Cioran y Davis

Cuando leí los Silogismos de la amargura encontré que hasta mi pensamiento más profundo ya había sido tomado por otro antes que yo, éste apenas era un pequeño retoño que asumaba la tierra cuando Emile Cioran yacía por fin moribundo. De Cioran tuve noticia cuando leí a Buba, un cómic que nunca tuvo mucha acogida pero que se ha vuelto de culto junto con su autor José Quintero. Junto con Cioran encontré a Schopenhauer el cual me fascina, pero tanto éste ultimo como Nietzsche me saturan en el punto donde justifican nuestra vanal existencia. En cambio el día que leí a Cioran vi la luz más obscura, mis palabras siembre silenciadas, mis pensamientos más queridos plasmados con tinta antes de que yo naciera. Por un lado fue el acabose, sentí ese día que nada quedaba por descubrir, por otro me sentía comprendido. A veces me da miedo, he leído la historia de Cioran y veo claramente alguien similar a mí (aunque esto suene pretensioso, no creo emular la calidad de su pensamiento asi que ¿cuál es el problema?), me pregunto si vale la pena continuar y profundizar más en este pensamiento que ha descubierto lo absurdo de todo. Tan es así que nunca he vuelto a leer otro libro de Cioran de corrido, en una sentada, ni siquiera de manera pausada. Sólo los abro y descubro una bella forma de pensar lo que mi mente ya había bocetado o incluso dibujado. Quise en algún momento por una extraña necesidad orgánica que la más honda tristeza tuviera una expresión plástica. Pero la tristeza es un sentimiento basado en intuiciones, toda expresión de ella rebaja su calidad emocional, la sensorialidad presente en profundizarla y obtener de ella experiencias racionales profundas. Así que me rendí bien pronto de querer expresarla, me río de los que creen que expresan su tristeza en cierta música, que crean símbolos y los defienden a ultranza. Oscuridad, miedo, desolación, tristeza… como si pudieran acaparar en una limitada expresión humana lo que todo humano siente, como si fueran expresión sublime de lo que todos tenemos el derecho y la obligación de sentir y de pensar en algún momento de nuestras vidas. No necesitas una estética o una música para ello. Todos somos sensibles a la porquería que creamos y de la que somos cómplices, sólo nos enajenamos para no comprometernos a cambiarla (lo que de todas maneras daría una porquería diferente pero al menos un poco más digerible para nuestros particulares intereses). Crear símbolos enajenantes sin un compromiso factual a cambiar el mundo es de esclavos (que también cambian al mundo pero no disfrutan el cambio ni son conscientes en la misma medida de él). La música popular (léase cumbia, salsa, guaracha, norteño, bolero, vallenato, duranguense, ranchera, etc., etc., etc.) es mil veces más depresiva hablando sus historias de realidad que miles de cantantes expresando idioteces sobre lo mal que se sienten o lo mal que hacen sentir a otros. Es el hecho que origina el sentimiento lo trascendente, no el sentimiento que va a originar otro hecho igual de lamentable que repetirá el círculo vicioso. Saludo a Cioran por ello, quizá mi sentimiento y mi razón en consecuencia se estén estancando, pero se estancan en un buen camino, no viciado con símbolos enajenantes y que no generará fanatismos exhuberantes (aunque ayudaré a muchos a llevar a cabo los propios, espero).

P.D. no quedaron muy chidos, pero el buen Miles me causa una confusión muy extensa y agradable que trae pensamientos de aquí y de allá sin orden ni concierto.

Sentado en el aparador
estaba en venta mi alma azul
cristalinos ojos
de nostalgia ignorante
con los que vi pasar
la cascada caminante
en turbulenta avenida
desde mi tibio rincón
de vez en cuando el maniquí
de temerosa conciencia
estiró la mano
como líquido cedió el cristal
y sintió la lluvia
en el motor de tu vuelo
en la textura moribunda
del puerto de tu anhelo
soy maniquí maravillado
de ver risas que estallan
una tras otra son abrazos
para perder la soledad un rato
pero los maniquíes no sonríen
tienen alegrías macabras
falsas y fingidas
sólo te ven desde el mostrador
te presentan su mejor rostro
pero anhelan comerte a besos
y extraerte la lógica presencia
chuparte toda tu sentida impotencia
el miedo los mantiene a salvo
así estoy yo
anclado a buen puerto de tus brazos.

Calavera de cera
mira desde tu tumba de fuego
derrite tu pusilánime recuerdo
en la hoguera de los enfermos
Ella deliraba
la besé en el último suspiro
la dejé ir no la quería
la amaba así bien fría
Arrastro tu sangre
en todas las aceras
las pintaré de rojo
para recordar tus labios


Azul en verde
a veces no entiendo el sentimiento
vacío y a la vez lleno
como mi copa, como mis venas.
Azul en verde
las distancias fenecen
cuando las lágrimas se lloran secas
recordando ritmos que no entiendes
Azul en verde
te quiero a mi lado
bailar hasta el amanecer
juntos tan solo balancearnos
Azul en verde
los crímenes son grises
los discursos también
sólo el sabor de tu boca
pintaría todo de azul y verde
colores de futuro incierto
matices de una sola noche
quiero llorar tiernamente
asi mi corazón será azul en verde.

ATTE. NIHILREMED
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Una respuesta a “Cioran y Davis

  1. Alguien podría aducir que ¿qué diferencia existe entre tu queja hacia los cantantes y la expresión de Cioran? obviamente lean a Cioran para percibir tan notable diferencia, no es la expresión pulsional de la pulsión misma (sic), no es el dejarse llevar por el sentimiento irracional sino lo contrario: racionalizar el sentimiento sin que devalúes el sentimiento mismo.

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