Aproximación a la Historia.

Me fascina la historia. Es la materia que constituye nuestra capacidad de reafirmarnos a nosotros mismos al tomar conciencia de nuestro ser histórico, diacrónico. Esta toma de conciencia se da a partir de un examen de quienes somos, quienes hemos sido, en nuestro ser social. Las reflexiones de este tipo son importantes pues permiten sopesar nuestros actos y decisiones así como volvernos doblemente responsables y empoderados ante sus consecuencias. De la misma forma que la reflexión espiritual o psicológica, la reflexión histórica nos permite consolidar nuestra personalidad individual y social.

La historia no es un gran conjunto de hechos sin orden ni concierto. Al igual que el resto del universo es una serie de fenómenos que el hombre estudia y ordena como le parece que es la mejor forma de comprender su estructura. Como en cualquier otro conocimiento, en la historia objetividad y subjetividad son extremos conceptuales de una situación epistémica mucho más centrada donde se mezclan la posición del observador respecto del fenómeno estudiado con la estructura propia de este último. Pero la historia no es tampoco una creación literaria libre. Se nutre de una metodología profunda y seriamente construida, particularmente en lo que se refiere a la tradición occidental de estudio y narrativa histórica durante los últimos doscientos años. Además se apoya ahora en ciencias hermanas bajo la premisa de que el trabajo interdisciplinario es la mejor fórmula estadística de construir teorías cada vez más certeras. Así encontramos que un análisis histórico debe apoyarse de la arqueología, la economía, la etnohistoria, grafología, la paleografía, la bibliotecología, la sociología, la psicología social, el estudio del arte, etc., por mencionar algunas disciplinas.

Al final el objetivo es construir una estructura narrativa que permita a las personas acercarse al hecho histórico sin volver a recorrer todas las fuentes, únicamente las más relevantes. Y es ahí donde la historia abreva de la literatura. Los procesos narrativos también son un campo del conocimiento humano que, antes de la psicología, la historia y otras ciencias, experimentaron y retrataron situaciones humanas hasta encontrar sus constantes. Las situaciones dramáticas, los arquetipos  y otros elementos literarios son formas de codificar un estudio social donde predomina la creatividad del autor para condensar una forma y contenido del comportamiento humano pretendidamente universales. La historia, la religión y la literatura coexisten miles de años en la Biblia, en Gilgamesh, en el Popol Vuh, etc., antes de separarse metodológicamente.

Hoy mismo se ha puesto de moda la llamada novela histórica que trata de hacer el conocimiento histórico accesible a través de una narrativa fluida, no académica, sin fuentes. Es excelente que ello suceda aunque hay que ser cuidadoso de leer un texto sobre la historia que no tiene las referencias acerca de dónde encontrar esos datos o arribar a sus conclusiones; de todas formas no todo mundo disfruta de la metodología histórica y de las ciencias que le acompañan al punto de enfrentarse a las fuentes primarias y estudiar los diferentes elementos que confirman la narrativa. En buena medida eso ha sucedido por una pésima enseñanza de la historia.

Cuando era niño aprender historia en la primaria lo constituía medio año de leer un libro página por página y medio año de exposiciones al término de las cuales todo mundo opinaba que historia era una porquería. Por si fuera poco además de la mala pedagogía los libros están escritos como un anecdotario de sucesos relevantes que todo mexicano debe de saber. Hay que recordar que al realizar nosotros un examen de conciencia profundo y “objetivo”, siempre tenderemos a justificar ciertas acciones, a basarnos en el examen de conciencia para decir quiénes somos perdonando ciertos errores, exaltando ciertos logros. La historia no es diferente solamente que excede a lo puramente personal para pasar a lo social, la historia es un mecanismo justificador y lo que el especialista elige, más lo que el editor (en este caso el gobierno) elige que se publique, constituyen el marco justificador del sistema y de los hombres que se ponen más o menos de acuerdo para presentar así nuestro devenir histórico. Por ello es completamente natural que se seleccionen ciertos pasajes de nuestra historia en detrimento de otros, desgraciadamente el estilo narrativo en forma de lista a aprender ha hecho de nuestra historia una cuesta de sufrimiento para casi cualquier alumno de educación básica.

El otro vicio lo constituye el contenido narrativo. La historia al ser un discurso justificador y alienante del sistema desde el sistema educativo tiene una narrativa de fábula para retrasados mentales. Cuando no destaca por su esterilidad en la forma de sumar dato tras dato sin elaborar juicio alguno, destaca por tener un discurso de buenos contra malos a veces disfrazados en los conceptos político-morales que avala el régimen actual. De esa forma cuando se estudian las tres páginas sobre arte que contiene el programa no hay juicios ni incentivo alguno para que el alumno se interese en proseguir su educación; en cambio los acontecimientos nacionales están llenos de personas malvadas o que tomaron infinitas malas decisiones como Victoriano Huerta, Santa Anna, Félix María Calleja, etc. La historia se vuelve un discurso de buenos contra malos.

Cualquiera que disfrute del arte narrativo como cine, teatro, literatura sabe que con el tiempo va pidiendo tramas más y más complejas. Y es que la vida no es tan sencilla como buenos contra malos aunque evidentemente siempre hay alguien que preferimos por una determinada razón y es nuestro héroe o antihéroe quien terminará enfrentándose y, generalmente, venciendo a su antagonista. Pero la vida no se organiza en un esquema tan plano como buenos contra malos y conforme crecemos damos paso a esquemas morales y sociales más complejos que reclaman narrativas más complejas. El campo de la ficción no es sino un retrato creativo de la realidad. De la misma forma el discurso educativo histórico no debe seguir la misma lógica de buenos contra malos incorporando con los años cada vez más datos y más conceptos. La narrativa misma acerca de los personajes debe develar la complejidad personal de los agentes históricos, las difíciles situaciones a las que se vieron enfrentados y las decisiones que tuvieron que tomar; con ello genera la empatía suficiente en el alumno como para que se apropie de la historia sin por ello olvidar de decir cuál fue la decisión tomada y las consecuencias que acarreó.

Y queda finalmente para mí un tercer vicio que, sin embargo, obedece a una diferencia ideológica y metodológica.  La historia generalmente se enseña como los hechos relevantes de los hombres relevantes, es una historia llena de caudillos y líderes por encima de acciones colectivas. Es claro que las estructuras sociales colocan a determinados hombres en la posición de hacer valer sus juicios e imponer sus decisiones sobre las de otros, esos hombres les es dado/toman el poder, pero sus decisiones y juicios solamente se dan y se explican en relación con el contexto en el que se realizan. La acción de un líder sólo tiene sentido en el devenir social del que surge y en el que actúa. La historia que se da en la educación básica carece de visión sociológica que, en lugar de homologar el concepto sociedad con el de nación, dotaría de identidad ideológica y cultural a grupos específicos que actúan al interior de las naciones o en movimientos transnacionales.

Es raro el maestro que está dispuesto a vencer estos vicios educativos. Personalmente me parece que hay que suplir cantidad por calidad, contenido por forma. En el primer caso hay que generar herramientas pedagógicas que mejoren la narrativa histórica, de manera que aunque se vean pocos episodios históricos estos tengan una lectura apasionante. En el segundo caso, muy de la mano del primero, hay que dotar de herramientas de investigación al alumno para que sea proactivo en su aprendizaje de la historia. Tiene que tener conceptos, autores, entender la metodología de interpretación histórica; todo esto introducido en la clase misma sin entorpecer el programa como una clase de especialización que no les corresponde ni por nivel ni por programa.

En México la televisión y el cine han realizado producciones históricas cuyo valor ha sido muy desigual pero que tiende a disminuir los últimos años. El maestro no puede depender de materiales audiovisuales inexistentes, la narrativa de nuestra historia debe ser creativa y extenderse de forma oral y escrita. Las novelas históricas son un adelanto mundial en esos términos pero tienen un grave defecto: no impiden que se creen falsas impresiones surgidas de la necesidad narrativa, la que (en mi opinión) debería estar subyugada al análisis crítico de los tiempos que nos han precedido.

Atte. Ilyadad

Al Maestro Miguel Ángel Gallo T., Dr. Juan Brom Offenbacher, Paco Ignacio Taibo II, Carlos Monsiváis y Jose Agustín Ramírez por haber hecho que la historia sea una delicia sin perder jamás el rumbo a la izquierda. Y de paso para Juan Miguel de Mora y Francisco Gonzales Gómez.

Anuncios

Deja que tus pensamientos fluyan por tus manos...

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s