Sinceridad

La gente no cree en los políticos, ni en las empresas, ni en los medios. Algo así oí decir a un cineasta hace unos días en la televisión lo que me parece por demás curioso ya que los que hacen el mundo del cine pertenecen de una u otra manera a esos grupos de la sociedad. El mundo se encuentra en una época relativamente pacífica, próspera y, sin embago, la sociedad se funde en un núcleo institucional más por inercia de comportamiento que por capacidad de elección de sus individuos. Es curioso que vivamos en una gran época de auge democrático y que avalemos con ello el poder fáctico de los oligarcas. La falta de credibilidad en los grupos y en las instituciones ¿será algo realmente nuevo? ¿Será algo catastrófico?

No lo creo. Suponer que alguna vez, si pensamos que ha existido esa plana y llana sociedad por debajo de los marcos de poder cosa que dudo, la gente ha confiado en los gobernantes ha sido sin duda porque las ideologías han permeado las capas de la sociedad por y para contrarrestar a otra sociedad con la que entran en conflicto. Pero en ese proceso es dudoso que las personas puedan establecer actitudes críticas, son normalmente periodos de fanatismo e intolerancia. Por otro lado tampoco podemos suponer que la masa siempre ha sido y será conformista, las personas siempre sabemos que otro intenta obtener mejores beneficios del trabajo ajeno, que busca satisfacerse a costa de los demás y que conforme más alto se halla en la institución de poder generalmente es más injusta esa sociedad misma. No hay guerra que se haga por mera diversión, conflictos y revoluciones son causadas por la ambición de los poderosos y la necesidad de los débiles.

Claro que ser consciente no es lo mismo que estar informado para poder actuar en consecuencia. La sociedad civil surgida en los últimos años ha tenido éxito porque ha pasado a percatarse de la repercusión política de su capacidad de consumo, al tiempo que se conservan la movilización de masas y los núcleos identitarios e ideológicos como herramientas políticas. Ahora que tenemos más acceso a la información y a conocer el mundo nos sentimos más indefensos como individuos ante la sociedad en su conjunto, avasallados a las decisiones de un grupo informe sin que por ello podamos delegar nuestra responsabilidad pues nosotros también constituímos esa masa. Y el grueso de la sociedad sigue reconociendo los sectores del poder fáctico igual que antes pero ahora establece una relación de poder diferente.No creo que se halla dejado de confiar en los políticos, en los corporativos o en los medios. Nunca se ha confiado en ellos pero ahora tenemos más poder para cambiar las cosas desde la institución misma lo que implica participación política activa se quiera o no y comunicación con esos sectores de poder a un nivel nunca antes establecido.

La herramienta misma que se ha establecido es la inclusión de la sociedad en el diálogo de poder tendiendo a volver la sociedad un corporativo inmenso que actúa por equilibrio de poder entre sus mismos sectores enfrentados. Así aparentemente se disipa la responsabilidad de los que al final de cuentas siguen ejerciendo el poder económico, ideológico o político mientras que el "ciudadano común" se queda anonadado ante la variedad de cambios posibles en la institución y, antetodo, imposibilitado o reprimido para llevar a cabo acciones más radicales. Tampoco creo que toda persona lleve un revolucionario idealista dentro, más bien en el miedo y odio surgido de las condiciones de vida desfavorables desencadenaban con más frecuencia reacciones violentas de la sociedad que las nuevas relaciones de poder del siglo XX han podido ir disminuyendo a través de integrar al individuo común al poder en el sistema democrático.

Me veo tentado a pensar que es un proceso tendiente a democratizar paulatinamente la sociedad. Que el desarrollo histórico de las instituciones de poder en el mundo europeizado tienden hacia un modelo donde cada vez más es relevante la opinión de la gente. A pesar de ello me quedan grandes temores. Primero que nada la capacidad productiva desigual entre grupos sociales y la misma capacidad económica que marca grandes brechas al itnerior de las naciones mismas limita la evolución de ese sistema democrático. El hecho de que las masas se valoren como medios para alcanzar el poder y mantenerlo no significa que se halla eliminado la situación estamentaria de ciertos grupos o sociedades más amplias. Las sociedades fuertes mantienen el yugo de la explotación de los recursos humanos y naturales de otras sociedades a pesar de la toma de consciencia y las campañas de responsabilidad social empresarial o colectiva. Al interior de los grupos las diferencias económicas patentizan la imposibilidad de alcanzar mejores niveles de vida, la generación de paradigmas aspiracionales que enajenan a las personas y el asendrado sentimiento de odio de clase a pesar de que no son los entes definidos de antaño y hay más intercambio entre las capas.

En segundo lugar la mejor manera que la sociedad en su conjunto lleve a cabo la democracia ha sido generando órganos de control que, en una supuesta imparcialidad, aseguren la competitividad entre sus miembros para mantener el equilibrio dinámico requerido para mantener la estabilidad del conjunto. Poco a poco desde las más democráticas formas de gobierno hasta las dictaduras más fuertes terminan estableciendo mecanismos persuasivos, disuasivos o coercitivos que buscan controlar al individuo y al grupo para prevenir que sus intereses o necesidades se prioricen por encima de las de otros y al mismo tiempo mantienen lastres de desigualdad heredados en la búsqueda de perpetuar el poder efectivo de quienes ya lo tenían. Me imagino que aún cuando la democracia continuara avanzando hacia un sistema más comunitario se crearían más de estos entes coercitivos que perderían la cualidad de ser extensiones de los núcleos de poder fáctico para pasar a ser cada vez más organizaciones inherentes al grueso poblacional. Ello me lleva a pensar que la democracia nos lleva hacia una pérdida de libertades cada vez más acendrada mientras se dibuja la creación de ofertas de comportamiento que serán planteadas como las libertades efectivas dadas por el sistema.

La prueba es una falta de confianza en la sociedad, fomentada a veces, surgida espontáneamente en otras, que demuestra que nuestro cuerpo social dista mucho de tener una cohesión profunda e interiorizada por sus componentes. Quizás ante una sociedad unida por la fuerza de la conveniencia pero sin vínculos empáticos entre sus individuos sea la causa de que sus crisis son mucho más fuertes y profundas aun cuando esta valoración sea profundamente subjetiva. El siglo XX siendo una época relativamente pacífica tuvo algunas de las matanzas y guerras más sangrientas que la humanidad en su conjunto ha experimentado mientras que la tendencia de esta era social que se está gestando está basada en el miedo y la sensación de otredad hostil y ajena al sí propio por entero. ¿Qué tan relevante es la verdad y la confianza para una sociedad tan informada y paranoica como la nuestra? Por lo visto demasiado, tanto que normalmente se le teme y se le huye en las pocas ocasiones en que puede entreverse.

No creo que el sistema democrático esté en crisis pero definitivamente sufre de una falta de credibilidad producto tanto de la inclusión social masiva, que lleva al político a mentir para mantener ese equilibrio entre grupos lo que torna la democracia en un ejercicio de demagogias, como a la debilitación del ejercicio político y del poder efectivo de las instituciones gubernamentales por los dueños y núcleos del poder fáctico. Los empresarios y los sectores pudientes de la sociedad establecieron una campaña agudizada en el neoliberalismo para debilitar en todo el mundo los gobiernos y generar descrédito entre la población lo que ha llevado a que puedan tomar el poder tras bambalinas y vuelvan a los políticos meros títeres de sus intereses. En tercer lugar el gobierno como mediador de grupos sociales se ha convertido en un sector inmóvil donde es identificable una clase política servil de los intereses de otros grupos en tanto los mantenga en esas posiciones de poder con lo que ni existe clase política hecha y constituida para gobernar, ni existe interacción y retroalimentación con otros grupos del estado.

¿Alguna vez ha habido cohesión entre una sociedad de manera más fuerte o profunda? ¿O estamos en el fondo anhelando algo que nunca ha existido y que quizá es imposible en las sociedades? ¿Podemos generar una sociedad fuerte y unida con vínculos empáticos y no sólo culturalmente identitarios entre sus miembros? ¿Podemos recuperar la confianza en las instituciones? ¿Podemos formar parte de una institución sin enajenarnos en ella? ¿Qué se necesita para volver a confiar entre ciudadanos o entre instituciones? ¿Nos puede ayudar intentar establecer un diálogo sincero, maduro y abierto hacia otros sectores sociales? ¿Queremos afrontar las dificultades y consecuencias de un proyecto así? ¿Debemos hacerlo?

Sin duda este no es el mejor momento para confiar en este país. Las condiciones sociales son muy duras y herramientas tan poderosas como la mentira y el engaño son mas que útiles para la supervivencia cotidiana tanto de los débiles como de los poderosos, son incluso necesarias. No es un buen momento para la verdad y ello ha sido el sustento de nuestra nueva "democracia". Particularmente nuestra sociedad está en crisis y es difícil saber hacia donde vamos o qué va a pasar el día de mañana. Sin embargo creo en la verdad y creo que es necesaria (no como factor único por supuesto) para reconstituir el tejido social y salir de este momento histórico tan deleznable, esperando que nos impulse hacia tiempos más prósperos que los que han sucedido sobre esta sociedad y sobre esta tierra. Al menos desde aquí hago ese llamado pues soy consciente de que no lo hago en mi vida cotidiana donde no soy sino una persona más, común y normal en este presente de tragedia e iniquidad, con mis errores, mis mentiras y mis pecados. Al menos esa es la intención de estos buenos meses de escritos, todos tan confusos como lo puede estar mi mente en estos momentos, pero sinceros en lo que cabe buscando conectarme con quien desee leerlos.

En un mundo tan erroneo y lastimero son aun más tristes y dolorosas las consecuencias de decir la verdad. Acostumbrados a los placeres mediatizados y de corto plazo perdemos la capacidad de encontrar o vislumbrar la placentera sensación de hablar, relacionarnos y tratar con alguien con verdad, confiando en esa persona como confiaría en mí mismo. Estoy seguro que en muchos creen en sus semejantes y han creído, pero en otros tiempos ha sido con ignorancia y con prejuicios, lo que ha llevado a que se construyan identidades capaces de odiar o temer sobremanera a lo que ven como otro, ajeno, extraño a sí. Espero que algún día volvamos a creer en la palabra y en la verdad.

Quisiera abrir la boca y mover mis labios sin cautela
hablarte de las montañas y de los amores que sienta
hablar sin temor y sin ninguna pena.
Relatarte al oído mis sueños de un mundo nuevo,
invitarte a hacer el amor y olvidar toda vergüenza
sin necesitar de ningún exceso para liberar el cuerpo.
Quisiera saber que conozco mi voz y mis letras
amarme tanto como para confiar que mi garganta
es el digno representante de todas mis ideas.

Atte Sicariux

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