Poemas y divas.

Sasha Grey

Pasa el lunes…
Jaime Sabines

Pasa el lunes y pasa el martes
y pasa el miércoles y el jueves y el viernes
y el sábado y el domingo,
y otra vez el lunes y el martes
y la gotera de los días sobre la cama donde se quiere
dormir,
la estúpida gota del tiempo cayendo sobre el corazón
aturdido,
la vida pasando como estas palabras.
lunes, martes, miércoles,
enero, febrero, diciembre, otro año, otro año, otra vida.
La vida yéndose sin sentido, entre la borrachera y la conciencia,
entre la lujuria y el remordimiento y el cansancio.

Encontrarse, de pronto, con las manos vacías,
con el corazón vacío,
con la memoria como una ventana hacia la obscuridad,
y preguntarse: ¿qué hice?, ¿qué fui?, ¿en donde estuve?
Sombra perdida entre las sombras,
¿cómo recuperarte, rehacerte, vida?

Nadie puede vivir de cara a la verdad
sin caer enfermo o dolerse hasta los huesos.
Porque la verdad es que somos débiles y miserables
y necesitamos amar, ampararnos, esperar, creer y
afirmar.
No podemos vivir a la intemperie
en el solo minuto que nos es dado.
¡Qué hermosa palabra “Dios”, larga
y útil al miedo, salvadora!
Aprendemos a cerrar los labios del corazón
cuando quiera decirla,
y enseñémosle a vivir en su sangre,
a revolcarse en su sangre limitada.

no hay más que esta ternura que siento hacia ti,
engañado,
porque algún día vas a abrir los ojos
y mirarás tus ojos cerrados para siempre.
no hay más que esta ternura de mí mismo
que estoy abierto como un árbol,
plantado como un árbol, recorriéndolo todo.

He aquí la verdad: hacer las máscaras,
recitar las voces, elaborar los sueños,
Ponerse el rostro del enamorado,
la cara del que sufre,
la faz del que sonríe,
el día lunes, y el martes, y el mes de marzo
y el año de la solidaridad humana,
y comer a las horas lo mejor que se pueda,
y dormir y ayuntar,
y seguirse entrenando ocultamente para el evento final
del que no habrá testigos.

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Leviatanes.

La creación de instituciones que regulen, normen y vigilen los comportamientos humanos es una de las grandes promesas del desarrollo histórico humano. Las instituciones como garantes del orden social constituyen un símbolo y (supuestamente) prueba del progreso humano. Sin embargo hoy que cuestionamos nociones como modernidad y progreso no se levanta el mismo número de voces en contra de las instituciones si no es para quejarse de ellas. No es difícil adivinar el por qué. Mientras que progreso o modernidad son conceptos teóricas que sustentan la creación y configuración de las instituciones, estas últimas son procesos de hecho en los que participamos cotidianamente. Podemos negar la existencia de un progreso en nuestras mentes pero difícilmente dejaremos de participar en nuestra sociedad y de usar sus mecanismos de regulación.

Es difícil dar una definición unívoca de lo que es una institución. El uso de la palabra es relativamente reciente pero hace uso de la raíz latina statuere que significa establecer. La institución es la acción y efecto de establecer algo en un determinado lugar. A diferencia de otras palabras de la misma raíz, institución hace en la mayoría de usos referencia a un fenómeno social del cual forma parte la sociedad misma. Por ejemplo, mientras que la palabra constitución se ha modificado hasta definirse como: el conjunto de normas que regulan un Estado y que como tales son un fenómeno producto de una sociedad o cuerpo político sin ser el mismo conjunto humano, la palabra institución implica la participación de una parte de la sociedad que la construye y le da forma. Por supuesto no es esta una definición unívoca, los cuerpos normativos también pueden verse como instituciones pero no es ese el lugar al que quiero apuntar. Sigue leyendo

La nube en pantalones – Vladimir Maiakovski

A vuestros pensamientos que sueñan

sobre sus sesos reblandecidos
como un gordo lacayo sobre un sofá grasiento
quiero irritarlos
con un jirón sangriento de mi corazón,
me burlaré hasta hartarme, mordaz y atrevido.

¡No tengo en el alma ni una sola cana
ni tampoco hay en ella ternura senil!
Ensordeciendo al mundo
con el poder de mi voz avanzo hermoso,
con mis veintidós años de existencia.

¡Los delicados
tocan el amor con tiernos violines!
Pero el rudo se sirve de timbales.
Prueben, como yo,
a darse vuelta como un guante
y ser todo labios.

Salga a aprender
desde su sala de batista
la ceremoniosa funcionaria de liga angelical.

Y también la que hojea en silencio sus labios
como una cocinera un libro de recetas.

Si lo desean
comeré carne hasta ponerme rabioso
-y, como el cielo, mudaré de tonos-; si lo desean
seré impecablemente tierno.
No un hombre,
¡sino una nube en pantalones!

No creo que exista una Niza florida.
Por mi conducto otra vez serán loados
todos los hombres que yacen como un hospital
y todas las mujeres gastadas como un refrán. Sigue leyendo