¡Con Movimiento Progresista y MORENA!


Ahí viene el primero de julio. La fecha tan esperada significa para mí una cosa bien clara: mi voto es para Andrés Manuel López Obrador y dudo mucho que pueda ser de otra forma o por otro candidato. Después de seis años más en el poder el PAN ha sido incapaz de defender sus principios partidarios, de poner en la agenda política sus propuestas originales, en cambio se ha dedicado a servir a los intereses de la clase empresarial y a atentar contra la clase trabajadora. Peor que ello se ha inmiscuido, apoyando al señor presidente, en una guerra interminable por recobrar un control político autoritario, en servir a los propósitos de EU en doblegar al narco mexicano, en militarizar al país y dividir a la sociedad civil. No ha estado solo en ello. En mayor o menor medida el resto de la clase política lo ha ayudado a degradar la nación. Los partidos han apoyado muchas de las iniciativas y decisiones del presidente, con ello se ha perdido la oportunidad de tener una oposición verdadera o al menos más eficaz.

La desconfianza de la política, sus instituciones y sus prácticas es general en nuestro mundo actual. México la vive cotidanamente y se ha acostumbrado a ella al considerar que las prácticas de corrupción, de cabildeos, del poder como se ejerce en nuestro país son inherentes a un sistema político. Si bien eso puede ser cierto hasta cierto punto, también es cierto que hay diferentes formas del ejercicio de gobierno en el mundo y que no todas cuentan con el nivel de corrupción y desapego de la ciudadanía que hoy tenemos aquí. Es necesario cambiar eso.

Seguimos sin saber quiénes somos y qué necesitamos hacer para cambiar nuestra sociedad. Y no me refiero únicamente a la información que manejan las instituciones, me refiero principalmente a la ciudadanía que no confía en los políticos porque no los conoce, porque no sabe qué sucede en el resto del país y del mundo, porque no conoce con suficiencia el funcionamiento y justificación de la maquinaria estatal como para poder defenderse de ella o empezar a construir mecanismos de defensa.

Se necesita una reflexión continua sobre los valores y una vida social acorde a ellos si queremos recuperar la paz. Se necesita participación política de la ciudadanía no sólo en lo electoral. Se necesita una vida cívica donde se conecten la ciudad y el campo tratando de entender y preferentemente atender las necesidades del otro. No se necesitan solamente puestos de trabajo, inversión nacional y extranjera, servicios de salud y muchas otras formas de infraestructura. El recurso primario de toda política es la ciudadanía, eso es lo que necesitamos urgentemente hacer y apoyar si queremos poder aspirar a ser una nación próspera o llevar una vida más satisfactoria. Sin una ciudadanía suficientemente informada y participativa ningún gobernante hará caso a los gobernados.

Ni Obrador ni ningún candidato le interesa construir ciudadanía. No está en la agenda política porque tampoco está en la agenda política del ciudadano. Se promete terminar la guerra o continuarla, incrementar la inversión, proponer reformas legislativas, etc., pero a nadie se pone a ahondar en el problema de generar más y mejores ciudadanos. La lectura de valores de Obrador es un paso muy débil, pero un paso en ese sentido. Durante los gobiernos perredistas en la capital del país ha habido un trabajo lento pero constante en inculcar valores sociales y promover la construcción de ciudadanía a través de implementar leyes e instituciones que generen participación social no solo en las decisiones de gobierno, sino también, aunque de manera muy débil, en el autogobierno de la sociedad, en acelerar la dinámica de gobierno transfiriendo capacidad de decisión y desarrollando las habilidades necesarias en las personas para que puedan tomarlas.

Muchas personas piden, y con razón, que el primer medio para cambiar a la patria es cambiar uno mismo. Vivir de tal manera que con apego a la ley o a la moral se recupere el orden social no esperando a que los demás cambien para cambiar nosotros. Hacen llamados a recobrar la cordura y guiarse conforme a los valores. El problema es que muchos no dicen ¿qué valores? Para nadie es un secreto que el mundo atraviesa una crisis de los mismos. Ser apóstol de una mejor vida cívica y ética implica también el trabajo de promover valores determinados, justificarlos y, preferentemente, enseñar con el ejemplo. Hay que evidenciar qué valores proponemos y discutirlos pues no todos tienen ni defienden exactamente los mismos. Al tiempo que todos los políticos están de acuerdo en defender los derechos y nunca dicen cuáles, el ciudadano está de acuerdo en defender los valores sin decir tampoco cuáles.

La mayoría, sin embargo, no promueven valores. Saben de algunos y viven de pocos pero realmente no se ponen a pensar mucho en el asunto y hay muy pocos que los hagan reflexionar al respecto. Ahí está la tarea para todos los que creemos que el cambio ciudadano y personal puede ser la puerta a una mejor nación: concentrarse en enseñar, discutir y ejercitar esos valores. Pero por más que nos pusieramos persona por persona a discutir y conocer en qué creemos y aprender del otro sus creencias eso no es suficiente. Desgraciadamente se necesita que nos eduquen masivamente, se necesitan instituciones y medidas que enseñen lo que ya se ha aprendido de la ciudadanía y la ética (y la ciencia y la historia y muchas otras cosas por supuesto) para acelerar este proceso. Con altibajos y muchas deficiencias en el DF es el único lugar donde he visto acelerarse este proceso, implementarse estas medidas, una razón de mi apoyo a las personas reunidas en torno a los partidos de seudoizquierda.

Como dice el refrán “lumbrera de la calle, oscuridad de la casa”. El PRD no ha logrado lo que su nombre refiere: democracia y los pequeños partidos tampoco. No podemos esperar del PRD y su estructura cupular, incluyendo su candidato, la preciosa democracia. Es lo que el PAN debería apoyar y promover, su razón de existencia, preferentemente ejercerla. También ha fallado en ello. Todos los partidos se guían por decisiones cupulares donde se duda de la inteligencia y capacidad de los súbditos y en cambio se defienden cotos de poder. Pero la democracia no es tampoco algo que se pueda esperar de quien tiene el poder, es algo que construye la ciudadanía al empoderarse, al empezar a juzgar y actuar conforme a sus necesidades y defendiendo sus derechos. De todas formas sólo el PAN y el PRD cuentan entre sus filas con personas que luchan al interior y exterior de sus partidos por apoyar el respeto a la diversidad de opiniones y el derecho a la diversidad política.

Obviamente el estómago no come de leyes y discursos sobre derechos. PRI y PRD se han apoyado en una base social y en la promesa de cambios que permitan obtener trabajo e ingresos. La parte de derechos sociales o al menos de apoyos sociales es lo que constituye la fortaleza de estos dos partidos. Contrapuestos al partido en el gobierno cuentan con los vínculos políticos y algunas propuestas para incentivar la creación de puestos de trabajo aunque sea promoviendo el comercio informal. A pesar de lo pobre o populista de las iniciativas mantienen su poder en mostrarse como propuestas más concretas para mejorar el modo de vida de las personas. En cambio el PAN se ha mostrado profundamente asistencialista para supuestamente paliar los problemas inherentes a la flexibilidad laboral que tanto ha impulsado (a pesar de lo cual no implementa el seguro de desempleo).

Como ciudadanía debemos exigir derechos sociales tales como el trabajo estable y la educación laica y gratuita, y al mismo tiempo exigir derechos civiles como votaciones claras y candidaturas independientes. O sencillamente exija los derechos que usted quiera o necesite. El punto en concreto es que debe haber más ciudadanos, es decir, más personas insertas en la discusión de lo que necesitan, lo que quieren y lo que pueden dar a cambio. Los partidos son solamente un medio y no como tradicionalmente sostienen: la demostración de la vida en democracia. Por el contrario hay, como le llaman, una partidocracia en nuestro país lo que significa que no hemos desarrollado hasta el momento una vida ciudadana capaz de superar esa partidocracia.

Las cúpulas partidistas siempre tienen la tarea de participar en el gobierno, de negociar y encontrar la forma de tener una civilidad suficiente como para que no estallen las contradicciones sociales entre grupos o particulares. El político gobernante es un administrador de los recursos, las leyes y la violencia de la sociedad. Puede y en parte tiene que ir en contra de la sociedad para conseguir la estabilidad de la misma acorde con un esquema de valores y leyes que legitiman (valga la expresión) quién está en el poder político y fáctico. Pero debajo de la cúpula los demás trabajan en una serie de ideas y principios que legitiman a su vez las acciones de las cúpulas. Esas personas tienen al menos en determinada medida el compromiso de atender a esos valores y las considero, junto con las bases, las partes fijas de una estructura partidaria. Las cúpulas y los gobernantes emanados de sus filas son meros administradores. No por ello hay que olvidar que ser base, ideólogo o administrador son sólo roles dentro de la vida institucional, no personas concretas. A lo largo de su vida un miembro de partido puede ser un ideólogo valioso y un pésimo gobernante, o bien un excelente gobernante y un pensador pésimo. Puede ser ambas o ninguna, puede también ser parte de la mayoría y nunca pasar de base. Así mismo no tenemos por qué pertenecer a determinado partido y sin embargo apoyarlo o discutir sus ideas contribuyendo al enriquecimiento de su postura política.

El objeto de la conciencia ciudadana es saber leer, ver e interpretar las necesidades propias y las de la sociedad de la que formamos parte. Así mismo examinar a los partidos e identificar las bases y las ideas en que se fundan para preveer qué es lo que apoyan y qué les interesa. Reconocer a los poderosos y la fuente de su poder viendo así mismo cómo se interrelacionan con los partidos, como dice el refran “dime con quién te juntas y te diré quién eres”. Finalmente actuar para conseguir aquellos objetivos que surgen del anterior análisis. Actuar con el voto, la protesta, el consumo, la desobediencia civil, la creación de mecanismos alternos, productos alternos, instituciones nuevas que respondan verdaderamente a lo que queremos que sea nuestra sociedad.

Es probable que la democracia y la forma específicamente republicana entrañe una suerte de paranoia. El poder está en constante reconstitución y hay que estar alerta constantemente para poder reconocerlo, combartirlo, tomarlo. Todo ello aunado a responsabilidades laborales, familiares, personales, etc., no es fácil de afrontar. Cada vez nuestras responsabilidades civicas son mayores en la medida en que tomamos consciencia de ellas y las aceptamos. Sin embargo es imprescindible asumirse un ciudadano y reflexionar sobre ello si se espera poder vivir en sociedad por lo que, lamentablemente, la locura que de ello se desprende me temo que sea inevitable y si lo es no es materia de este escrito.

En cualquier caso creo que hay gente prometedora en cualquier partido y organismo político. La diferencia estriba en cuánto peso tienen sobre aquellos que están en la posición de tomar decisiones. Así mismo en si esos mismos que están en el gobierno le destinarán espacios y recursos a todos los trabajadores que tienen proyectos para reorganizar las instituciones. En esa relación de poder entre los que mandan y los que hacen yo encuentro una mayor coherencia entre los denominados partidos de izquierda. La llegada a la presidencia de su candidato y de senadores y diputados en las nuevas elecciones posibilita que en muchos lugares tengan acceso a recursos personas comprometidas y con proyectos nuevos para darle vitalidad al gobierno y trabajar en la construcción de ciudadanías.

En Estados Unidos el bipartidismo representa dos formas hasta cierto punto contrapuestas de enfocar la política desde posiciones liberales. Algunos han querido ver ese modelo en la dupla PRI – PAN, ello no es posible ya que las instituciones políticas no juegan ese contrapeso necesario para frenar los excesos del otro. En primer lugar existen cotos de poder inviolables cuyo fuero no ha desaparecido con la alternancia política, en segundo lugar las políticas liberales no han contribuído a mejorar la situación laboral (y como se ve a nivel mundial amenazan con destruirlo), la militarización del país no ha frenado el narcotráfico solamente lo ha dispersado, se ha perdido autonomía e independencia económica, industial y alimentaria, finalmente, hemos quedado al margen del proceso integrador que viven los principales países de latinoamérica.

Aún cuando el PAN protege los intereses industriales de acuerdo con la teoría neoliberal, no cumple su papel de defender firmemente los derechos civiles y políticos. No ha logrado disminuir el abstencionismo, ni el fraude electoral o avanzar en materia de libertades individuales, lo que es peor, al igual que sus pares en otras partes del mundo han pugnado por disminuírlas. El PRI en cambio se promueve como un partido de centro, pero su valor no reside en conjuntar lo mejor de ambas propuestas o al menos un proyecto equidistante de ambas, por el contrario en sus propuestas no se ha visto nada claro, las respuestas son evasivas y excepto por temas muy puntuales su proyecto supuestamente está por verse; pero su verdadero valor reside en la idea de unidad, una unidad prometida que las personas parecen necesitar en este momento. El PRI llama la atención porque se mueve como un bloque unido que ejerce el poder monolíticamente en lugar de estar sujeto a controversias y disensiones internas. Hasta donde entiendo eso da confianza a las personas que ven en la falta de conflicto una señal de orden lo que es un terrible error, quizá no ocurre la censura pero se da la autocensura para poder entregarse servilmente a la búsqueda del poder. ¿Qué se gana con ello? Solo la sensación de que caminamos juntos, de que podemos defendernos juntos pero no asegura que realmente el PRI sea capaz de proponer o defender programas que sirvan para mejorar la forma de vida del grueso de la población. En cambio muchas de las reformas sociales que en las elecciones son esgrimidas como banderas por todos los partidos han sido extraídas de las experiencias vividas en la administración del Distrito Federal. Desafortunadamente la aplicación de las mismas medidas no cuentan con el mismo nivel de penetración en todo el país.

Así pues una buena parte de la solución radica en construir ciudadanía, en generar ese precioso recurso social que, como revela la situación actual, puede acabarse si no se le cultiva constantemente. Tengo la convicción de que una de las muchas vías que debemos ejercer para construirla está en lograr que los puestos públicos de mayor importancia sean ocupados por una serie de personas con educación y el firme propósito de mejorar la vida política y material de la sociedad mexicana. Es imposible que se solucionen los problemas tan sólo por ganar un proceso electoral pero creo que esta vez es tiempo de impulsar esta sociedad a través del trabajo y las propuestas de las personas que acompañan a Andrés Manuel López Obrador. No olvides que si votas por él y te quedas impasible, se gane o se pierda la elección será como si jamás hubieras votado.

 

P.D. Realmente no creo mucho en la democracia pero creo que puede ser mejor que lo que tenemos hoy y que la mayoría preferirían mejorar su nivel de vida en lo material y en lo político para lo cual les sería útil. Tampoco descartemos el voto en blanco, el voto diferenciado, el voto de castigo, el voto nulo. Tenemos que aplicarlo donde se empiece a notar y encontrar otras formas de que se incluya en la ley pues por el momento da igual a la omisión o voto nulo. No creo que sea útil en elecciones presidenciales dado nuestro presidencialismo, en cambio sería más útil en diputados y/o senadores. Finalmente dale tu voto al candidato, no a los partidos, tenemos que aprender a trabajar por un proyecto más unificado sin abandonar la diversidad de propuestas.

P.D.2 Sigo sosteniendo que MORENA debe constituirse en un articulador de iniciativas civiles concretas. Debe DEMOCRATIZARSE. Debe entrar en el DF. Deben dejar de hacer de MORENA un circo útil únicamente para un proceso electoral. También he oído varias personas decir que la oportunidad de Obrador se fue hace seis años tanto para ganar como para realizar cambios. Es muy posible, tal y como lo ponía yo diría lo mismo, por eso no voy por lo mismo el proyecto de hace seis años era diferente a la posición coinciliadora de hoy. La derrota sacó a relucir las diferencias que se tenían respecto a lo que se esperaba de la victoria, el problema no radica en si el discurso era demasiado radical o demasiado conciliador, tales juicios evidencian que los unos esperaban un tono conciliador mientras que los segundos una ruptura. Ser concientes de esas diferencias debería permitirnos ir más unidos, lograr un diálogo, desgraciadamente no ha sido así. Desgraciadamente la complacencia de la acción monolítica sigue prevaleciendo. Esta aún es una victoria posible.

Atte. Ilyadad

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