¿Te da morbo la estupidez humana?

 
Juanito: jajajajajaja lo absurdo del sistema político en su máxima expresión. Si lo apoyo, no tengo por qué ocultarlo. Un sistema político anquilosado desde toda la historia del país. Un sistema electoral enviciado cuando pudo haber adelantado varias cosas en esta patria irrisoria. Una sociedad desconocida para sí misma, aplastada bajo ignorancia y mitos, intolerante al mismo tiempo consigo misma hacen que con este sujeto tenga más razón que nunca la frase: un pueblo tiene los políticos que merece. Pero bueno traiciones aquí traiciones allá prefiero al sujeto dando lata a las huestes lopezobradoristas y chuchistas a que esos dos destruyan por sí mismos a la seudoizquierda mexicana. ¡Dale Juanito! ¡Con todo! ¡Juanito para presidente! A Calderón ni quien lo mueva, sus ojos miran para otro lado mientras el Nietismo lo cerca por todos lados. La violencia nos carcome y el descontento social no tiene la menor idea de cómo organizarse. En ese preámbulo los analistas oficiales de cualquier partido se rasgan las vestiduras no sólo advirtiéndo sino casi implorando el estallido social. Vivan los analistas del periodismo oficial, del salinismo Ebrardista, de las conciencias críticas como la de un servidor que se divierten en el amarillismo y la teatralidad. Y los viejos voceros callados esperando su turno. No hay izquierda que quiera echarse el toro de advertir la revolución en esas letras por el riesgo de ser tachado de insubordinado en medio del fascismo que late en el fondo de nuestro estado. Además, ¿quién va a defender al vocero de tales malas nada nuevas? Pero no nos hagamos los ingenuos, el descontento ahí está, sin organización alguna, sin proyectos nacionales, sin cohesión social de gran alcance en medio de odios étnicos, de clase, racismos estúpidos, estructuras culturales de identidades limitadas y marcadas por los valores más conservadores e impulsados inherentemente por sus contradicciones internas y las necesidades más elementales. Esta es la semilla de la rebelión: una guerra sin sentido contra un narcotráfico que es base elemental de la estructura narcopolítica del gobierno. Esa es la guerra civil que se dibuja bajo nuestras suelas. No es una revolución sino una guerra civil tan descontrolada y falta de sentido como la de hace cien años. A otro perro con el hueso de las luchas libertarias pero por favor que cierren el hocico los pacifistas clasemedieros, a este país nomás lo controlan los medios. Y Andres Manuel callado, silencioso, inmovilizado, paralizado por las circunstancias, por la cobardía. Ya no es capaz de manejar la situación. Si matan líderes políticos mejor no decir declaraciones apresuradas, esperemos meses, quizá años para decir una palabra. Pero he ahí la capacidad de organización de sociedades en el atraso, que son mantenidas en el atraso, y que al mismo tiempo gustan de mantenerse en el atraso. Atraso ¿respecto de qué? De la barbarie tomada por civilización de los pueblos desarrollados. Ahí un Honduras engañado por un capitalista de poca monta que sabe que hay que darle un empujón a su país y ante el cual ni siquiera el reluciente presidente de bronce americano se atreve a respaldar un poco. Por el contrario: la guerra es el desangrarse de las masas pobres e ignorantes para beneficio de los poderosos y parlanchines trajeados. Aunque de vez en cuando a uno que otro les toca que les corten la garganta. Más arriba vas menos sangre se derrama. Muy probablemente vale más la vida (al menos en dinero) de un accionista de Wall Street que la del dictadorzuelo Venezolano y el seudorevolucionario virrey del Alto Perú. Pongan las bases, desangren a América Latina: si siguen vivos demostrarán que lograron estar a la altura de sus tiempos, si no, no se preocupen. El pueblo se quitará una tiranía y la cambiará por otra, cambiará la manera en que le gusta ser fustigado y azotado. Los pueblos hasta el momento no saben vivir de otra manera. Creo en las guerras. Sirven para sobrevivir, para oprimir, para lacerar al otro. Siempre hemos sido así. La vida diaria es una guerra y la guerra se basa en el engaño tanto o más que en la fuerza. Trabajar en conjunto para traicionar a un tercero con el que combatimos a un cuarto, y luego matar al segundo. Por eso entre los imbéciles nada tiene por qué ser personal.
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