Anécdotas de sangre

Paseando en el metro tranquilamente mi mente se deleitaba en la lectura de un texto marxista. Un llamado a acabar con la injusticia y la desigualdad, también a luchar contra la vorágine autodestructiva del capitalismo. Es un texto de hace 20 años. Mientras, enfrente de mí, cuatro jovencillos inmigrados de alguna sierra regresan a lo que llamen su casa o su refugio después de un día de limosnear aquí y allá. Junto a mí, sentado en el suelo, un joven intenta perderse en la demasiado efímera fantasía de una estopa adentro de su puño. Más allá un sujeto se desnuda el torso para acostarse sobre unos vidrios mientras, oh gran proeza, silba. Después de él un joven trajeado saca un altavoz y habla acerca de la palabra de Dios, de la necesidad de la confianza y amor por Cristo para ser salvados y nos reparte amablemente unos volantes mientras su advertencia me suena tan amenazante como la de aquel que prefiere andar de fakir que andar robando a la gente.

Ayer contemplaba el fin del amor, o quizá tan sólo su otra cara. Véía como el amor se transforma y muta en una bestia voraz que nos hace llorar y morir de angustia cuando tenemos que sustituir el deseo de la piel desnuda y los perfumes nuevos para nuestra memoria por anhelos fijos y sueños de largo plazo. Como intermedios de la tragedia parejas núbiles y ancianas sentadas en las bancas de los parques besándose apaciblemente, buscando en los ojos del otro un descanso a sus ajetreadas almas urbanas.

El extraño fenómeno del último vagon del metro en estos tiempos. Ahí donde antaño era refugio de jóvenes que estaban o al menos se sentían marginados del sistema, donde los hombres se refugiaban en sus soledad cansada con sus ojos agresivos dormitantes mostrando su machismo aplacado después de un día de trabajo, donde las mujeres solitarias se dedicaban a recargarse en las puertas a pensar mirando a la lejanía que se extendía menos de un metro afuera del vagón, ahí en ese recóndito lugar de lo prohibido establecieron su patria y su voz los homosexuales, particularmente los hombres. Los que eran minoría en nueve segmentos de un transporte ahora han decidido ser ahí la mayoría… y yo me carcajeo. Las bandas se sienten expulsadas, los machos se sienten amenazados, algunas mujeres han decidido desparecer de ahí -me aventuro a pensar que se termina el espacio de abandono que les daba estar indefensas, hembrismo particular- y ellos ríen y se besan, algunos ligan o acosan, al fin de cuentas hechos mayoría demuestran ser otros simples y vulgares humanos.

Una mujer grita, está molesta, hace señas al aire, llama al policía de la estación. Un jóven bien vestido le dirige unas palabras con un gesto nervioso. El policía se acerca, la mujer le indica que el caballero la ha acosado, hace señas, al parecer le ha tocado las nalgas. Ella está enojada y a la vez nerviosa, saca su celular y hace una llamada. El policía le pide una explicación al hombre quien dice no haberle faltado el respeto a la señorita. El policía le habla a un agente del metro, el joven se pone nervioso. El policía regresa con la dama mientras el joven saca su celular para hacer una llamada mientras es cuestionado y custodiado por el agente. El policía les indica que pasarán al otro anden, el joven desesperado le ruega a la señorita: "es una equivocación" le dice. Toman las escaleras eléctricas. Se apartan de mi vista. Su destino está marcado.

Un amigo me decía "si quieres vieja tienes que tener dinero, eso es un hecho". Muchas veces pienso, con reservas, enojo y hasta con remordimientos: ¡cuánta razón tiene!

Hace días un hombre intentó ligarme. Solo, pasando los cuarentas, oliendo a mezcal, cariñoso, con un tono cubano o al menos costero, de tez clara quemada por los años y el alcohol. No se le hizo. Me halagó, me piropeó, fue muy atento. Le agradecí el halago y decliné amablemente la invitación. Yo tenía una sonrisa entre lo inesperado, lo chusco y lo "galante" de la situación. Cuando me despedí pensé largo rato. ¿Cómo solucionas el cariño que es una cuestión de deseos, de etiqueta, de morales? ¿Cómo reclamamos algunas veces el deseo y otras lo vemos con desagrado? ¿Cómo podemos pensar que hay algo de bueno en intentar amar a otra persona?

Mi amiga me dijo algo así como ¿para qué podemos querer las mujeres pagar por ver hombres desnudos bailar si es bien fácil conseguir uno que traiga ganas? Me reí. Quizá tiene razón. Quizá no. Ella sabe que su razonamiento es práctico y sin embargo incompleto. A la farsa del deseo se le suma la farsa de los roles de género, se multiplica por la del cariño y finalmente se exponencía por cero lo que es equivalente a ese uno que somos, solitarios desde que nacemos hasta que perecemos.

Hoy está poniéndose de moda entre las mujeres calificadas de hermosas ser o al menos confesarse bisexuales. Pero los hombres no pueden serlo. Que estupidez. Enarbolando banderas estúpidas de liberalidad o libertinaje sexual cuando casi todas corresponden a modelos de belleza clasemedieros supuestamente progresistas en estos campos. Solo es mercancía de cambio para el machismo internacional con capacidad de consumo. El cuerpo de los hombres debe seguir siendo sexualmente atrayente por eróticamente desagradable y primariamente heterosexual.

Un chavo se detiene junto a mí, su camiseta está roída y sucia, se notan sus huesos a través de la camiseta y su pelo esta sucio y trasquilado. Extiende la mano, en la punta del dedo lleva una calcomanía, me la pega en el pantalón. Un corazón que dice "Te quiero". Lo veo, no sé si darle una moneda. Se va a seguir repartiendo, no puedo dejar de verlo, el dolor y la impotencia se pelean en mi mente con mi falsa conmiseración y mi descargo de consciencia que están en darle una moneda que no lo sacará del hambre y menos de las calles. No puedo dejar de verlo, viene hacia mí, detecta mi mirada, piensa que lo voy a agredir, se abren las puertas y se baja. Me he quedado con este recuerdo. Un corazón que me salió gratis. Que ogete me siento.

Hay días que me levanto con ganas de satisfacer mi líbido a través de la vista. Hay días que sinceramente detesto pensar en mujeres. Hoy no es así. Veo damas de porte orgulloso y aparentemente desenfadado, con el gracioso porte de suponerse parte de una clase privilegiada en sus maneras juveniles y "libres". Me gusta por cómo se mueven sus redondeados glúteos y como anteponen el pecho. También se aprecian damas de pesado caminar, casi masculinas en su andar, retadoras de un mundo del que seguramente forman parte mis inquietos ojos. Me encantan sus brazos y el movimiento de sus piernas. Y también se deslizan mujeres despreocupadas y de tersa piel, sin la soberbia de las primeras ni la agresividad de las segundas. Introspectivas de cierta manera por sus preocupaciones aparentemente al margen de su entorno pero sin tanta enajenación. De éstas hay muchas, me gustan sus cuellos y sus hombros. Hay ejecutivas o sencillamente trajeadas y núbiles doncellas con el despertar de la sensualidad irradiando de su piel y su cabello. Y luego pienso que son personas que se quejan como yo, que se hastían como yo, que se desesperan como yo, que necesitan cosas como yo, después de unos momentos me dan náuseas y se me quitan las ganas de conocerlas.

Un día regresaba en bici y al rodear un micro contemplé una forma sin forma volando por el aire en una media parábola que fue a parar cerca de donde yo circularía. Se estrelló y salpicó de rojo hacia varios lados. Era sangre. A unos pasos dos hombres discutían. Uno era bastante gordo y jóven, rebasaba los 20 años y por igual los 120 kilos. Su rostro se encontraba completamente desfigurado a golpes. Otro lo detenía mientras insultaba a su agresor. Un hombre mayor, de cabello aún negro y chino que lo esperaba mientras lo desafiaba orgulloso. Era considerablemente menor en peso y en agilidad pero obviamente mucho mejor con los puños. Apenas y tenía amoratado un ojo. A pesar de su bravata el joven no se acercó y el viejo se fue alejando. De pronto me dí cuenta que formaba parte del coro de la obra, un coro emocional donde nadie hablaba pero con las miradas todos incitaban la furia de sus corazones y la violencia de los contendientes. El coro se desvaneció junto con el objeto de sus miradas, cada quien volviendo a sus actividades. Yo continué pedaleando y la mancha roja en el pavimento esperando a ser lavada por las gotas que empezaban a caer del cielo.

Y en cada cosa de éstas mi mente se ocupaba de ella. Nunca la deja, está aquí entre las palabras y está allá donde la recuerdo. Inocentemente esta mente le ordena a mis manos que saquen el celular. Las manos discuten con la cabeza qué palabras deben ser colocadas en el mensaje y en qué orden. Después de una acalorada polémica se logran enviar. El corazón no espera nada así que seguimos observando el diorama de una realidad que seguramente ha de ser mucho más caótica. Luego de un rato el celular vibra, la mano lo extrae de su escondrijo, es un mensaje, es ella, ya nada más importa puedo continuar en paz.

Atte. SicD

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Mi México de Ayer

 
De Chava Flores.
 
Una indita muy chula, tenía su anafre en la banqueta,
su comal negro y limpio, freía tamales en la manteca
y gorditas de masa, piloncillo y canela,
al salir de mi casa compraba un quinto para la escuela.

Por la tarde a las calles, sacaban mesas limpias, viejitas,
nos vendían sus natillas, arroz de leche en sus cazuelitas;
rica capirotada, tejocotes en miel y en la noche un atole
tan champurrado que ya no hay de el.

Estas cosas hermosas, por que yo así las ví,
ya no están en mi tierra, ya no están más aquí.
Hoy mi México es bello, como nunca lo fue,
pero cuando era niño tenía mi México
un no se qué…

Empedradas sus calles eran tranquilas, bellas y quietas
los pregones rasgaban el aire limpio, vendían cubetas,
tierra pa’las macetas, la melcocha, la miel,
chichicuilotes vivos, mezcal en penca y el aguamiel.

Al pasar los soldados salía la gente a mirar inquieta,
hasta el tren de mulitas se detenía oyendo la trompeta.
Las calandrias paraban, sólo el viejito fiel
que vendía azucarillos improvisaba el verso aquel:
"Azucarillos de a medio y de a real,
para los niños qui queran mercar…"

Estas cosas hermosas, por que yo así las ví,
ya no están en mi tierra, ya no están más aquí.
Hoy mi México es bello, como nunca lo fue,
pero cuando era niño tenía mi México
un no se qué…

 
Ésta fue la primera canción que me fascinó de Chava Flores, muchas me habían gustado y aún lo hacen pero ésta pieza me fascinó. Descubrí que Chava Flores me decía algo detrás del ritmo o de los chistes o de la música con ésta canción siendo yo aún muy pequeño. Tenía siete años cuando ésta canción me puso muy triste y aún lo hace, cada vez que la oigo desde entonces mi mente voltea hacia atrás, hacia la esquina del recuerdo y veo cuánto he y hemos cambiado juntos día con día desde que mi mala memoria puede revivir.
 
En el que se dice es el último concierto que grabó, él en propia voz menciona que se refiere a un México que ya no vamos a conocer de los años 20’s o antes. Ésto se los dice a un público que lo escuchó entre finales de los 70’s a mediados de los 80’s. ¿Qué nos diría hoy a nosotros que hemos visto mutar otros 20 o casi 30 años la ciudad? Creo que lo mismo. Quizá él pensó que nos daba un retrato, una pntura donde el tiempo se había congelado para que nosotros apreciáramos las cosas buenas, disfrutables, divertidas que tuvo ese tiempo… para mí él depósito en ésa canción, quizá sin saber, una serie de anécdotas y de sensaciones perennes: el ver y percibir al mundo cambiar a merced del tiempo sin que nada podamos hacer para recuperar esas cosas que tanto disfrutamos. Una sensación de nostalgia quizá parcial pues olvidamos por momentos lo malo que acompañaba a esas cosas viejas.
 
En aquél mismo concierto platica acerca de las panaderías de aquel entonces donde vendían panes gigantescos y sabrosos. Se queja incluso de los panes chiclosos y masudos de bimbo. No necesité oirlo pues ya había pensado eso antes gracias a su canción, mejor dicho lo había sentido. Cuando era niño recuerdo que los panes eran grandes, algunos se ríen, dicen que yo los veía grandes porque yo era pequeño. Les puedo asegurar que no, los panes eran más grandes y costaban 1000 pesos, después del "ajuste" un peso tan solo. Los bolillos eran largos y ligeramente tostados por debajo, crujientes. Hoy no son más que semiboludos y crudos o quemados y si vas a una tienda de autoservicio son aún más pequeños y malhechos. Sin embargo la prueba innegable de lo que les hablo son las viejas panaderías (que son seguramente esas mismas sobre las que se queja Don Chava) que estaban tapizadas en mosaiquitos rosas y que tenían el suelo salpicado de aserrín por las mañanas. Que tenían sus repisas color naranja con bordes de aluminio y grandes ventanales, y muchas de ellas caja aparte. Recuerdo que la mayoría de ellas y particularmente la de mi casa tenían a media tarde sus repisas repletas de pan de muchos tipos y las tinas para el bolillo y la telera estaban hasta el borde en todo su largo. Recuerdo que había colas de señoras a las 7 de la tarde comprando ladrillos, conchas, cuernos, semitas, orejas y muchos panes más para la cena. ¡Y estábamos en crisis! Hoy esas panaderías están cada vez más desiertas, tanto de panes como de personas, sus repisas jamás se llenan y por las tardes dura muy poco el rato en que hay una cola de tres personas en la caja. Ese tiempo, es tiempo muerto, ese tiempo con ese pan que me gustó tanto se ha perdido.
 
Esa canción tan hermosa me recuerda también las farmacias. Esas farmacias que pequeñas o grandes se encontraban repletas de anaqueles o vitrinas donde se vendían juguetes y relojes, chucherías y adornos al por mayor. Cuando pasabamos a la farmacia me quedaba absorto mirando los juguetes que se veían por millares debido a que las repisas o las paredes tenían espejos donde deslumbraban los colores de las baratijas chinas que vendían. Hasta radiecillos, juegos de té e incluso dos que tres artículos de papelería estaban por ahí perdidos. En esas farmacias existía todo un paraíso a la contemplación donde nunca te cansabas de mirar todas las curiosidades que tenían en existencia. Afuera dos o tres juegos mecánicos que siempre estaban encendidos o por lo menos varios, de esos para niños como de hasta cinco años: caballitos, trenecitos, carros, dragones, qué se yo. Y por ahí a la vista o semiescondidas dos o tres maquinitas o al menos una si la farmacia era muy chiquita. Eso ya va en decadencia con la crisis farmacéutica en el país (tanto de medicinas como de establecimientos). Esas farmacias han ido quebrando bajo el yogo de las farmacias de genéricos o de similares o de lo que sean. Muchas tratan de tener los juegos o las máquinas pero ya casi ninguna mantiene los aparadores y sus empleados rigurosamente vestidos de blanco igual que la pintura de las paredes las hacen lugares fríos y aburridos para los niños que esperan su consulta de diez pesos acompañados de su madre o de algún familiar.
 
Y muchas otras cosas recuerdo: los juguetes mexicanos en las tiendas, de marcas como lori o algún modelo de lodela. Recuerdo que aunque pocos aún había en todas partes aunque fuera un juguete de madera y abundaban las papelerías con su mostrador de juguetes. Recuerdo que varios días a la semana pasaba el señor de las nieves sonando su triángulo en las tardes soleadas y los carros de los camotes se oían venir a la lejanía desde que el sol se ocultaba. Claro que aun no mueren las nieves ni los camotes pero ya no son tan comunes e incluso como es bien sabido desaparecieron del centro de la ciudad junto con las señoras de las tlayudas y los puestos de tlacoyos, las gorditas de masa con canela y las de nata. Muchas cosas se han ido desde que era niño y muchas más se irán pues aún soy joven. A veces me pregunto ¿quién o qué se llevó todas estas cosas? A veces me da por pensar que fue la modernidad, el tlc y esas cosas que tanto cambiaron a este país con los años, los chinos y los gringos con todas sus cosas que trajeron no hoy, no ayer, pero que al fin lograron matar muchas cosas que aún no habían desaparecido. Otras veces creo que a muchos les dejó sencillamente de gustar comer camotes o tamales oaxaqueños y por eso esas cosas van muriendo. Las más de las veces pienso que muchas se las llevaron las crisis, los bolsillos se vaciaron y ahí se fueron dejando atrás los relojes chinos de farmacia por los relojes chinos de cualquier puesto callejero, el feite grande y esponjoso por el hueso hecho de lo que queda de la masa. Supongo que todas tuvieron que ver y ya en mi complicación mental hasta flojera me da buscar culpables totales o parciales, las cosas así fueron y éste es el México, qué digo México sino sólo Valle de México que me tocó vivir.
 
No son ustedes quienes para saberlo ni yo para contarlo pero pues ya entrados en gastos les digo que hasta las cosas medio malas las extraña uno. Cuando era niño las calles donde vivo no tenían pavimento y no pasaba ni la vigésima parte de los coches que pasan ahora. Las casas se inundaban con las lluvias y los lodazales eran intransitables. Sonará como un absurdo pero había una sensación de amplitud de la calle que se perdió cuando hicieron banquetas y trazaron líneas que dividían los carriles. Tampoco había muchas edificaciones de dos pisos tan siquiera, el cielo era más amplio y el sol daba más horas del día, de pronto la ciudad creció y todo fue quedando en la oscuridad hasta que se hizo chiquita chiquita la rendija para contemplar el cielo comparada con lo que alguna vez fue. Los bichos que me divertían fueron muriendo y eventos tan bellos como el vuelo de las hormigas rojas han ido desapareciendo. Había una época del año en que los pisos amanecían enrojecidos de la cantidad de reinas que llegaban planeando desde el cerro en las cercanías para encontrar un huevo donde poner su nido. Perros y gatos comían a sus anchas y el suelo cambiaba de color durante varios días haciéndolo verse vivo y radiante. Otras hormigas rojinegras eran comunes y de vez en cuando veías pasar algún águila o un halconcillo volando como un punto en el cielo. Cuando miraba hacia el cerro éste se veía claramente sin que lo obstaculizara casa alguna y refulgía de verde con sus árboles frondosos en época de lluvias. Una vez ardió toda la noche, un incendio atacó toda la ladera oriente y lo enegreció. La noche luchaba contra el fulgor de las llamas y el cielo tornábase más oscuro ante el humo del pastizal quemado. Hoy de nuevo es verde y brillante pero ya no tan frondoso y arbolado como recuerdo que alguna vez fue. Ese tipo de cosas ya no suceden. Muchas se han perdido, muchas ya son escasas, muchas ya no son como fueron. Muchas quizá vuelvan a ser pero no me tocará vivirlas sino como esa pizca de experiencia que la vida me permitió y que me hace valorarlas con tanto cariño.
 
Mi ciudad perdida, ciudad laguna, ciudad de hierro, ciudad de los palacios, ciudad de campamentos. Es para mí la urbe por excelencia. No encuentro en provincia lo que tengo aquí. Museos, conciertos, asaltos, marchas, industrias, calles interminables, paisajes, parques, edificios, tráfico, metro, periódicos, libros, cines, escuelas, trabajos, milpas, campamentos, multifamiliares. Para Chava Flores su ciudad narrada era de 500 mil habitantes. La ciudad en la que cantaba en esos momentos era de 15 millones. Mi ciudad es de 25 millones y ya no es para mí una ciudad sino, en el mejor de los casos, una mancha urbana tamaño tumor maligno. Mi ciudad no se llama Distrito Federal, Zona Conurbada, Área Metropolitana o cualquier nombre cagado que ingenieros civiles, analistas demográficos o que se yó le quieran dar. Para mí es una continuidad de hierro, pavimento y cemento con dos que tres áreas de tierra con árboles que se extiende por igual del Ajusco hasta Zumpango y desde Texcoco hasta la sierra de Cuajimalpa y más allá por el norte. Un mounstro que no se parece ya nada a lo que Salvador Flores vió. Con 6 líneas más del metro, con trenes suburbanos, con camiones y sin guajoloteros, con camiones y sin guajolojets aunque aun se parezcan. Con segundos pisos por doquier, menos ríos al aire libre y menos aún con agua. Microbuses y taxis al pormayor, ejércitos de viviendas homogeneas dispuestas por igual desde Ixtapaluca hasta Nicolás Romero, mansiones desde el Desierto de los Leones hasta dos que tres perdidas por Teotihuacán. Ese es el mounstro que para mí está más que bien representado en Mi México de Ayer.
 
De verdad hemos perdido muchas cosas. No creo que sea bueno porque eran cosas que disfrutaba, no creo que sea malo porque hay nuevas cosas que disfruto, pero entonces ya no sé qué son. El azaroso destino nos arrastra sin que podamos detener su caudal dejándonos tan sólo la impresión de que navegamos en el cauce sin dominarlo y otras de que tan sólo somos arrastrados sin que medie de manera alguna nuestra voluntad, por eso es que me llega tanto esta bonita canción cuando dice: "hoy mi México es bello, como nunca lo fue, pero cuando era niño tenía mi México un no sé qué".
 
At.SiDe
 
P.D. Ésta foto es de ese mi México que ya no está. No se ve muy bien pero ahí se encuentra la última prueba de todo aquello que ya fue.
 

Las enseñanzas de hoy

 
No quiero morirme sin haberte amado, mas no quiero amarte a costa de no poder ver tu sonrisa el día que yo muera.
 
Chava Flores y Rockdrigo Gonzáles: los cronistas de mi "ciudad perdida" (lRdEZ "dixit")
 
Rockdrigo Gonzáles y Bob Dylan: los líricos en el límite de todas las fronteras.
 
La diplomacia es la máxima hipocresía del poder.
 
Los que saben pensar no saben usar las manos y los que saben usar las manos les da por no pensar.
 
El problema de México no se restringe a la clase política pero es un lugar apropiado para empezar a cambiar las cosas (cambiando a la clase política claro).
 
No debería haber acción alguna cuyo actor omitiera la implicación social de sus actos, pero tampoco debe enajenarse permanentemente el individuo con la dimensión social de lo que hace.
 
La vida es una serie de acciones enajenantes que se contrarrestan unas a otras.
 
El mundo de mañana será hecho en base a lo que hoy deseamos y aún así miraremos al pasado que nos lastimó tanto y veremos el ayer bañado en oro.
 
Siempre nos emancipamos para convertirnos en los tiranos de otros.
 
Atte Sic.D

Vacuidad

 
Escribí una entrada echando loas al por mayor a mis venerados cronistas citadinos y trovadores: Chava Flores y Rockdrigo Gonzáles. La mierdera computadora se reinició y ahora ya no quiero escribir nada. En fin, les recomiendo a Chava Flores en voz propia o en la de Rubén Schwartzman. Les recomiendo que exploren todas sus facetas y no se queden con las canciones más conocidas. Igual caso con el venerado Profeta del Nopal. La vida se lo llevó muy pronto pero él y Don Chava tienen aún mucho que decirnos, tuvieron la facultad no solo de describir y narrar la ciudad sino de darle una identidad única en la cual más allá del tiempo todos podemos sentirnos identificados.
 
Se derrumbaron los sueños. Ahora sólo queda seguir caminando en la llanura, caminando en el desierto, caminar en los bosques hasta que crezcan nuevas ilusiones. Quizá mande todo al carajo, quizá no lo haga, quizá tan solo soy altanero, quizá tan sólo debería estar muerto. O quizá no se han derrumbado los sueños, tan sólo soy muy débil para tratar de volverlos realidades, prefiero escapar a nuevas tierras.
 
Ya está viento en popa ese blog ¡Cómo me gusta el nefesh con ruaj! espero que lo visiten y que comenten, a ver como me va… se tornará en mi único vínculo a un mundo que se queda en los sueños, pero espero que a ustedes les cause buena impresión y mejores ilusiones.
 
A Zelaya ya se le pudrió el pastel… lo extraño es que ni siquiera lo han sacado del horno. Y Calderas haciéndole a la mamada al recibirlo ¡cómo hay gente hipócrita!
 
Creo que debería empezar un webcómic.
 
¡Ya cuélgale carajo!
 
NilSic – del Mal
 
P.D. ¿Por qué ya no puedo escribir poemas?
 

Edito: me da hueva escribir una nueva entrada. Acerca de Abril

Abril es una época cruel
a pesar de que el sol pueda brillar
y se ve como el mundo entre las sombras se aleja lentamente.
Aún en abril la lluvia cae
y los valles se llenan de dolor
y no puedes decirme del todo por qué
cuando miro arriba el cielo es gris
donde debería ser azul.
El cielo es gris donde debería verte
pregunto por qué, por qué debería ser así,
lloraré, digo eso: no lo sé.

Quizá de vez en cuando olvidaré y sonreiré
pero entonces el sentimiento volverá de un abril sin fin
de un abril solitario como los que vienen.
En las oscuridad de mi mente puedo ver todo demasiado bien
pero no hay nada que hacer cuando solamente no puedo sentir el sol
y los momentos de primavera, la estación de la noche.
El cielo es gris donde debería ser azul.
El cielo es gris donde debería verte
pregunto por qué, por qué debería ser así,
lloraré, digo eso: no lo sé.
No lo sé.

Deep Purple

Ya basta de llorar
Mi vida linda
No te quiero ver sufrir
Con tristeza y dolor
En tus ojos puedo ver
La fe de tu vida
Es algo que yo te di
Mi destino de abril

Y el destino de abril
Se confieza en mi
Es justo recibir
Un destino igual

Soy la luz de tu hogar
Cuando llega la noche
Y siento tu dolor
Cuando no puedes mas
Yo doy de mi amor
Si te hace falta
Soy el viento en tu vivir
Mi destino de abril

El destino de abril
Se confieza en mi
Es justo recibir
Un destino igual

Con la paz y el amor
Te doy todo lo bueno
Es justo recibir
El destino de abril

En tus horas de sueno
Cuando el mundo esta quieto
Yo guardo tu honor
Y tu vida al igual
Y si algun dia te encuentro
En la eternidad
Los angeles cantaran
El destino de abril

El destino de abril
Se confieza en mi
Que es justo recibir
Un destino igual

Con la paz y el amor
Te doy todo lo bueno
Es justo recibir
El destino de abril
El destino de abril
Se confieza en mi
Es justo recibir un destino igual

The Green Car Motel

Radio Kaos, La Fuga, Silvo Rodríguez… mmmm noooo mejor Chavita Flores: Calendario de amor (¡no de OV estúpidos!)

Yo se que para Enero
tendré nuevo querer
Quizá para Febrero
para Marzo tal vez

Abril enamorado
y en Mayo frenesí
Y cuando llegue Junio
ya me olvidé de ti

En Julio habrá recuerdos
y en Agosto rencor
Y a fines de Septiembre
te daré la razón

Octubre será eterno
Noviembre de dolor
Y en Diciembe me muero
de nuevo por tu amor