dólares por ello). Es por todo eso que un roast es gracioso (y por lo mismo que puede ser algo completamente desagradable).

Hace algunos meses a una bola de idiotas, que voy a sacar de los créditos del programa, llamados: Federico Cuervo, Eduardo Lebrija, Michelle Alberty, José “Fidji” Viggiano, Luis López (cargarle la mano a los productores siempre es la mejor parte), entre muchos otros; a esa bola de idiotas, como decía, se les ocurrió realizar un roast en México. ¿A quién se le ocurrió que el personaje a rostizar podía ser Héctor Suárez? Es la pregunta del millón. Evidentemente la participación de su hijo, el deplorable Héctor Suárez Gomis, es un factor clave en la red de complicidades que llevaron al intento de “rostizamiento” pero tal red es algo que se develara con el tiempo.

Hay quienes quieren elevar a Héctor Suárez a la categoría de primer actor cosa que no puedo sostener igualmente, primero porque jamás (para mi vergüenza) he podido verlo en teatro, segunda porque su carrera en cine y televisión ha tenido tantos altibajos que es difícil forjarse de ahí una imagen seria de su calidad histriónica. Buena parte del problema estriba en que su carrera se desarrolló exactamente en los años donde el cine mexicano enfrentó sus peores problemas de producción y contenido (la televisión sigue en esa crisis). También forma parte del problema el hecho de que se haya dedicado a la comedia en dos saltos generacionales y en temas donde la comedia pública no era aceptable. Esto no quiere decir que haya logrado ser un artista de ruptura, rebelde y crítico consumado. Significa más bien que su carrera fue irregular y se vio entorpecida numerosas veces. Solamente la necedad o el ahínco con que se dedicó a intentar sus proyectos permiten bocetar una idea de su objetivo y de los obstáculos contra los que se enfrentó en una lucha que lo convierte en un hombre digno de ser reconocido por ello.

Parte de la doble moral del roast es hacer pasar por homenaje lo que es en sí un acto de burla pública. Pero en el roast de Héctor Suárez hicieron hasta el ridículo con tal de tratar de convencer a la audiencia (¿o a sí mismos?) de que era un homenaje a la trayectoria vía la modestia que implica el escarnio público del rostizado. Realmente no creo que sea la mejor manera de homenajear a Héctor Suárez. En realidad sigo pensando que el roast es una doble moral y que no es en absoluto un homenaje, pero estos empleaduchos de MTV Latinoamérica quisieron vender gato por liebre reconociendo implícitamente con ello que no se podía tener el mismo tenor que en el roast estadounidense.

Más deprimente todavía fueron los chistes. Hasta donde sé el roast es preparado con antelación: el rostizado establece que temas no deben ser tocados y los chistes son preparados o al menos bocetados por un grupo de escritores. El problema radica en que ni se atrevieron a ser hirientes y solamente sacaron chismes viejos, genéricos y aburridos. Se concentraron en que a Héctor Suárez le gustan jovencitas (pero nadie profundizó en el quién, cómo, cuándo y dónde), en que es le gusta harto el chupirul (¿alguna peda memorable?, una anécdota aunque sea), en que está bien pinche viejo y feo (en afirmaciones harto gratuitas sobre nariz y pelo) y de vez en cuando en que su carrera está congelada (comentario baboso porque las carrera de casi cualquier actor mexicano está congelada). Al final eran más divertidas las burlas entre los roasters que aquellas para el rostizado a quien todos (con excepción de Anabel Ferreira) le llamaron respetuosamente Don Héctor.

Pero bueno esos son spoilers innecesarios. Como roast no funcionó aunque no fue del todo un fracaso: cada quién cumplió su papel (considerando que muy pocos de los roasters tienen una relación personal o amplia con Suárez) y hubo un par de chistes rescatables. Si había alguien preocupado no tiene por qué estarlo: hay posibilidad de algún otro roast mexicano en el futuro. Si hay alguien preocupado de la dignidad y el honor de Héctor Suárez tampoco debería estar demasiado compungido: la baratez de unos chistes y la ambigüedad de otros, así como el respeto a Don Héctor hicieron que, aunque no hubiera respondido, el veterano comediante saliera indemne del lugar.

Lo extraño, rescatable, no hilarante pero absolutamente irrisorio, fue la respuesta de Héctor Suárez a este espectáculo mal armado y aquí es donde se hacen necesarios los spoilers. Lo que hace a este roast un producto netamente mexicano es la situación kafkiana en la cual lo que empezó como una mala copia de un acto de comicidad amarillista estadounidense se convirtió al final en un mitin político, luego mutó a un sermón moral, tuvo su clímax en una reprimenda padre a hijo transmitida a nivel continental y finalizó en una autoproclamación de dignidad y plenitud con intenciones apologéticas. Cuando terminé de verla no sabía que pinche cara poner.

Algunos dicen que tanto Héctor Suárez como Javier Solórzano no entendieron de qué iba el programa. No lo creo. Ambos son personas cultas y conocedoras de los medios. Solórzano se apartó del show lo que terminó dándole en la madre al roast. Suárez, me parece, se manifestó en contra del show pero manteniendo la línea para no arruinarlo. Cuando regaña a Gomis acerca de los chistes que ha creado acerca de su familia le dice que aprenda a hacer comedia con la verdad y no con la mentira. Es evidente que eso rompe completamente la lógica no sólo del “humor” que su hijo “intenta” sino del mismo roast que se basa en el chismerío y no en la verdad como hipócritamente se anuncia. Independientemente de cómo haya llevado él su vida familiar es evidente que no le gusta hacer comicidad de la vida particular de las personas lo que es bastante congruente no sólo con su carrera sino incluso con las bromas que dedicó a los rostizadores. Hizo uso de una elegancia no propia de ese programa para hacer observaciones puntuales sin agredir con la saña de un roast pero sin por ello echar a perder la producción. Hasta qué punto esos últimos quince minutos fueron preparados con la venia o la asistencia de los escritores y productores sería interesante averiguarlo (Héctor Suárez se muestra sorprendido en las entrevistas).

Y aunque la bola de morbosos, como yo, podemos sentirnos entre confundidos a decepcionados del resultado, hay que admitir que la crítica y los comentarios de Suárez son, aunque algo burdos, dignos de mención. Esta “clase media” urbana que trata de remitirse a la comedia estadounidense más hiriente le hace juego a una comicidad poco constructiva, alienante y que cultiva el morbo por encima de la crítica. Sustituir la comicidad del sketch mexicano tan gastado por una comicidad basada en el chisme de los medios es una alternativa poco recomendable. Ni siquiera los propios estadounidenses basan toda su producción de comedia en torno a estos estilos o tópicos sino que se producen desde comedia de situación, sketch, stand-up, con chistes acerca de la política, el sexo, el género, chistes raciales, empleo y una infinidad de temas que pueden ser tocados. Además no toda la comedia es tan agresiva e invasiva. Hay comedia inocente o francamente ñoña con un respetable nivel de audiencia, comedia intrincada e incluso francamente culta, comedia bizarra, musical, etc.

Y para colmo no pudo hacer ni siquiera acto de presencia la doble moral. Dicen que Suárez fue mojigato pero en realidad fueron los roasters quienes lo fueron al no atacar al personaje central como espejo de sus propios desmadres. Al final de cuentas varios de los que organizaron ese programa así como de aquellos que trabajan en Comedy Central o MTV Latam fueron o siguen siendo empleados de Televisa. Así mismo nadie criticó el trabajo de Suárez sencillamente porque, aunque la comicidad que intentó no tuvo el nivel crítico que muchos le achacan, muy pocos han intentado algo similar y mucho menos han logrado llegar a la difusión que él alcanzó (menos aún los rostizadores). No encontraron la manera de festejar o burlarse festivamente del consumo de alcohol y drogas (algo que en la versión americana es un requisito imprescindible); menos aún en el tema de las mujeres donde era más fácil casi acusarlo de pederasta que hacer un chiste acerca de su gusto por las jovencitas (¡como si fuera un gusto tan raro!).

Al final de un buen roast el invitado principal sale “homenajeado”, lo que en realidad significa extraer el holocausto redimido pero no de sus pecados sino del linchamiento público. El roast no limpia los pecados con los que se entra a él sino que los legitima en un acto de ilusionismo barato para el cual se usan muchas f-words y chistes baratos. Al final el rostizado asume en nombre de todos su derecho a vivir y a haber hecho lo que hizo incluso de seguir siendo y haciendo lo mismo por lo que fue llevado a ese tribunal. Al final la fama legitima las acciones por las que es acusado (en el de Charlie Sheen nadie explotó con vehemencia la razón por la que fue expulsado de Two and Half Men en cambio se concentraron en drogas, prostitutas, violencia; Seth McFarlane hizo, en ese sentido, un resumen del propio roast al principio del mismo). Pero bizarramente el roast latinoamericano que inició como una copia burda y mojigata fue transformado por su protagonista en un holocausto real y verdadero homenaje para quien ni lo necesitaba y quizá ni lo merecía. Los que querían sangre se sentirán decepcionados y los que ven al cómico como a un héroe lo verán redimido, ese delicado sabotaje es en sí lo único rescatable de esa noche en la que la comedia no perdió ni ganó nada en absoluto.

Show completo en seis partes en el canal de Chris López:

Otras críticas:

“¡Qué porquería de Roast!” por Álvaro Cueva.

“Roast de Héctor Suárez” por Hector Guerrero.

“Héctor Suárez es rostizado” por Hugo Alberto Juárez

http://www.eluniversal.com.mx/espectaculos/123465.html

Por mi parte felicitaciones a Don Héctor y seguiremos esperando una nueva comedia mexicana (muchos años que el horno no está para bollos).

Atte. Ilyadad

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