Absurdas discusiones

La revolución informática que vivimos ha transformado muchas cosas en nuestras relaciones sociales. La inovación que han constituído las redes sociales ha permitido masificar por fin los contenidos digitales dando un paso adelante en la democratización de la información y de la sociedad. Sostengo que esto constituye un paso más en un proceso continuado durante toda la historia del hombre donde sus mecanismos productivos y transformadores han tendido a generar una red de comunicación que permite acelerar y optimizar los mismos mecanismos productivos en que se genera. El desarrollo de la escritura, del correo, de las rutas comerciales, de lenguajes de códigos y signos diversos, del telégrafo, el teléfono, el radio, la televisión y el internet, entre otros inventos que en este momento pudieran faltarme, ha sido parte de un proceso globalizador de los medios transformadores del entorno como causa y como consecuencia.

El resultado de ese proceso es que las personas que participamos de los procesos productivos como trabajadores o como consumidores vemos incrementadas nuestras capacidades cognoscitivas, es decir, independientemente de en qué se trabaje o dónde se viva las personas tienen, en desigual medida, acceso a cada vez mayores volúmenes de información. Esto, a su vez, tiene como consecuencia un mayor conocimiento de las posibilidades de acción que tiene el individuo, amplía su perspectiva sobre la naturaleza y constitución del mundo que le rodea, le dota con ello de mayor poder en diferentes esferas de su vida a través del desarrollo de habilidades y capacidades técnicas, afectivas, intelectuales, políticas, éticas, tecnocientíficas, etc. Con mejores capacidades y habilidades políticas el grueso de las sociedades tiene cada vez mayor peso en las decisiones que afectan al conjunto, la democracia se ha fortalecido y el sistema que vivimos ha sido, en buena medida, un resultado de este factor en específico.

Sin embargo esta democracia y esta masificación de la información también han tenido resultados adversos. La misma sociedad se ha masificado al globalizar no solo la información sino también las técnicas (a través de la estandarización), las formas de vida (a través del consumo), los valores (con los medios de comunicación), etc., creando una forma de vida común y más homogénea que se manifiesta particularmente en la hegemonía económica, política y axiológica de los contextos urbanos y sus formas de pensamiento; algunos dicen que occidental pero eso es algo que siempre se discute qué significa. Un problema presente en esta perspectiva es ¿qué fue primero? ¿La forma de pensamiento o la forma de vida? Creo que esto constituye una falsa apreciación a través de una división tajante entre la estructura teórica y la práxis transformadora, ambas son acciones humanas que se derivan una de la otra y que van mutando conforme van transformando el entorno que la exige y apreciando de diferente manera ese mismo entorno. Hay puntos nítidos o marcados en la transformación que el hombre hace del mundo y los denominamos revoluciones o teorías pero en general existe un devenir constante en todos los procesos humanos por lo que me abstendría de sostener indiscutiblemente frases como “el origen del pensamiento actual…” o “el hecho que modificó al mundo…” a pesar de ser necesarias en el discurso.

Por lo anterior considero que las personas durante toda la historia han tenido contextos particulares y los han enfrentado con herramientas físicas e intelectuales propias para el problema al que se enfrentan. La gradual globalización del conocimiento y de las herramientas han homogeneizado los contextos a través de la creación de herramientas específicas disponibles en múltiples mercados que permiten enfrentarse a contextos más variados y de herramientas generales que permiten que los retos se reduzcan en variedad y complejidad. Ahora un carpintero tiene por igual acceso a pulidoras para diferentes maderas por lo que ya no tiene que trabajar con una madera en específico, por otro lado el uso del bolígrafo elimina el uso de carboncillo, pluma fuente, pluma de ave, etc. De esta manera la complejidad y diversidad del entorno disminuyen pero jamás desaparecen. Al final de cuentas hay cosas que no pueden igualarse como nuestra situación específica en un contexto social, geográfico, climático, afectivo, físico, etc., por lo que siguen existiendo necesidades específicas y diferentes formas de ver, concebir y explicar al mundo.

Hemos logrado homogeneizar nuestras necesidades y nuestras herramientas en buena medida pero no totalmente, el sistema (empezando por el capitalista) necesita algunas diferencias para seguir funcionando y hay otras que no se han podido vencer o superar o que, sencillamente, no es necesario modificar. La globalización de la información ha dotado progresivamente a muchos seres humanos del conocimiento de formas de pensar diferentes a la suyas, de conocimientos con los que no contaba y que contravienen o trastocan su anterior manera de concebir y enfrentarse al mundo, pero lo que no ha logrado, a pesar de masificar a la sociedad y sus espectros de opinión, es unificarla. Haciendo uso de una analogía puedo decir que si bien cada vez más nuestras maneras de ver al mundo pasan por el filtro de un color determinado, cada vez surgen más y más matices de esa región del espectro; incluso con ese espectro único muchas de sus tonalidades son diametralmente contrapuestas.

La razón de la diversidad de opinión no se reduce a nuestros diferentes contextos, o no sólo se explica mediante ellos, es posible darle otras explicaciones como diferencia en nuestra constitución y estado anímico, intelectual, epistémico, social.  Sin duda hay limitaciones históricas y constitutivas a la aprehensión y transmisión del conocimiento que genera diversidad de opiniones al irse transformando el signo y el significante de lo que consideramos conocimiento. Ahí entran profundos problemas de psicológía cognitiva, neurociencias, problemas lingüísticos y de semiótica sobre el proceso de comunicación y aprendizaje y todo ello quitando el problema de la intencionalidad por la cual una persona puede mentir y ser origen de otra divergencia. En resumen creo que por más que se masifique la sociedad en su forma de pensar es imposible llegar a una uniformidad de pensamiento y, junto con ello, de acción.

La diversidad se hace manifiesta con las redes sociales de manera inmediata a cualquiera que tenga acceso a los medios de comunicación electrónicos. Estas redes sociales se han convertido en origen primigenio de la información en múltiples ámbitos y un referente para tener acceso a mayor cantidad de información en menor tiempo. Pero, al mismo tiempo, problemas inherentes a toda clase de creación y transmisión de información se han vuelto más acuciantes. ¿Qué tan confiable son las redes sociales? ¿Cómo enfrentar la diversidad apabullante de opiniones? ¿Cómo superar más fácilmente las barreras idiomáticas? ¿Cómo juzgar la información que leo?

Es imposible e irresponsable de mi parte dar una respuesta aquí. Por un lado porque creo en muchas tesis sobre el relativismo y el pluralismo epistémico, en la diversidad de opiniones, de culturas, de preferencias y de todo aquello en lo que se puede ser diverso; por el otro porque ello no significa que me conforme con esa diversidad sino que creo que hay que buscar y construir los puentes entre esa diversidad para apoyar la dimensión positiva del proceso comunicativo y globalizador del que hablaba arriba. Sin embargo estamos lejos de tener teorías unificadas al respecto y las que yo conozco las manejo aún de manera muy deficiente.

Pero un problema mucho más urgente, y que es origen de este escrito, es el caos que se ha convertido el uso de las redes sociales. Aunque los logros de las redes sociales son inegables sus alcances son bastante discutibles para cada individuo. Sin conocimiento de las formas de argumentar, de la información necesaria para seguir un argumento, sin tener argumentos para sostener determinados juicios ni la voluntad para seguir los argumentos ajenos, la red se vuelve (quizá como parte y demostración de que constituyen nuestro nuevo espacio social) comúnmente un lugar donde se trasladan las mismas peleas absurdas y faltas de contenido, repletas de descalificaciones y esquematizaciones, que se realizan en cualquier chismerío barriobajero. Y eso constituye un problema pues aunque tengamos más herramientas para fundamentar nuestras opiniones parece ser que tenemos mayores probabilidades de perdernos en el mar de información que se nos presenta y los usuarios de la red, los votantes electorales y muchos otros tipos de sujetos participante de una comunidad epistémica y de decisión optan por la cerrazón, la violencia, el abstencionismo, el desinterés, el egoísmo y la apatía como ejes rectores de su actuar en estos ambientes o situaciones.

En esta masificación también se masifica (valga a redundancia) constantemente la estupidez humana ocasionando conflictos absurdos que sientan precedentes para la anulación del discurso, para cesar la crítica bien hecha y elaborada. En lugar de clarificar contribuye a crear un caos en la identidad personal, social, política y epistémica del sujeto. Sin duda hay factores estructurales propiciados por las formas de comunicación. Ejemplo de ello es el Twitter, lo que puede funcionar como un medio para acelerar el intercambio de información y toma de decisiones es usado para dirimir discusiones, generar rumores o generar falsas opinionesy controversias. Es tan absurdo intentar llegar a conclusiones específicas con Twitter como suponer que los grandes pensadores del siglo XIX hubieran hecho sus obras discutidas con colaboradores a partir del telégrafo, aún cuando esto sea posible no se daría sin asumir una posición de crítica y análisis recto conforme a la lógica y con mejores intenciones de discurso. Por las exigencias de cada tipo de discurso siguen existiendo oficios y disciplinas como la ciencia, la diplomacia, etc.

Pero no es algo que se vaya a dar en Twitter, ni en facebook, ni en otras redes de mensajeo reducido donde se tratan de dirimir muchos asuntos mediante una holgazanería inaudita y una ignorancia desvergonzada. Por ello estoy a favor de su uso para transmitir opiniones, ideas, percepciones, ocio, etc., pero no para agresiones sistemáticas que imposibilitan llegar a un consenso, que castran la pretensión de encontrar la verdad de los hechos, que ni siquiera tienen la pretensión de causar una discusión o una polémica en términos apasionados. Por el contrario: incitan a que no haya polémica sino conflicto el cual, la mayoría de las veces, es una completa pérdida de tiempo.

Maquiavelo y Sun Tzu dicen explícitamente: el engaño es la esencia de la guerra, el engaño lleva a la victoria. Schopenhauer y Musashi ahondan en la forma de los engaños o artimañanas que en la palabra o la espada son necesarios para vencer al contrincante. Gramsci y Julio César recuerdan la necesidad de convencimiento del otro para ganar el apoyo de un aliado o la descalificación de un contrincante y así sucesivamente. Pero en todos los casos hay un objetivo que hace necesario el uso de las artimañas necesarias para ganar una guerra ideológica, teorética o concreta. Con la masificación progresiva de los medios de comunicación se hace cada vez más patente la existencia de una gran cantidad de personas que no tiene las herramientas necesarias para llevar a cabo una exposición y argumentación de sus ideas, que compra ideas o emociones que trata de defender a ultranza porque existen en sus mentes como horizontes de sentido sin saber exactamente por qué ni para qué.

La existencia de las masas no es algo inaudito en realidad me parece bastante natural y en toda la historia se han hecho referencias a ella, pero (y no por ello dejaría de ser republicano ni demócrata) despierta las formas más rancias, retrógradas y energúmenas del pensamiento humano llevándolas a la colectivización y aduciéndo que ésto es la demostración o ejercicio de la democracia. Así mismo propicia una polarización social que sólo es limitada por el mismo sistema. Revela las grandes carencias culturales y educativas del grueso de la población y, lo que es peor, no nos da una pista de cómo intentará (intentaremos) subsanarlas. Es importante encontrar una solución a través de estos mismos medios antes de que las deficiencias que denuncia sean propiciadas y propulsadas por este mismo medio de comunicación y eventualmente se trasladen al mundo concreto de acciones interpersonales en forma de violencia como ya sucede actualmente.

No sé si la humanidad ha crecido, progresado o evolucionado en lo global con estas inovaciones. Hay dimensiones donde el hombre es o parece ser el mismo ser pulsional e incontrolable de toda la historia. De todas maneras prefiero soñar e intentar que encontremos maneras de ser diferentes a ello sin desdeñar lo que hemos sido y quizá siempre seamos. En resumen es un llamado a la civilidad cuando se discuten temas que consideramos de interés público, es un llamado a tener un pensamiento crítico y no meramente descalificador, una petición a incrementar los valores cívicos en este lugar cuasi extraterritorial que es la red sin por ello abandonar la guerra por defender nuestras creencias y formas de vida (lo que somos, lo que podemos y lo que debemos ser). Es traer banderas cada vez mejores así como mejores armas para una mejor guerra (por absurdo que suene) con mejores causas y mejores metas; o, por el contrario, para quitarse un problema y dejar de luchar.

Atte. Ilyadad

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