Lo que se es en esta vida

Durante mi casi cuarto de centuria de existencia he sido calificado de descarado, hipócrita, soñador, conformista, criticón, alborotador, ingenuo, ignorante, sabiondo, idiota, creído, dejado, derrotista, iluso, acarreado, fresa, naco, rico, pobre, mediocre, bobalicón, cobarde, imprudente, vicioso, conservador, desmadroso, egoísta, izquierdista, derechista, de centro, obseso, desentendido, etcétera, etcétera, etcétera. ¿Quién no ha sido juzgado por las más disímiles razones en su vida desde el momento en que nace? ¿Acaso somos lo que la gente dice de nosotros? ¿O será que somos todo ello a un tiempo? ¿Acaso los demás son los mejores jueces de nosotros mismos?
 
No sé si tenga sentido ponerme a pensar lo que somos, a tratar de realizar una absurda definición, o buscar una ontología bastarda que diga desde mi trinchera lo que nos construye y nos hace ser. Sé que somos materia, materia en movimiento. Sé que la interacción de esa materia por medio de una estructuración orgánica nos torna seres vivos. Sé que somos seres vivos capaces de tener una cierta autonomía respecto de nuestro medio ambiente y que por ello somos seres animados en el más parco sentido de la palabra. Sé que nuestra animación es una forma muy particular que genera un proceso bioquímico que nos dota de personalidad. Sé que nuestra personalidad tiene una faceta que denominamos consciente y que conforma la parte principal de lo que denominamos nuestro ser. Un estadío del pensamiento donde somos capaces de generar una identidad voluble y al mismo tiempo fuerte que se autoafirma ante el tiempo y el espacio a largo plazo a través de recordar y generar expectativas. Sé que ese mecanismo es tan complejo que modificamos nuestro entorno constantemente recreando nuestro medio ambiente y que denominamos al ambiente creado y a la capacidad creativa cultura. Sé que soy humano.
 
Y ¿qué soy después de eso? El juicio a base de diversas líneas o metodologías del pensamiento me lleva a varias definiciones de mí mismo. Definiciones con las que construyo y reconstruyo continuamente mi identidad ante mí mismo y ante los demás, proceso que los demás realizan como terceras personas respecto de mí análizandome y juzgándome constantemente. Y entonces ¿qué soy? ¿quién soy? ¿como soy? Es difícil la respuesta. No me enfrascaré en una respuesta tentativa de carácter lógico o antropológico, psicológico o social. Ante el juicio ajeno he encontrado la respuesta perfecta, la más obvia: soy lo que soy, soy diferente a tí pero soy profundamente similar a tí, soy tú sin serlo porque no puede haber otro como yo. Y yo no soy nadie. Pero sigo siendo. Mi mente exige el juicio del mundo y de ese mundo yo formo parte. Seguiré siendo sin ser el mismo que es el que ahora enuncia estas palabras.
 
En términos prácticos he sido todo eso que enuncié en un principio para muchas personas. Lo he sido o lo sigo siendo o lo volveré a ser. He causado controversia con mis juicios y mis acciones y también la más profunda indiferencia. Y sin embargo, en los mismos términos prácticos sigo sin ser nadie para muchos, nada para casi todos. Mi muerte ahora no sería tan sólo la del cuerpo sino que un par de generaciones también la de la memoria. Si acaso se puede decir que hay algo de mí en el polvo que algún día recorra las calles y los valles, los oceános y el vacío estelar, en la memoria dentro de poco me desvaneceré y lo que fui como verbo quedará impregnado en la consecuencia del mundo sin por ello ser nadie capaz de recordarme como ser que intervino en el ser de las cosas. Mi historia se borrará pronto. La de todos se borrará algún día creo pues casi certeza tengo de que algún día todo se desvanecerá en el todo.
 
Pero mientras los dioses parpadean yo me retuerzo sin cesar en mi pequeña trascendencia y en mi enorme contingencia. Mientras los dioses parpadean yo arruino vidas o las alegro, despierto sonrisas y placeres o los más profundos temores y tristezas. Y ahí es relevante lo que soy o al menos todo lo que se juzga que soy. En mi vida en comunidad para las otras ánimas soy importante como fuente de placer o de dolor, por la cantidad de injerencia que tengo en las existencias ajenas y más que nada por mi papel social, por mi rol social, por mi poder en sociedad. Mientras los dioses parpadean yo lidio con mis congéneres y ellos conmigo y eso me hace un ser político, un ser social. Papel del que puedo renegar, puedo ignorar, puedo no ser al no saber que lo soy pero del cual, sin embargo, no puedo escapar. Y eso ocupa mi mente continuamente, eso me parece relevante aunque quizá no tan trascendente. Sea pues entonces válida la pregunta ¿quién soy?
 
Retrocederé un poco y expondré mi vana visión del ¿para qué soy? De dioses hablo como de las hadas, son bellas y útiles pero fantasiosas. No he visto unicornios ni acariciado sus blancas crines pero a veces me da por imaginar su textura. Así es mi relación con los dioses. Me gustaría inmensamente platicar con uno de ellos y no creo jamás toparmelos en mi camino y me atrevo a decir que no tienen existencia más allá de mi mente. Por tanto no es por ni para los dioses por lo que yo vivo. No sé el por qué las rocas fueron formadas, ni la luz, ni el mar, ni el vacío, ni la materia. Sé que todo ello existe y que su camino es existir, sin un porque, ni una causa, ni un efecto más allá de sí mismos. Las cosas existen porque existen y punto. Pero en el camino de la existencia de las cosas se han dado fenómenos y hechos donde lo existente busca seguir existiendo de manera similar o igual a como existía. Tan busca seguir existiendo que cambia para seguir existiendo quizá no como sí mismo pero para afirmarse como existente. Tal me parece es la experiencia de la vida y otros seres. No he sabido de montaña ni mar alguno que quisiera ser montaña y seguirlo siendo mañana, ni que del mismo impulso sufran los mares. Pero he oído de las cadenas proteínicas, de los virus, de la vida y si de los otros puedo dudar de éstos no. Se dan, cambian, se multiplican, se preservan y, finalmente, mueren. Buscan seguir existiendo, seguir acontenciendo.
 
Hablemos de lo vivo, sólamente lo vivo. La vida es un proceso continuo de estructuras materiales cuyas interacciones las condicionan para buscar la supervivencia. Pero no se restringen a ello sino que buscan desarrollarse en condiciones óptimas por lo que sobrevivir no es suficiente sino hacerlo dentro de un medio adecuado, dentro de un bienestar suficiente que asegure la vida. Sobrevivir no es suficiente para la vida, se necesita el bienestar para que esa existencia se asegure. Quizá a partir de que hay superviviencia dentro de cierto grado de bienestar se le pueda llamar vida. La vida se torna compleja, evoluciona y se transforma creando mejores instrumentos para sobrevivir. No creo que sean necesarios más ejemplos. La vida se abre camino en cada dificultad, la vida como evento experimentado por una materia organizada para mantener flexibilidad y autonomía ha logrado permanecer en este planeta miles de millones de años y en cada ser vivo que nos rodea creo que podemos encontrar ejemplos de ello. Y sé con firmeza que nosotros somos lo mismo: seres vivos buscando sobrevivir bajo un margen de bienestar.
 
Con un elaborado sistema social, psicológico y cultural somos uno de los seres (si no el que más) ha evolucionado hasta dotar de una importancia extrema a la unidad básica social y a la complejidad orgánica estructural conocida como individuo. Cada individuo es tan similar orgánicamente a otro como disímil en la medida que su complejidad psicológica y su estructuración social y contextualizaciónle dotan de herramientas increíblemente diferentes a las de sus congéneres. Es por eso que considero válido seguirme preguntando: qué soy, a pesar de las contradicciones teóricas subyacentes a la subjetividad e intersubjetividad de los juicios que intentan responder a esa pregunta. Me veo ahora confundido al pensar a dónde seguir. Por un lado me veo en la necesidad de plantearme esa pregunta y responderla a pesar de que sé que factores sumamente contingentes van a intervenir en una respuesta que obviamente será subjetiva, relativa e insuficiente. Por otro lado hasta donde mis capacidades de análisis en base a ciertos juicios un tanto universales me permiten ver he contestado de manera bastante plausible que soy vida y que mis directrices son supervivencia y bienestar como individuo y como especie, además de que ante la amplitud de conocimiento acerca de mi interacción con el entorno también la supervivencia y bienestar de otros seres y ambientes que aseguren esa preservación. Al mismo tiempo ambos caminos generan una contradicción que radica en la cantidad de información subjetiva que debo utilizar para poder generar un juicio acertado sobre el camino a tomar para asegurar mi supervivencia.
 
No me queda más que decir que estoy atorado en este punto. No puedo dar una respuesta satisfactoria. Como especie los diferentes individuos que la conformamos tenemos, mayoritariamente, capacidades y potencialidades similares, prácticamente iguales. En el campo de lo social, ambiental, contextual y coyuntural a todas luces no lo tenemos y distamos de ser iguales. Si acaso desde lo físico la diferencia más elemental sea la de los sexos en términos psicológicos (personalíticos ¿?) y psicosociales es todo un espectro de más de seis mil millones de posibilidades sin contar las que han desaparecido a lo largo de la historia de la humanidad como ser histórico y racional. Conforme evolucionamos socialmente la cantidad de respuestas posibles a las directrices de supervivencia y bienestar se han ido diversificando exponencialmente cuando de por sí ya lo eran en un sistema de vida complejo como puede ser un homínido o tan sólo un mamífero. Creo que las mismas directrices se aplican por igual para el más idealista revolucionario, para el más humilde trabajador, para el más inquieto niño, para el más carnicero tirano. La supervivencia sigue siendo supervivencia pero bienestar es algo que se torna increíblemente complejo. Cuidar el ambiente de bienestar para el organismo biológico que es al mismo tiempo el del mecanismo mental o psique del individuo es altamente riesgoso ya que la psique de las personas está estructurada por una serie de mecanismos intelectuales, anímicos, axiológicos y otros que no me vienen a la mente y que desconozco.
 
De ahí se desprenden conceptos valorativos trascendentales como libertad, justicia, dignidad, honor, igualdad y el mismo de bienestar entre otros. No es por igual la libertad que busca un esclavo que la de un rey mas no por ello menos importante para asegurar el bienestar óptimo de esa persona. Lo que la persona juzga de sí misma que se constituye a partir de y constituye la manera que interactúa con su entorno. No se puede resolver la contradicción entre ambos sin un sacrificio inherente. El amo no puede asegurar su bienestar y su supervivencia sin un esclavo y por otro lado este último no puede conseguir su libertad sin emanciparse del amo desafiándo la identidad del amo como tal. Es fácil para muchos decir que el esclavo debe subyugarse al poder del amo o que por el contrario el amo debe dejar su poder opresivo de lado pero es obvio que eso es absurdo. Hay cosas que necesitamos seguir siendo para poder ser de manera óptima y que no vamos a abandonar, mucho menos podemos esperar que el otro abandone para nuestro propio gusto. En cualquier caso la noción de cambio naturalmente va a atentar con lo que la persona es para sí misma y muchas veces atentaremos contra su propio bienestar desde las condiciones que lo sustentan como contra la persepción misma.
 
Por ello me declaro incapaz de juzgar moralmente a las personas <i>per se</i> o de asociar juicios morales a una ontología del sujeto particular (aun cuando este sujeto sea una especie entera). Los seres individuales o grupales vivos hacemos lo necesario para sobrevivir, podemos estar equivocados como lo está la evolución al tirar aleatoriamente sus mutaciones genéticas (mi naturalismo aun no tiene límites) pero la intención es sobrevivir con bienestar teniendo las condiciones aseguradas para que nuestra existencia pueda enfrentarse con éxito a nuevos retos y tenga acceso a satisfactores extra. Estos satisfactores no vienen de una ambición absurda sin sentido sino del principio de que esos satisfactores son garantías siempre mayores de ese bienestar y supervivencia. Lo negativo es que no puedo establecer un marco ético suficiente para juzgar desde mi persona como deben ser conducidos mis actos sociales y políticos. La diversidad de la noción numérica de identidad entra en contradicción con la de bienestar en la medida en que esta también se diversifica. Aun cuando puedo objetivar las conductas y principios interpretándo la teleología que se esconde en sí como mecanismos de supervivencia no puedo juzgar cuál es mejor pues ninguna de las mismas conductas o principios asegura de manera óptima mi supervivencia por mi misma capacidad de cambio ni la del entorno.
 
Y sin embargo tengo mi experiencia personal y mis opiniones, subjetivas pero idóneas para mi condición personal que me permiten salir al paso en la vida, respondiendo con ello a la pregunta sin el menor empacho por su relatividad. Soy un resultado de una serie de condiciones y puedo claramente diferenciar muchas de las cuales no lo soy. De ahí que existan respuestas plausibles sobre mí y sobre el mundo aptas para perseguir mi supervivencia y bienestar en situaciones especialmente difíciles (por que atentan contra las directrices indudablemente dejando de lado controversias aximáticas sobre una acción volitiva). Mientras éstas respuestas son relativas me permiten actuar en el mundo lo que es una experiencia volitiva. Considerar las cosas desde el planteamiento universal de las directrices también me permite justificar (o explicar) una acción volitiva. Sin embargo ambos planteamientos se enfrentan directamente, se niegan uno a otro desde sus extremos particularista y totalizador.
 
Sigue por tanto pendiente esta respuesta subjetiva o intersubjetiva. ¿Quién soy? Para mí incluyendo a los otros. O para los otros que sea suficiente para mí. Yo aún no sé que soy. Aún me sigo buscando. Siendo tan pequeño ante mi entorno, ante mi sociedad, ante mi especie, he sido juzgado de múltiples y contradictorias maneras por otros y por mí mismo. Y me tomo muy a pecho esas opiniones. Cada una de esas opiniones condiciona mis posibilidades de sobrevivir y de tener bienestar en esta vida, ¿qué mejor razón para tenerlas en cuenta? Pero con tanta opinión por ahí volando y estos planteamientos es difícil juzgar cuál es más válida o si de casualidad alguna tiene quizá (en lo que cabe) algo de verdadero "verdaderamente" relevante. Y debo seguir buscando pues por más que yo no crea ni en la verdad, ni en la libertad, ni en la justicia, ni en otras cosas mi mente es mucho más grande que ese pequeño rincón que se percibe en el tiempo y el espacio y que enuncia este yo. Mi mente es un mecanismo mucho más rico que sin creer o dejar de creer en esos conceptos podría decirse que los da por hecho al defender el ser y la existencia de las cosas desde los mecanismos más elementales. En el mismo nivel consciente muchos de esos juicios son la base de las ideologías, teorías, nociones y en general pensamientos con los que llevamos a cabo nuestra vida que no puede trascurrir sin pensar, enunciar y actuar en base a ideas. Es por ello que debo seguir buscando.
 
Los conceptos son dinámicos, volubles, contextualizables. Las ideas que se forman con ellos también lo son. Es inútil buscar literalidad en las ideas o tratar de encajar las ideas de otro a nuestra visión del mundo. Pero para el que las pensó hay verdad, alguna clase de verdad en ese pensamiento y hay que tratar de entenderlo. Aunque sea tan sólo para destruirlo. Yo mientras seguiré caminando, actuando, pensando y enunciando a ver si en una de esas me encuentro. En el fondo ruego por no hacerlo por que sería detener lo vertiginoso e mi cambio personal y mental. Vivir el estancamiento de la sana afirmación y madurez. Por otro lado es necesario antes que terminar metiéndose una bala en la cabeza. Quizá ésa es la decisión: patria o muerte. La patria más propia que se puede tener, la del suelo que pisan nuestras plantas, la patria que inicia en el aire que respiramos y que termina en aquel que exhalamos, que se extiende hasta el bienestar de aquellos a quienes amamos y que se limita en aquellos que queriendo o sin querer nos hacen daño.
 
Atte. SicariusD3VX
 
P.D. Quizá la insatisfacción que me dan los juicios acerca de mi persona es que han sido profundamente contradictorios en muchos casos. Lo que me lleva a preguntarme: ¿significa acaso que soy profundamente ambiguo o singularmente mediocre?
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