Yo y el zurdo que nunca seré

Para nadie de los que me conocen es un secreto que soy un izquierdista declarado, independientemente de la ambigüedad del término. Mi "izquierdismo" surge de mi incoformidad con la situación social imperante de la cual yo mismo he sido víctima al ser incapaz de tener acceso a ciertos bienes necesarios o satisfactores por cuestiones de índole predominantemente económico. Por ello, y viendo a su vez que muchos padecían de un número similar o mayor de carencias y de los sufrimientos o problemas que de ello se generaban empecé a tener una conciencia crítica hacia el sistema y a buscar llamar la atención sobre lo que ocurría en el mundo. Sin duda eso no hubiera sido posible sin un entorno adecuado que me permitiera forjar una crítica un tanto sólida y fundamentada, un marco social y familiar que me encaminara a hacer de la crítica una herramienta que debe estar hecha de sólidos argumentos.

Sin ahondar en el asunto con demasiada animosidad, crecí con valores esenciales a los tiempos en que vivimos, valores que permiten justificar y planear mi comportamiento social con al menos un objetivo claro: seguir viviendo día a día. Esos valores trastocan en cierto momento ese aparente deseo original y lo complejizan dotándole de un nuevo significado que enriquece el disfrute del evento biológico a través de los complicados mecanismo psicológicos y sociales-culturales que me han dado la capacidad de responder de miles de formas a los miles de problemas que me plantea el ser un porganismo complejo con mecanismo mentales complejos inmerso en una sociedad y en una cultura igualmente complejas. Así, algunos de esos valores fueron la libertad, la igualdad, la legalidad, la dignidad, el respeto, la tolerancia, la vida (como algo complejo no meramente biológico), etc. Para responder a estos valores se me educó que había una serie de normas morales y legales que debíamos seguir para poder vivir de acuerdo a esos ideales: normas de conducta, leyes religiosas, leyes del estado, derechos y obligaciones me fueron enseñados en esa materia de civismo que los nuevos gobiernos han tratado de desaparecer y que por un momento lo lograron.

Y ¿qué aprendí de ello? Que la humanidad tenía esas reglas para convivir mejor, para poder vivir mejor, para disfrutar de la vida… que en el fondo todo se reducía al placer y al dolor con que interactúas con tu entorno y que desde los valores hasta las leyes estaban creados para que todos (curioso el imposible) o la mayoría pudieramos acceder a ese placer o al menos a un bienestar. Pero conforme crecí seguí sin ver eso. Vi a la gente que quería esclavizada por su trabajo, por su familia, por las deudas, por las ambiciones, por sus parejas, por su soledad, por todo al fin de cuentas, vi que podía ser uno esclavizado y entonces me pregunté: ¿qué es lo que nos vuelve esclavos? Vi en un principio que todos temen en este país al hambre, a la perdida de su patrimonio y a no poder tener acceso a los satisfactores de moda. Me pregunté entonces ¿Por qué hay hambre?, ¿por qué la gente pierde sus cosas o por qué no puede conseguir las que desea? y finalmente ¿en base a qué deseamos las cosas?. No les daré una catedra, sin duda ni yo lo entiendo aún, y es algo que no terminariamos de explicar en sus detalles en años de seguir con esto así que resumiré lo que me interesa: mi experiencia vivencial.

Con los años he aprendido sobre los instrumentos de poder, sobre las pasiones humanas, sobre las estructuras sociales y económicas, sobre los paradigmas y estructuras culturales, sobre la conceptualidad sobre la que descansan todas esas construcciones; esos conceptos han cambiado una y otra vez, se han reorganizado en mi mente pero hay un punto que no ha abandonado mi cabeza al menos hasta ahorita: una de las cosas que queremos es sentirnos bien. Cualificar de bien algo, darle ese valor positivo es experimentar en ese particular punto una sensación agradable o al menos no molesta, no tiene que ser ni siquiera un placer embriagante y desmedido, es tranquilidad que tiende hacia el goce de existir. No descarto que existe en nosotros la noción contraria, es más sostengo que porque existe la una también reside en nosotros la otra pero para efectos de la lucha social e individual la base es que todos buscamos sentirnos bien y por ello, un interés que puede coexistir en varios individuos es un interés social, un interés social es algo por lo que debemos luchar como individuos organizados en grupo.

Independientemente de las significaciones complejas que siempre hay que revisar, la razón por la que soy un izquierdista es porque quiero sentirme bien, quiero encontrar como me puedo sentir bien y a su vez quiero que los demás se sientan bien, a los que quiero directamente y a todos por extensión empática. He visto que aquellos identificados con los demás seres humanos incluso vivos, buscan estos valores con más ansias y energía que aquellos que ponen límites infranqueables a sus semejantes por satisfacer los placeres propios o que en determinado momento brincan la barrera de llenar la necesidad y pasan a la de satisfacer la desmedida ambición característica de nuestra especie.

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Una respuesta a “Yo y el zurdo que nunca seré

  1. ¿Ya por fin te diste cuenta que la única forma de tener orden es en la anarquía total? Todo tiende al equilibrio al final…

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