Pensar en versos

Luis Pazos – Tanto fue su conocer.

Tanto fue su conocer
que le perdió
el respeto a la vida
y elaboró una extraña
teoría del abismo.

Se debatió salvaje
entre los dos extremos
pero sucumbió
ante la única exactitud:
no correspondía
a su circunstancia
la unidad de los opuestos.

Jaime Gil de Biedma – No Volveré A Ser Joven

Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.

Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
envejecer, morir, era tan sólo
las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.

Pablo Odhe – Clara

Clara desde tu cuerpo
se escucha la estampida de los transatlánticos
un círculo de búfalos rodea tu boca
nada más increíble para un hombre
que concebir una mujer
tu nacimiento marca la división de las aguas
alta marea
de brazos en mi cuello
algún día leeré esto
y no significará nada
nada más que la cruz de tu pecho
crece en tu cuerpo lo que está adentro mío
y no hay golpe más fuerte que el de tu mano
ni mirada más precisa que la de tu paso
todas las veces necesarias estoy
y si es preciso
todas las veces callo

Audrey Hepburn

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Héctor Suárez y su rostizada deprimente.

El roast es humor amarillista revestido de compendio de “verdades”. Es un reverendo absurdo porque es un show perfectamente preparado con antelación que hace uso de la doble moral de los medios públicos para hacer un acto de bullying público haciéndolo pasar por una especie de catarsis moral. El roast apela a nuestro morbo, a nuestras limitaciones morales, a los dobles discursos y al holocausto ritual donde alguien expía por todos nuestros pecados (alguien que normalmente lleva años expiando y ganando millones de dólares por ello). Es por todo eso que un roast es gracioso (y por lo mismo que puede ser algo completamente desagradable).

Hace algunos meses a una bola de idiotas, que voy a sacar de los créditos del programa, llamados: Federico Cuervo, Eduardo Lebrija, Michelle Alberty, José “Fidji” Viggiano, Luis López (cargarle la mano a los productores siempre es la mejor parte), entre muchos otros; a esa bola de idiotas, como decía, se les ocurrió realizar un roast en México. ¿A quién se le ocurrió que el personaje a rostizar podía ser Héctor Suárez? Es la pregunta del millón. Evidentemente la participación de su hijo, el deplorable Héctor Suárez Gomis, es un factor clave en la red de complicidades que llevaron al intento de “rostizamiento” pero tal red es algo que se develara con el tiempo. Sigue leyendo