PRI y ciudadanía

México se halla, de nuevo, en una coyuntura política electoral. Para ser precisos la quinta. Cinco coyunturas políticas seguidas más bien suenan a que algo se encuentra demasiado fracturado. En veinticuatro años la situación se ha repetido una y otra vez: el gran enemigo es el PRI. Dos veces ha sido aparentemente vencido, la primera para retornar con fuerza en el legislativo, la segunda para retornar con fuerza en las gobernaturas. En realidad nunca se ha vencido al PRI. ¿Por qué?

Las razones son muchísimas y las desconozco con precisión pero quiero anotar mi hipótesis: El PRI no ha sido derrotado porque los partidos y la ciudadanía continúan operando como en tiempos del PRI-gobierno en gran medida. Los partidos, las organizaciones políticas, los sindicatos y muchas otras instituciones continúan siendo profundamente corporativos y clientelares. Claro que no en los términos en que el PRI-Estado gobernaba y aglutinaba todo pero sí en el funcionamiento operativo con el que las organizaciones políticas son incapaces de establecer diálogos o llegar a acuerdos, polariza la sociedad e impide la ciudadanización política de sus miembros. Por ende, sin la dirección del partido único la democracia resultante es inoperante.

El corporativismo es: un sistema de intermediación de intereses compuesto por esquemas (organizaciones) que actúan para la regulación político-social a partir de, por un lado, constituírse de una manera no bien definida entre la asociación y la agrupación de intereses; y por otro lado del reconocimiento o autorización e incluso creación por parte del Estado (al menos una de sus partes) a cambio de poder influir en su forma organizacional o sus acciones mismas.(1)  Es decir es un conjunto de personas que, sin seguir una idea del todo específica, se reúnen para lograr alcanzar sus objetivos, para lo cual dejan que el gobierno o los sectores de poder tengan injerencia en sus formas de organizarse y de actuar. Con ello surgen o se convierten en grupos de apoyo y soporte de ese poder tornándolo una corporación jerárquica y vertical.

No es difícil encontrar organizaciones de ese corte en nuestro país como el movimiento Antorcha Campesina o el Frente Popular Francisco Villa. Pero, ¿es posible imaginarse que nuestras organizaciones políticas sean diferentes? Al menos imaginarse de principio sí. De manera muy esquemática yo diría que en una sociedad donde se reconoce que el problema de vivienda (por poner un ejemplo) es social y políticamente relevante se puede buscar acceder a que la vivienda sea un problema resuelto de manera estructural. Esto es exigir a la sociedad y al gobierno que existan políticas públicas que tiendan a disminuir de manera sistemática el problema de vivienda con todas las implicaciones económicas, sociales y legales que pudieran surgir. De esta manera un movimiento no exige que les sean dadas casas a sus agremiados sino que se atienda el problema de manera integral; tal movimiento existe para resolver ese problema en un número indeterminado de casos; y a cambio se puede apoyar políticamente a quien o a quienes generen una agenda política al respecto.

En todos los lugares hay formas de reciprocidad política a partir de organizaciones políticas pero no en todos los lugares las organizaciones terminan apoyando sistemáticamente a la misma persona, grupo u organización; tampoco tienen porqué apoyar y menos de forma permanente con recursos económicos, horas de trabajo, presión política y menos aún con expresiones políticas más allá de su agenda particular. El problema en México es que muchas organizaciones civiles y políticas trabajan para otra estructura por encima de ellas, lo que revela una acción social conjunta para mantener la estructura de poder que actúa de manera jerárquica y antidemocrática independientemente de que esto sirva para hacer cumplir la ley, apoyar los derechos y necesidades de otras personas que no sean miembros e incluso, en determinadas ocasiones, de poder lograr sus propios objetivos.

En nuestro país el corporativismo va de la mano con el clientelismo político. Éste se define como: “el intercambio de bienes y servicios por apoyo político” (2). De manera general esa es la relación de legitimidad de cualquier estructura política, lo que caracteriza al clientelismo es que este intercambio ocurre entre dos personas con poder desigual; que de ellas la que tiene mayor poder decide la distribución de los bienes y servicios; que lo decide de manera arbitraria respecto del resto de la sociedad y que se genera una relación de dependencia entre ambos. Esta relación política genera un modelo de exclusión política y de distribución desigual de los bienes y servicios; luego genera el sometimiento político de cierto actor político y el uso o determinación discrecional del derecho. En menos palabras: impide la ley y la democracia.

Corporativismo y clientelismo no son enemigos absolutos de la humanidad. Son organizaciones políticas que han sido útiles históricamente y que algún día podrían volver a serlo. El clientelismo es una forma esencialmente moral de control político y sin duda es aplicable en muchos ámbitos sociales. El corporativismo fue la estrategia utilizada por los gobiernos del PRI y sus antecesores (Carranza a Ávila Camacho) para desmantelar el poder político porfirista y alcanzar importantes logros sociales. El problema surge cuando, finalmente, el PRI se hace del poder: en primer lugar no tienen por qué permitir ni invitar a que nadie más se integre a la organización de poder; en segundo lugar la estructura del poder y las personas que la ocupan en determinado momento ya no tienen por qué apoyar a las partes del corporativo y menos aún a aquellos que no forman parte de él; en tercer lugar el sistema se envicia al no permitir sistemáticamente la entrada al poder político de otros sectores y que éstos tengan la oportunidad de satisfacer sus necesidades y ambiciones. Esto ocurrió, a más tardar, a finales de los cincuentas, cuando el sistema ya no pudo cumplir las necesidades de muchos grupos y se empezó a degradar al tiempo que más y más voces clamaban por nuevos derechos y mayor democracia.

La historia es conocida.  Los diversos grupos que clamaban por mayores derechos políticos y sociales eventualmente fueron reprimidos. Con ello se les obligó a tomar una de tres vías: pasar a la clandestinidad optando por vías de acción pacíficas y/o violentas, permanecer en un estado de latencia generalmente escondidos bajo los círculos estudiantiles y académicos o, finalmente, pasar a ser parte del sistema para incorporar reformas paulatinas al sistema. En los dos primeros casos ello condujo a un proceso de cerrazón ideológica por los movimientos en la medida en que se veían bloqueados por la coerción directa o por la disuación de no poder destruir el sistema corporativo ni socavar sus bases sociales. Con ello optaron por vías que exigían y trabajaban relativamente poco en favor de incrementar la democracia. Toda ideología política debe servir para lograr los fines en que se fundamenta, si no lo logra no significa que sus ideales estén errados sino que sus medios son inadecuados. La guerrilla, la acción política independiente y el academicismo crítico pronto se volvieron discursos constantes que no avanzaron gran cosa en la persecusión de sus fines y que fueron incapaces de lograr diálogo con los sectores sociales que preferían mantenerse apegados al sistema, eventualmente muchos optaron por un soliloquio dogmático e inefectivo. Mientras los guerrilleros fueron casi exterminados los círculos académicos y estudiantiles se tornaron formas parasitarias en torno al sistema.

Por otro lado quienes se integraron al sistema político hegemónico fueron consiguiendo cambios paulatinos pero al mismo tiempo se infectaron de muchos de los mismos vicios del sistema entre los que se cuentan el corporativismo y el uso clientelar del poder. Pero las tres vías, juntas o por separado, han contribuído a incrementar nuestra democracia de manera lenta y paulatina así como ha introducir muchas mejoras en nuestra nación. Desde la guerrilla más radical hasta el Partido Acción Nacional y muchos sectores del PRI contribuyeron a modernizar muchos aspectos de la vida nacional. El problema es que no ocurrió con el ritmo y velocidad necesarias ni lograron encontrar las soluciones que hubieran permitido una nación mucho más próspera y menos violenta que la de hoy.

El Estado contemporáneo, el gobierno como su institución más palpable, está construído sobre la noción del derecho: una serie de normas donde se plasma lo que el individuo merece por parte del resto de la sociedad para seguir siendo ese individuo. El sólo hecho de tener derechos le vincula socialmente y lo hace tener una serie de obligaciones para cumplir con el mismo derecho en los demás individuos. Por ello el derecho tiene un carácter universal y su aplicación debe ser imparcial desde el momento en que dos personas son iguales como individuos ante la ley y sólo serán medidas por el cumplimiento o desobediencia hacia la misma ley. El Estado moderno fue creado por determinados grupos para instaurar y hacer valer lo que consideraban sus derechos, posteriormente otras personas se han sumado a esta forma política incorporando sus propios derechos para conformar naciones más incluyentes. Pero para incorporarse se ha tenido que reforzar el principio de universalidad mediante la disminución del uso faccioso del poder, es decir, si tengo más poder como ciudadano hago valer más mi derecho. Eventualmente este proceso de ciudadanización y empoderamiento pasa por la creación de organizaciones sociales que son nuevas ejercicios facciosos del poder y entonces el derecho pierde su universalidad mientras que su aplicación pierde imparcialidad. En cambio, si mi poder es más semejante al del otro los dos estamos en condición de reclamar nuestros derechos y de negociar la manera de alcanzar su cumplimiento aunque sin organización política rara vez se logra. En cierta perspectiva, a grosso modo expuesta, es  mi forma de ver el origen conflictivo y contradictorio, justificación de la democracia contra la cual atenta el corporativismo, el clientelismo y el dogmatismo ideológico.

La democracia teórica tiene serios defectos y las democracias tal y como existen tienen otros peores. Hemos visto en México y en todos los países que esgrimen ejercer tal sistema político que aún no encontramos la forma de que la gente valga por igual ante la ley, que los grupos de interés no desaparecen pues no todas sus ambiciones y necesidades son satisfechas por la democracia. Se sabe que hay derechos que se contradicen en la letra y/o se contraponen en su aplicación. Reconocemos ahora que la democracia significa la instauración de un Estado que amenaza devorar al individuo e incluso a la sociedad, que sume al individuo en una neurosis individual y colectiva, que depende de la existencia de medios informativos que multiplican las versiones de la “verdad” infinitamente hasta crear tantas verdades como medios o actores políticos hay. Hemos visto esos y muchos otros problemas, pero al mismo tiempo no hemos encontrado otro sistema que asegure la capacidad de las minorías de llevar a la agenda pública sus necesidades para ser discutidas y, de ser aceptadas, satisfechas. Sobre la violencia no cabe como refutación aquí ya que es un medio y no un sistema político estable, es indudable que así como viola la democracia podría bien llevar a ella.

La Democracia, la Ley y el Estado encuentran su articulación en la figura del Ciudadano. Éste es una forma del individuo pero no es equiparable a él. Una persona puede ser un creyente, un practicante, un trabajador, un hombre, una mujer, etcétera; pero cada uno de esos calificativos es una faceta o forma de verla así como otra es la del Ciudadano. Con esta palabra se designa la personalidad política de una persona, se apunta a un individuo en tanto es reconocido como perteneciente a una sociedad con determinados derechos y obligaciones acorde al Estado de Derecho. El ciudadano es aquél en quien recae la ley y, por tanto, eventualmente el que la exige y el que la cumple. Por ello la condición de ciudadanía no depende únicamente de que el gobierno se la reconozca sino que es el propio individuo el que debe asegurar y preservar esta identidad jurídica en su relación cotidiana con la sociedad y con el Estado. El ciudadano puede y debe mejorar su condición política conociendo las leyes, las funciones del Estado y participando en su gobierno, lo que con sus bemoles significa participar en la democracia. Significa entonces que debe entender el carácter universal de la ley y exigir la imparcialidad de su aplicación a las instituciones. Significa que sólo se hace ciudadano si participa políticamente en alguna medida.

Las múltiples dimensiones del hombre pueden o no ser contradictorias, pueden o no ser complementarias. Por ejemplo: una persona puede ser un judeocristiano creyente y practicante puede obedecer el quinto mandamiento “No matarás”, lo que puede entrar en acuerdo con las disposiciones legales que condenan el homicidio, el asesinato o la ayuda al suicida; sin embargo el mismo mandamiento puede entrar en contradicción con leyes acerca de interrupción del embarazo, atenuantes de homicidio, eutanasia, entre otras. Su personalidad religiosa es responsabilidad de él ante la grey de la que forma parte, pero su personalidad legal es su responsabilidad ante el Estado nación u organismo supranacional del que forma parte. El individuo tiene que lidiar con ello y ver a cuál privilegiar pero la estabilidad social fundamentada en el pacto de derechos establecido en la Constitución sólo se logra privilegiando su personalidad ciudadana sobre otras.

Por otro lado pero en el mismo sentido, no hay que confundir la personalidad ética y/o moral con la personalidad política/ciudadana. Hace tiempo se hizo muy popular un video que acusaba todo el problema a la moral de las personas dando por hecho muchas nociones y exigencias que no son tan claras como parece creer quien lo realiza; pero ante todo supone que los deberes civiles están ligados y hasta subordinados a los deberes morales cosa que es profundamente falsa. No se llega a una moral coherente ni universalmente satisfactoria de la noche a la mañana y ésta, por completa que sea, no tiene por qué ser congruente con el sistema legal existente. Y, sobre el tema que nos ocupa, puede llegar a ser moralmente muy bueno ser leales a un compromiso clientelar pero no es en derecho ni siquiera un poco aceptable.

De forma que he ahí mi hipótesis: no somos ciudadanos en el México de hoy en día. Hay demasiados intereses y grupos creados que se niegan a acatar las responsabilidades explícitas e implícitas de ser ciudadano de un país y que intentan hacer pasar por ciudadanía juicios y acciones más ligadas a intereses particulares o esquemas categoriales de una índole completamente distinta, preferimos descalificar que reconocer cómo nos ayuda nuestra organización política. El primer paso para aprender a ser ciudadanos es leer la ley. El segundo es cumplirla. Ello no nos hace buenas personas. Un excelente ciudadano puede ser una porquería de persona y una buena persona no tiene que seguir en todo momento la ley. Pero, posiblemente, ser un buen ciudadano o, al menos, un buen prospecto de tal mediante la lectura de la ley es un buen paso para 1) mejorar nuestra sociedad y 2) ser una persona moralmente consistente.

El sistema corporativo tiene una caducidad natural pero ésta es cada vez más lejana en la medida en que, todos aquellos que no estamos integrados o relacionados de la misma manera a él, no podemos encontrar formas de construir puentes comunicativos, organización política, ni respuestas efectivas a las necesidades de todas aquellas personas que viven del sistema corporativo en distintas medidas empezando por las bases. Por supuesto no hemos logrado que los partidos limiten sus privilegios corporativos ya que es la fuente de su poder. Si nuestro programa más importante en elecciones es la democracia entonces ese gran voto duro, corporativo y clientelar es nuestro mayor fracaso. Esa es una de las razones por las que el PRI seguirá presente entre nosotros mucho tiempo.

Atte. Ilyadad

(1) Tal definición la extraigo de  http://www.bibliojuridica.org/libros/4/1627/5.pdf pág. 3 y ss.
(2) Como se lee en http://www.ejournal.unam.mx/rms/2010-1/RMS010000105.pdf pág. 3 y ss.
http://es.wikipedia.org/wiki/Corporativismo
http://es.wikipedia.org/wiki/Clientelismo_pol%C3%ADtico

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¡Fuera Peña Nieto!

Quiero aclarar, primero que nada, que yo no odio a Enrique Peña Nieto. No lo odio sencillamente porque no tengo razón para odiarlo. Mi sentimiento hacia el señor es de profundo temor, temor de que llegue a la presidencia por las siguientes razones:

  1. Es el candidato de un partido que, contrario a su discurso, no ha sabido renovarse. Cuyos dirigentes no han transformado sus prácticas políticas, cuyos ideólogos han desaparecido suplantados por un puñado de tecnócratas y cuyas bases siguen demostrando una falta de educación política. Un partido que se ha vaciado de discurso y que no tiene proyecto de país.
  2. Es el candidato de otro partido, que sirve a intereses puramente familiares ligados a la industria farmacéutica. Que no ha hecho prácticamente nada por defender el medio ambiente y que, en cambio, se dedica a defender intereses políticos particulares y a saltar de alianza en alianza. Un partido que promueve el odio y la muerte en lugar de la vida que se supone es su causa principal.
  3. Es el candidato que, necesariamente, debe realizar alianzas con el resto de un partido corrupto cuyos gobernadores han cometido inumerables tropelías en el orden de lo civil, de lo político y de lo penal. Con personajes que han sido cómplices o criminales amparados por el Estado en insignificantes detalles como pedofilia, secuestro, tráfico de influencias, negligencia, corrupción, lavado de dinero, asesinato, etc.
  4. Es el candidato que ha tenido la menor cobertura crítica por los consorcios mediáticos del país. Al que algunos de los consorcios mediáticos rinden franca pleitesía (como se observa claramente en los periódicos de Vázquez Raña). Candidato que usa la imagen para fortalecer su campaña por encima del uso de conceptos, proyectos y valores.
  5. Es el candidato que se encuentra casado con una “artista” de Televisa. “Artista” cuya carrera es fatal y cuyo discurso artístico o intelectual es nulo, su propio epítome de “dime con quien andas y te diré quien eres”.
  6. Es el candidato que fue incapaz de revivir la infraestructura de la zona metropolitana y conurbada antes de lanzarse a apoyar la construcción de las financieramente jugosas Ciudades Bicentenario.
  7. Es el candidato que, a todas luces, más hace uso en su campaña del dispendio de recursos públicos en regalar baratijas o productos asistencialistas en lugar de promover la educación política y la organización de alternativas económicas en su partido. El que, aún suponiendo que no pueda cambiar ello, no le conozco colaborador alguno que tenga esa premisa política y la lleve a cabo.
  8. Es el candidato cuyo discurso, bellamente confeccionado, sigue siendo vacío pues usa las mismas frases sin dotarlas de contenido. El que rehuye mediante el discurso oficial adentrarse en los temas que tienen que ver con la transformación institucional y social de nuestro país así como de su proyección internacional.
  9. Es el candidato de un partido sin facciones de base claras y definidas. Que promueve el absurdo de que la unidad democrática es la inexistencia o negación del disenso. El que es impulsado por un sistema a todas luces autoritario en el que muchos de sus partidarios creen que el poder centralista y la mano dura es la mejor manera de sacar adelante a México.
  10. Es el candidato que aparece en las revistas de sociales simpatizando con medio mundo empresarial en cenas y bailes que disfrutan del derroche magnánimo y las costumbres conservadoras y de doble moral.
  11. Es el candidato cuya preparación retórica se ha traicionado a sí misma al ser incapaz de responder satisfactoriamente a cuestionamientos personales, incluso demostrando sus valores retrógradas y machistas.
  12. Es el candidato que, a pesar de los defectos ciudadanos y democráticos expuestos anteriormente, me parece incapaz por sí mismo de consolidar a todos los poderosos bajo su mando. El no es el poseedor del poder en su partido.
  13. Finalmente, es el candidato de un organismo político que no ha querido refundar ni el nombre a sabiendas de todos los errores históricamente cometidos por sus miembros y correligionarios. Es el partido que carga con la ignominia sin hacer nada por quitarse el juicio de la historia. Es el candidato que con sus errores en Atenco remarca y repite esa historia.

  • ¿Tu crées que puede quitarse el peso de éstos poderosos?
  • ¿Tu crées que es capaz de castigarlos por sus crímenes?
  • ¿Tu crées que es capaz de ser el Candidato del PRI sin pactar con ellos?
  • ¿Tu crées que todo lo logrado en los gobiernos priístas es suficiente para perdonar y ocultar sus crímenes?
  • ¿Tu crées que necesitamos al partido más centralista y corrupto para mantener y mejorar sus logros?
  • ¿Tu crées que el PRI de hoy sigue siendo el mismo que logró llevar a la industrialización de nuestro país?
  • ¿Tu crées que es mejor un Estado sin oposición que una democracia ciertamente caótica y crítica?
  • ¿Tu crées que habrá desarrollo económico palpable en nuestras casas malbaratando el país al extranjero?
  • ¿Tu crées que el pseudo-capitalismo criollo y conservador nos conviene para competir con los países desarrollados y en crisis?
  • ¿Tu de verdad crées que Enrique Peña Nieto es quien tiene el poder real en el PRI?

Di no al copetudo

Atte. Ilyadad.