El hombre que creyó en Copérnico.

Georg Joachim Rheticus
El hombre que creyó en Copérnico.

Gerardo Martínez Avilés
Sección ASÍfue de la revista de divulgación científica de la UNAM ¿Cómo ves? Año 13, núm. 146.

La revolución científica por excelencia es la que se conoce como revolución copernicana en honor a Nicolás Copérnico. A éste se le atribuye el haber construido una teoría astronómica con el Sol en el centro en vez de la Tierra, aunque la idea del heliocentrismo ya se les había ocurrido a otros antes que a Copérnico. La revolución copernicana empezó cuando éste astrónomo polaco publico el libro De revolutionibus Orbium Coelestium (“Sobre las revoluciones de las esferas celestes”), una de las obras más importantes de la historia de la ciencia. No obstante, si bien el nombre de su autor es, con justa razón, muy bien recordado y enaltecido, injustamente se olvida a un personaje sin el cual el libro quizá no se habría publicado: Georg Joachim Rheticus.

Desgracia familiar
El pueblo alpino de Feldkirch se encuentra en una ruta comercial que conecta Italia con Alemania. En 1514 Feldkirch era un hervidero de gente de distintas lenguas y culturas. Allí llegaron Georg Iserin y Thomasina de Porris con una hija pequeña, procedentes de Lombardía. Al poco tiempo, nació su hijo Georg Joachim, el 16 de febrero de 1514.
No mucho antes se había difundido por Europa la imprenta de tipos móviles de Johannes Gutember. Con esta máquina empezaron a proliferar los libros, que serían parte fundamental de la vida de Georg Joachim. Su padre, médico interesado en muchas cosas, como buen renacentista, tenía su propia biblioteca.
La situación económica de la familia era desahogada. Su madre descendía de una familia de nobles y la carrera médica de su padre iba en ascenso, además de que aumentaba los ingresos de la familia vendiendo horóscopos, cosa común en los médicos del siglo XVI. No obstante, el conocimiento de Iserin empezó a despertar sospechas. Fuera de los rumores supersticiosos de que se dedicaba a la brujería, hay registro de un proceso legal en su contra. En los documentos aparece un gran número de cargos por tomar ventaja de su posición de médico, Georg Iserin fue declarado culpable y decapitado en una plaza pública. Fue por el ignominioso fin de su padre que Georg Joachim tuvo que adoptar el apellido de su madre, de Porris. Más tarde, por amor a su tierra natal, que en latín se llamaba Rhaetia (Recia), se volvió a cambiar el nombre, adoptando el apelativo de Rheticus.
Gracias a la buena posición económica en que dejó el padre a la familia, Rheticus pudo estudiar en las mejores escuelas. Después de sus primeros estudios en Feldkirch, realizó estudios en Zurich, donde vivió una intensa atmósfera intelectual, una atmósfera donde se respiraban a la par los aires de la Reforma Protestante y los del Renacimiento.
En 1531 Rheticus regresó a su natal Feldkirch. Para entonces el cargo que otrora ocupara su padre lo desempeñaba un hombre llamado Aquiles Gasser. Georg Joachim se convirtió en su amigo y protegido, y al año siguiente, el joven de 18 años partió al norte con recomendaciones y referencias de su protector para estudiar en la Universidad de Wittemberg.

Liberación
La Reforma protestante empezó en esa ciudad en 1517, cuando el profesor de teología Martín Lutero colgó en la entrada de una iglesia un documento en el que repudiaba la costumbre de vender “indulgencias”; es decir, de perdonarles los pecados a los creyentes mediante una suma de dinero. En ese documento, Lutero reinterpretaba partes de la Biblia, para alegar, entre otras cosas, que los pecados no se podías expiar pagando, sino sólo por arrepentimiento y penitencia. La imprenta de Gutemberg contribuyó a diseminar la doctrina de Lutero por toda Europa.
La Universidad de Wittemberg era el centro intelectual de la Reforma y Rheticus adoptó con entusiasmo sus ideales, sobre todo el de libertad para interpretar la Biblia personalmente en vez de atenerse a las interpretaciones de una autoridad. Y si no había autoridad superior para interpretar la palabra de Dios, ¿por qué la habría para interpretar la naturaleza?
A los 22 años, Rheticus ya era profesor de matemáticas en la Universidad de Wittemberg, Philip Melanchton, rector de la universidad y mano derecha de Lutero, tenía especial predilección por el inteligente joven. Cuando, en 1538, Rheticus solicitó permiso para ausentarse un tiempo, Melanchton se lo concedió sin demora.
En busca de su maestro
Los viajes de Rheticus le permitieron relacionarse con muchos intelectuales europeos, pero se había interesado particularmente en un astrónomo polaco llamado Nicolás Copérnico, de quien había oído hablar. Copérnico había hecho circular un manuscrito entre sus allegados en el que explicaba que los cálculos astronómicos se simplificarían mucho suponiendo que el Sol, y no la Tierra, era el centro del sistema planetario. Por lo tanto, la Tierra giraba alrededor del Sol. Estas ideas echaban por tierra más de 2000 años de filosofía natural. En 1539 Rheticus volvió a Wittember e inmediatamente pidió permiso para una nueva ausencia, en esta ocasión para dirigirse a Frauenberg, el hogar de Copérnico.
Nicolás Copérnico era un clérigo católico respetado en su comunidad, pero poco conocido en el resto del mundo. En su comunidad católica el luteranismo se consideraba una herejía. Grande fue la sorpresa de Copérnico cuando supo que un joven protestante había venido a visitarlo, y mayor fue su alivio al saber que el propósito de la visita no era teológico, sino astronómico. Por fortuna, el único que en aquel entonces había notado que las ideas de Copérnico contradecían a las sagradas escrituras era, precisamente, Martín Lutero. Nadie en el catolicismo había condenado el heliocentrismo ni lo había relacionado con la teología (es más, el mismo papa incitaría a Copérnico a publicar su obra).
Copérnico notó inmediatamente la sinceridad y devoción al conocimiento que dejaba ver Rheticus, lo que lo predispuso a favor de su primer y único estudiante. A cambio, Rheticus siempre nombraría a Copérnico simplemente “mi maestro”, aunque, tal vez por el trágico fin de Georg Iserin, el joven lo adoptó como una especie de padre.
Durante los siguientes dos años y cuatro meses, Rheticus permaneció al lado de Copérnico. Escribió una biografía de su maestro que por desgracia no se conserva, la Vitta Copernici, de cuya existencia sabemos porque la mencionan algunos autores que la leyeron en su tiempo. Copérnico no solamente era demasiado tímido para publicar sus ideas; realmente no estaba convencido de que su trabajo encontrara un público serio, y además tenía demasiado trabajo para poder dedicarse de lleno a escribir. La llegada de Rheticus reavivó el amor de Copérnico por la astronomía. Pasaron noches enteras observando el cuelo y discutiendo de astronomía, lo que dejó a Rheticus extenuado tanto física como mentalmente. No debió ser fácil para el joven estudiante olvidar todo lo que sabía y comenzar de nuevo.

A la imprenta
El siguiente proyecto de Rheticus fue escribir una explicación simplificada de lo que había estudiado con su maestro. Si lo había entendido bien, sería capaz de enseñarlo. El 23 de septiembre de 1539, Rheticus completó el trabajo que se convertiría en la primera publicación copernicana. Aunque tenía un título muy largo en latín, hoy la conocemos como Narratio Prima.
Copérnico no pudo encontrar mejor agente publicitario que Rheticus. El joven estudiante hizo llegar la Narratio prima a Nuremberg, donde había hecho contactos en sus viajes anteriores y donde sabía que encontraría no solamente quien lo publicara, sino también quien lo leyera. Rheticus siempre se caracterizó por su sinceridad intelectual. En su libro da todo el crédito a Copérnico y solo se refiere a sí mismo como “un joven amante de las matemáticas”. Es extraño que fuera Rheticus y no Copérnico el primero en usar la imprenta para difundir el heliocentrismo.
La Narratio fue un éxito, Rheticus había expuesto las ideas de Copérnico con una claridad notable. Su maestro quizá se sintió más confiado: había que publicar el tratado original completo. El entusiasmo de los editores e intelectuales de Nurember fue el combustible que necesitaba Copérnico para culminar De Revolutionibus. El astrónomo volcó sus energías en terminar el manuscrito que durante años había guardado bajo llave, mientras su aprendiz Rheticus se afanaba en un tratado que sería incluido en la obra, la Trigonometría de Copérnico.
En 1541 Rheticus se preparaba para partir de Frauenburg. Debía regresar a Wittember a cumplir obligaciones académicas, pero antes pasaría a Nuremberg para dejar en la imprenta el libro de Copérnico, cuya salud iba en franco deterioro. Rheticus sabía que no volvería a ver a su maestro, posiblemente la persona que más quiso en su vida.
Rheticus cometió el error de entregar al impresor Johannes Petreius un manuscrito mal pulido, además de que tuvo que abandonar Nurember dejando la impresión a cargo del teólogo luterano Andreas Osiander. Este había mantenido correspondencia con Copérnico y le había sugerido amansar a los teólogos que pudieran detectar en su explicación una contradicción con las sagradas escrituras exponiendo su nueva teoría como una simple hipótesis. Copérnico se había negado, pero aun así Osiander agregó un prefacio anónimo donde reducía la teoría a hipótesis. Además se cree que alteró también el nombre del libro, que se amplió en el impreso de De Revolutionibus al nombre por el que hoy lo conocemos, De Revolutionibus Orbium Coelestium. Quién sabe si algún día sabremos a qué se refería exactamente Nicolás Copérnico con su título.

La vida después de Copérnico
Al volver a Wittember, Rheticus encontró un ambiente tenso. Melanchton se encontraba inmerso en una controversia, además de que su salud se había deteriorado. Por si fuera poco, Lutero se oponía expresamente a las ideas de Copérnico, a quien calificaba de “loco que quiere trastocar la ciencia de la astronomía”. Para Lutero bastaba que en la Biblia se contara que Josué le ordenó al Sol detenerse como demostración de que era éste el que se movía, y no la Tierra.
Rheticus dejó de gozar de la libertad intelectual que le había ofrecido el tiempo que pasó con Copérnico. Recibió en Wittgenstein ciertas tareas administrativas, además de la posibilidad de reintegrarse a la universidad como profesor de matemáticas y astronomía, con la condición de que se restringiera a enseñar el sistema geocéntrico.
La relación entre Melanchton y Rheticus se complicó. Por un lado, Melanchton lo censuraba y lo presionaba para casarse, y por el otro, seguía considerándolo su protegido. Desde que Rheticus estuvo con Copérnico se le había abierto la posibilidad de ir a trabajar a la Universidad de Leipzig. Melanchton lo recomendó pero, al mismo tiempo, lo restringió a que adoptara una actitud menos libertaria y más seria. En 1542 Rheticus ingresó como profesor de matemáticas en Leipzig, universidad que lo recibió orgullosamente y le brindó un sueldo generoso. No obstante, Rheticus no tenía la personalidad de un académico corriente. Si bien era bueno para relacionarse y ganar amigos, nunca se sintió a gusto quedándose en un lugar a largo plazo. Durante su estancia en Leipzig su mente se mantuvo en Nuremberg, donde se imprimía el De Revolutionibus. La correspondencia entre los impresores de Nuremberg y las modificaciones que hizo Osiander le hicieron pasar momentos amargos. Le devolvió la calma planear un viaje a Italia, donde trabajaría con el famoso médico y matemático Girolamo Cardano.
Escándalo y final
En 1546 Rheticus tuvo que volver a Leipzig. Su ausencia había molestado a ciertas autoridades universitarias. Al parecer, en aquellos años Rheticus sufrió una especie de colapso nervioso. En la correspondencia entre sus conocidos se habla de un espíritu maligno que ronda a Rheticus.
En Leipzig se dedicó a la trigonometría, la astronomía y la astrología. Su carrera iba viento en popa cuando un mercader llamado Hans Meusel, cuyo hijo de 18 años estudiaba en Lepizig, declaró al consejo de la ciudad de Leipzig que su hijo “había sufrido un repentino, ultrajante y anticristiano incidente vergonzoso perpetrado por un reputado miembro de la universidad de nombre Joachim Rheticus”. Las acusaciones en contra de Rheticus terminaron con su carrera en Leipzig. Por si fuera poco, su vida estaba en riesgo y Rheticus huyó antes de enterarse de los cargos en su contra.
Después de su salida de Leipzig, Rheticus estuvo en Praga y en Viena, lugares donde comenzó a interesarse en la medicina. Al parecer tuvo contacto con el médico y alquimista suizo Paracelso, cuya idea de coinciliar el mundo exterior (macrocosmos) y el cuerpo (microcosmos) lo sedujo.
Aunque Rheticus se dedicó a las matemáticas toda su vida, la fama que alcanzó en su época no se compara con la de Copérnico en nuestros días. La culpa puede atribuirse, en parte, a su maestro Copérnico, que no mencionó el nombre de su joven estudiante en todo el De Revolutionibus. Lo último que sabemos de Rhetivus es que vivió en una ciudad húngara llamada Cassovia, donde murió el 4 de diciembre de 1574. Valentín Otto, estudiante de Wittemberg, fue a visitarlo para rescatar sus últimos trabajos. Al llegar, Rheticus le dijo: “¡Tienes la misma edad que tenía yo cuando visité a Copérnico! Sin mí, su trabajo nunca habría visto la luz del día.”
Tenía razón.

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