Tristeza informática (lo de hoy)

From this moment,
How can it feel, this wrong.
Storm,
In the morning light,
I feel,
No more can I say,
Frozen to myself.
Portishead
 
Spaces, facebook, hi5, tagged, twitter, etc., etc., etc. El gran elogio a la vanidad humana. La nueva revolución tecnológica dentro de la revolución tecnológica nos sumerge en este mar de anabólicos directo al ego. Veanme soy un bit (Zergar dixit) ansioso por ser contemplado. En medio de la soledad y el aislamiento que producían los medios fríos o excesivamente plásticos y ante los cuales el espectador no había podido tomar el control ni aun con su poderosa arma del rating, surgió para nosotros el eden de internet con su vasta promesa de pendejadas. Una de las cuales, las de moda, son los perfiles, redes sociales y demás pendejadas. Veanme, tengo un ego y una personalidad que va más allá de lo que ven diariamente pues el día y nuestros contubernios en él son demasiado cortos para que me conozcan íntegramente. Veanme soy más de lo que alcanza a verse a simple vista y tengo muchas cosas que decir que puedo lanzar más allá que nunca en la vida. Mi grito no lo interrumpen las montañas, ni mi estamento económico, ni (del todo) los poderes fácticos. Mi grito va más allá y vaga por la red con la capacidad de alcanzar a cualquiera que cuente con una pantalla y una conexión a internet.
 
Mentira. Mi grito sale disparado y obedece al circo teleológico de su construcción. El nuevo instrumento de masificación del máximo valor de la modernidad: el individualismo. Porque soy lo que digo soy lo que soy. Y entonces el humano se mediatizó a sí mismo al nivel más individual que jamás habia alcanzado. Somos lo que queremos proyectar pero ahora podemos proyectar todo el tiempo, la proyección se vuelve nuestro ser en tanto individuos mediáticos. Introducimos al expectador hasta el baño o la cocina (literalmente), un expectador que cuenta con el pdoer del veto lingüistico: el gran y portentoso Comment. Entonces descubrimos que podíamos ser otros, que podíamos ser estrellas, que podíamos ser famosos, efímeros pero famosos, conquistando el creciente número de las visitas y los comentarios. En la red nuestro poder crece, en la farsa democrática encontramos una nueva herramienta para alzar la voz de nuestra opinión. Pero todo tiene un karma, nuestras mentes se hallan más suscptibles al poder de la mediatización y los grandes focos de información controlados por el poder fáctico dominan el qué hacemos, el qué opinamos, el qué decimos, en qué creemos. Somos apéndices informáticos del poder informático ayudándole a construir su imperio. Somos los esclavos de nuestra propia libertad alcanzada allá donde el mundo parece mejor porque sólo existe la imagen y el texto, es una libertad (como todas) respecto a: respecto a la incapacidad de hacernos valer en un mundo donde el individualismo es una situación de poder o donde lo que valemos es insuficiente para quienes lo cuantifican y al final de cuentas para nosotros mismos.
 
Y nos despertamos en el mundo del individualismo mediatizante. De la comparación rapaz. Del diálogo sin diálogo. Otro paso en el proceso. Excepto por el diálogo vivo recreado. Twitter, Messenger, ICQ, chat, etc. De nuevo tenemos la capacidad de comunicarnos unos con otros. Quien guste tiene la oportunidad de arrojar su opinión al torbellino de la información, quien guste puede compartirla y participar en la creación una comunidad política y cognoscente que se diluye con otras en un sistema de horizontalización de opinión nunca antes visto. Parecería positivo y creo que lo es. Pero nuestras opiniones van ligadas a una cantidad monumental de publicidad e información basura, mediatizante, distractora que limita el alcance de la construccion de comunidades digitales. Las opiniones giran más y más en torno al consumo y no a la participación activa pues este medio no es por sí constructor de la realidad sino tan sólo un poderoso medio de modificación partiendo de su capacidad de poder y comunicación. Las costumbres de todos cambian para adaptarse al medio pero el medio es incapaz de transformar el estrato productivo, únicamente entra en el juego de interacciones de promover conductas individualistas, trabajos individualistas, esquemas individualistas de vida y no para construir a base de ello una sociedad diferente sino como enajenador de la vida cotidiana de las personas a la cual aun estamos muy lejos de despegarnos.
 
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