Fatalidad, espejismos y realidad

 
La razón es un habito corrupto, es un mito basado en el instinto. El sentimiento es el lastre del mundo, la justificación de la represión del espíritu. Pero sé que en algún lado existen y tienen un carácter natural, una personalidad única y especial que puede ser liberada en su ámbito más bello y puro.
 
El callejón no tiene retorno, el caos está al abrir los ojos cuando el gallo canta aunque a muchos nos alcanza en el valle de los sueños. De todos modos no es sino al permitir que entre la verdad única por cada parte de nuestro ser, esa interpretación inmediata de la realidad cuando nos contaminamos, cuando inicia la pesadilla más exorbitante, la de negarnos para cerrar el pensamiento y no ver lo crueles que somos, lo poderosos que somos, lo absolutos y omnipresentes que somos y que por omisión, por irresponsabilidad somos incapaces de controlar. Así somos y existimos, sin instinto y sin razón. Guiados por la más maléfica de las falacias: la que se atreve a justificar que existen errores "humanos".
 
Por ello vivimos mal, existimos mal. Hemos creado el mundo de nuestros ojos hacia dentro, un mundo en el que no existimos, en el que somos un dios tan grandioso que no es responsable de lo que hace. Amamos para lastimar, y decidimos para oprimir; enjuiciamos para castigar y poseemos para olvidar.
 
La muerte es un espectro sombrío en algún cerro, queriendo acechar a su victima pero lo que nadie ha visto es que por fin tiene lágrimas este ente destructivo. Por que destruye pero no lastima y nunca hasta ahora, había visto tanto dolor de parte en esa vida que le regalaba tanto, que le obsequiaba con tanto. Tan solo había que tomarlo, acogerlo en el no existir, en el no ser. Ahora hay que soportar de cara a que la vida sufra mientras se entrega, en ese estado que ni se abandona ni se resiste sino que entra en un estado comatoso y se complace en el dolor.
 
Así es la existencia del humano, no hay ningun comparativo ni en el hombre mismo que sea capaz de evaluar lo caotica y falaz que es su existencia, sin ser y sin vida. La muerte nos desprecia y la vida también. No somos dignos de cualquiera de sus dones ni sus retos por eso huimos de ellos. Por ello se nos ha dado la capacidad de destruirnos en cada beso y cada bala para creer que poseemos la naturaleza propia que nos esforzamos en perder.
 
Realmente el filtro de lo real anteriormente expuesto es otra falacia de la verdad no existente. Así que es otro trozo de interpretatividad. Lo que hagas de la vida creará y destruirá, causando placer y pena quieras o no. Si aborreces el placer eres un inconciente hipócrita, si aborreces el dolor eres un idiota intolerante. Si los amas a uno o ambos no te engañes, es tan solo pura vanidad.
 
Que mi fatalismo no te engañe. Cada cariciaen la piel, cada recuerdo agradable existe por si y para ti. Eso no se borra solo se interpreta y como está en tu mente no fue real pero ahora lo es. Has de tu vida lo que te plazca para eso es. Mi condena (¿y quién demonios soy yo para decir esto?) es porque haces lo que quieres de la vida de los demás y lo que quieres hacer no es lo que desearías hacer y tampoco lo que deberías hacer. Para mayor problema ni siquiera es lo que terminarás haciendo. Así de inútil es tu vida hacia lo externo: tan solo una inversión parcial y una ganancia incompleta, un proyecto fatal, un negocio que no debería de serlo.
 
Sal a vivir para que mueras rápido. El método te lo dejo a tu elección. Hay quien muere amando, hay quien muere trabajando y hay quien muere de cirrosis y muchas otras cosas. Por lo menos ese lapso sin sentido en la vida pero cayendo hacia la muerte tenga algun significado después de haberte consumido unos meses o unos cuantos años.
 
SicariusD3VX
 
 

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un instante y ya

La colilla cae en camara lenta jalada por una gravedad inclemente.
Al fondo borrosos y desembocados los amos del caos hacen su trabajo.
Un niño inicia un vuelo en sentido contrario al de la colilla, mientras una camioneta rechina sus llantas y el copiloto de esta se convierte en sirena de un mar de silice cuya ola rompe mientras se proyecta hacia adelante.
Sin darse cuenta de nada, la lágrima manchada de rimel escurre por la mejilla de una mujer abandonada en si misma y sentada en la banqueta.
La lágrima, el pasajero, el niño y mi colilla se encuentran ahora en una frenética carrera por el fin, carrera eterna que se prolonga solo un instante cuando mi colilla cae primero, lo demás no importa.
Ahora toma rumbo la cotidianeidad. El sol se ha llevado al niño y la lágrima aunque el charco de sangre prevalezca.
El pasajero y este trozo de cáncer permanecen tirados en espera de alguien más.
Y ahi empieza mi instante, donde ojeo al mundo, donde veo mis pies, donde todo termina pero el momento aun no concluye en el fondo de los ojos espesos de ex-pasajero cuyo color oscila entre el blanco el rojo y el negro… y estiro mi mano con una palma en forma de esperanza que se abre despacio y toma la colilla entre el índice y el pulgar pues aun no se apaga.
El caos termina, hay que volver a casa.